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el ritual fúnebre del Batuque

Umbanda Orixá · Doctrina y fundamento

Erosun: el ritual fúnebre del Batuque

El «sueño calmo»: cómo el Batuque despide a los suyos, desliga el axé y acompaña al egun de vuelta a los pies de su Orixá
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · estudio de fundamento fúnebre · leer con respeto
Regla de oro · léase antes que nada

En todos los casos, y sin excepción, es imprescindible jogar búzios antes de hacer nada, para determinar puntualmente los pasos a seguir. Esta entrada es documentación cultural, no un instructivo: describe, no enseña. El rito fúnebre solo lo conduce un sacerdote con la autoridad y el fundamento para hacerlo, y las rezas de egun no se transcriben ni se enseñan aquí, porque pertenecen a quienes deben cantarlas. Este blog visibiliza; no reemplaza jamás la palabra de su Pai o Mãe de Santo.

Ficha del rito · según la tradición documentada del Batuque
Nombre
Erosun / Aressun (en el Candomblé, axêxê)
Significado
«Sueño calmo»
Tiempos
6 a 7 días; Despacho del Erú a los 3 o 7 días; misa al año
Color de luto
Blanco
Regla de oro
Jogar búzios antes de todo
Quién lo conduce
Sacerdote con sento de Igbalé y tamborero que sepa las rezas de egun
Cada Nación y cada casa conserva variantes propias de este rito, a veces muy grandes. Todas son legítimas; el oráculo manda en cada caso.

1 · Nota del autor: de dónde sale este material y cómo leerlo

De todos los temas de nuestra religión, ninguno pide tanto cuidado como este. Estudiar la muerte, la posmuerte y los muertos en el Batuque no es tarea sencilla, por tres razones que la propia literatura señala: por el peligro que se atribuye a los espíritus de los muertos —a los que se nombra apenas como «ellos», «los que ya se fueron»—; porque pocas personas conocen de verdad estos rituales; y porque, ante ese peligro, todo recaudo es poco al observar cada detalle, que son infinitos y llenos de sentido.

Quiero ser transparente sobre el origen de lo que sigue, porque en esto la honestidad también es fundamento. La descripción del rito que aquí se ordena fue recopilada tras los rituales fúnebres de la fallecida Mãe Inés de Oxalá, y se apoya, punto por punto, en la obra de quienes documentaron seriamente esta materia: el antropólogo Norton Figueiredo Corrêa, el Babalorixá Milton Acosta Òséfúnmi —cuyas palabras cito textualmente donde corresponde— y Ricardo Moreira de Oliveira, más los conceptos de Ifá sobre el luto que cierran el estudio. Yo lo reordeno para que se entienda, pero nada invento.

Y repito la advertencia mayor, porque en este tema nunca sobra: esto es documentación cultural, no un recetario. No escribo para enseñar a hacer un rito fúnebre —eso no se aprende leyendo—, sino para visibilizar, con respeto, cómo un pueblo despide a los suyos. Es imprescindible jogar búzios antes de cualquier paso; el rito lo conduce siempre un sacerdote con sento de Igbalé; las rezas de egun no se transcriben ni se enseñan. Como en toda la serie: lo que se muestra es el camino a cielo abierto; el fundamento queda en el cuarto de santo. Y como siempre, escribo desde la Nación Nagô-Jeje: en otras casas y naciones muchos detalles cambian —a veces poco, a veces mucho—, y ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Qué es el Erosun: la muerte en el Batuque

El Batuque es una religión que glorifica la vida, y por eso hablar de la muerte le resulta casi imposible —aunque la contenga como parte de su existencia—. Esa incomodidad tiene su gramática: no se dice «morir», sino «subir» o «comprar pasaje»; no se nombra a un muerto sin anteponerle «finado» o «fallecido», para que no crea que está siendo llamado. El culto a los ancestros tiene su lugar propio —el Balé o Igbàle—, pero sus ceremonias son de tanto en tanto, y reservadas a los más allegados a la casa.

La clave para entender el rito fúnebre la da Corrêa con una fórmula exacta: es un «anti-ritual» respecto del de los Orixás. Donde el toque de Orixá es fiesta, color y orden, el rito de egun es su reverso: el tambor suena con el parche flojo y a desgano, apoyado en el piso; no se respeta el orden de los Orixás en la rueda; se rompe en vez de construir; se danza al revés. Todo se invierte, porque se está del otro lado de la vida.

«En una religión concebida como un todo que glorifica la vida, hablar de muerte es casi imposible... todo recaudo es poco en la observación de los rituales para los égún, fuerzas a las que casi se les respeta más —o de otro modo— que a los orisha.»
— Norton F. Corrêa, O Batuque do Rio Grande do Sul

El Babalorixá Milton Acosta agrega la lógica del parentesco ritual: cada jefe de culto guarda en su casa no solo sus objetos, sino también los axé de sus hijos espirituales que aún no pueden alojarlos; y cuando fallece un jefe de casa, los ritos —el desligamiento o neutralización de las obligaciones— los efectúa quien aprontó esos axé, o el padrino o madrina, o, en último caso, otro sacerdote con la autoridad y el conocimiento necesarios. Ricardo Moreira de Oliveira, por su parte, recuerda el marco histórico: el Batuque nació en el sur del Brasil entre 1833 y 1859, cerca de los puertos de Rio Grande y Pelotas, y —a diferencia del Candomblé— nunca rapó la cabeza de los iniciados ni vistió al santo; sus ritos, incluidos los fúnebres, llevan la marca de la tierra gaúcha que lo recibió.

3 · La cosmovisión: el viaje, el Aiyê y el Orun

Para entender por qué se hace lo que se hace, hay que conocer primero adónde se cree que va el que parte. En la concepción yoruba que el Batuque heredó, no se «muere»: se está viajando. La mejor cosa es estar vivo —tener salud, hijos, sustento y llegar a una muerte madura, por encima de los setenta años—, y solo se reencarna si se tuvo una vida digna, de esas que se recuerdan por sus buenos actos durante el paso por el Aiyê (la tierra).

El itinerario del espíritu tiene un calendario preciso. Durante los seis días siguientes a la muerte se realizan los rituales mortuorios —esos seis días son, justamente, el Erosun, «el sueño calmo»—: el espíritu descansa, duerme. Al séptimo día es llevado ante los Orixás, en el Orun Isalù —uno de los nueve espacios sagrados del Orun, el plano espiritual—, para ser juzgado por sus actos. Recién después de ese juicio y de los ritos, el sacerdote consulta a Ifá para saber qué camino recorrerá ese espíritu, según la decisión de los Orixás.

4 · El destino del espíritu: Egún, Omoluabi y los Ajogun

Las alternativas que la tradición reconoce para el espíritu, tras el juicio del séptimo día, son pocas y claras:

Egún

Si reúne los requisitos que lo caracterizan, reposará junto a sus ancestros, en felicidad absoluta.

Omoluabi — «espíritu bondadoso»

El iniciado de conducta digna, que observó las leyes de Ifá durante su vida, amado y respetado por su pueblo, reposará junto a los Egun y sus ancestros, en paz. Un sacerdote que cumplió todas esas exigencias, siendo un gran hombre o una gran mujer, vivirá entre los ancestros como omoluabi.

Ajogun — los espíritus condenados a vagar

Si los Orixás juzgan que no es merecedor —por transgresor sistemático de las normas, injusto o irrespetuoso—, no vivirá junto a sus ancestrales: pasará a existir como Ajogun, espíritu ligado al Aiyê, separado de los Egun dignos, condenado a vagar por la tierra sin poder regresar por el Atunwá (la reencarnación).

La tradición los cuenta en número de siete; el material que sigo nombra a seis: Ewon (egoísmo), Olo (avaricia), Ofun (abandono), Epe (odio), Arun (dolencia, peste) y Egba (inactividad, soledad). Conviene una salvedad de la propia fuente: este es un concepto estrictamente terrestre —es el ser humano el único que juzga el bien y el mal en el plano físico—, y en la cosmología yoruba la mejor cosa sigue siendo estar vivo. Cuando el Ajogun aparece en búzios, se despacha ese espíritu como mandan los preceptos.

5 · Naná, señora de la vida, la muerte y los espíritus

En los siete días del Erosun aparecen las Nanás. Naná Buruqué es la dueña del barro —de donde todos venimos y adonde todos volvemos, despachados en el cementerio—: la señora de la vida, de la muerte y de los espíritus. Se muere de muchas formas, dice la tradición, y al morir se puede perder una parte del cuerpo o quedar deforme; es Naná Buruqué quien junta las partes y repara el daño, recogiendo las piezas.

El relato conserva tres rostros de esta señora: Naná Anarauim, que siempre corre —pasa y no se detiene—; y Naná Anansuré, que pasa, se detiene y mira: ve el cuerpo, lo lleva a un lugar en la playa, las piedras, el monte o la orilla del mar o del río, y queda esperando lo que la ley manda. Si en ese tiempo los rituales y ofrendas se hicieron correctamente, ella junta los pedazos, reconstruye y lleva al egun cerca de su Orixá de cabeza. A cada ritual realizado, el egun se aproxima más a él.

«Porque el final de todos aquellos que son de religión es a los pies de su Orixá.»
— Enseñanza recogida en el estudio del luto
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6 · El orden del ritual, paso a paso

Contexto de esta descripción: los pasos que siguen corresponden al fallecimiento de un pai o mãe de santo con casa abierta y sin herencia. Los asistentes concurren vestidos de blanco, con la cabeza cubierta y calzados, y participan solo los aprontados en cuatro pie. Y una vez más: antes de todo, se joga búzios.
Mapa del rito · los 9 pasos en orden
  1. Despachar los Bará (Lodê/Ogun Avagã y Bará de pejí)
  2. Arriar los Orixás del fallecido junto con su borí
  3. Preparar el cuerpo para el velorio
  4. Misa de cuerpo presente
  5. Entierro
  6. Despacho del Erú (ecós de ingreso · mesa de Egun · inmolación · comida ritual · mesa de café · sacos · destrucción)
  7. Limpiezas a los participantes
  8. Despacho final
  9. Fin de los rituales
Paso 1

Despachar los Bará

Notificado el fallecimiento, lo primero es el despacho de los Bará. Bará Lodê y Ogun Avagã se llevan enteros al monte, sobre una cama de maíz entero hervido, y se inmolan tres gallos rojos; se cubre todo con plumas y las aves quedan enteras junto a los Orixás. Luego se retira el Bará de pejí y se lo lleva a la playa, con un ritual idéntico.

«Las quartinhas se quiebran totalmente, así como el recipiente donde reposaba el ocutá... Antes de quebrarlas se envuelven en un paño rojo (color de Bará) y por sobre éste uno blanco, color de luto. Esos paños se pasan por el cuerpo de quien efectúa el despacho, rompiéndolos luego como señal de disgregación... Despachar a los Bará en primer término simboliza la necesidad de abrir los caminos de quien partió.»
— Babalorixá Milton Acosta, Contribución al Estudio del Batuque
Paso 2

Arriar los Orixás del fallecido con su borí

Todos los asentamientos de Orixá del fallecido —salvo Bará, ya despachado— se apoyan en el piso del pejí. Las cuartinhas se vacían, el agua se despacha en la calle, y se acuestan o se colocan boca abajo. Todo se cubre con un paño blanco. El borí y su cuartinha se envuelven en el paño de cabeza y se quiebran golpeando contra el piso tres veces.

Paso 3

Preparar el cuerpo para el velorio

El cuerpo recibe una preparación especial: se lava con agua sola, y la cabeza con agua de mar, para desligarla simbólicamente del axé de su Orixá tutelar y devolverla a un estado neutro. Hay líneas y naciones que además quiebran el cuello, para terminar de desligar la consciencia del plano material; pero si el difunto va a quedar morando en Igbalé, no se quiebra. Se lo viste con su traje de batuque rasgado por la espalda, con su guía imperial cortada por detrás, y se coloca bajo la cabeza el paño con el borí y la cuartinha ya quebrados.

Paso 4

Misa de cuerpo presente

Se realiza cuando el velorio ocurre en el ilé del fallecido. El ataúd se dispone sobre sillas o mesas de cuatro patas (o sobre los pilares del servicio velatorio), y debajo se colocan dos ecó: uno de agua, ceniza y dendê, y otro de omieró. Es imprescindible un sacerdote con sento de Igbalé y un tamborero que sepa conducir el rito y cantar las rezas de egun —rezas que no deberían tocarse ni enseñarse, salvo a quien vaya a desempeñar esa función—.

Los toques se hacen con el parche flojo y a desgano, el tambor en el piso, sin actitud festiva. Se forma la rueda de prontos sin respetar el orden de Orixá y se danza en sentido horario, o antihorario dando dos pasos hacia adelante y dos hacia atrás. Cada participante lleva un trozo de tela blanca que agita en vaivén, a modo de despedida. Si un Orixá ocupa a su hijo, no se lo quiebra: se lo despacha entero sobre un poco de agua, cubierto con un alá, y no queda en estado de axero. Se puede pasar la noche o volver a la mañana siguiente; quien no vaya al entierro deja la tela en el ilé, y quien vaya se la lleva.

Paso 5

Entierro

Tras la última rueda de danza se despachan primero los ecó que estaban bajo el féretro. Precedidos por el sacerdote y el tamborero, los familiares sanguíneos cargan el ataúd hasta el coche; si no están, lo cargan familiares religiosos varones —la tradición del Igbalé reserva ciertas funciones a los hombres—. Se avanza balanceando el cajón al compás del tambor, y detrás va la asistencia agitando la tela blanca. En el cementerio se guarda el mismo orden.

Al cementerio puede asistir todo el que desee despedirse —religioso o no—; se entrega tela blanca a quien no la tenga y la acepte, y quienes no vayan a participar del Despacho del Erú la devuelven al finalizar. Puede haber un responso católico en la capilla: no es obligatorio ni está prohibido, por respeto a la fe de los allegados. Depositado el ataúd, cada asistente arroja un puñado de tierra entonando la reza del Orixá del fallecido, y flores.

De regreso al ilé, los concurrentes son burrifados con ecó de agua, ceniza y dendé. Ya en casa, cada cual puede lavar suelas, manos y rostro con ecó (ceniza, agua y dendé) y con omieró por separado, burrifarse con agua corriente, y remojar la ropa usada antes de lavarla normalmente.

Paso 6

Despacho del Erú

A los 3 o 7 días del entierro se despachan todas las pertenencias rituales del finado —asentamientos, cuchillos rituales, ropas, guias—. Debería extenderse por unas 24 horas, con el tambor de parche flojo, las rezas de egun y la danza ya descripta; se puede beber café y gaseosa durante la noche, guardando silencio y respeto cuando no se danza. Consta de varias instancias, en este orden:

a) Ecós de ingreso, para el desligamiento. Se preparan según la cantidad de personas: carbón rallado, ceniza, ladrillo rallado y pemba blanca rallada —«símbolo de la tierra oscura y fértil, y de la claridad de la luz eterna», dice el Baba Milton Acosta—; dos palillos por persona (uno al vivo, otro al muerto); omieró con dendé y elementos (café, yerba); jabón de coco y toalla. Se frotan las manos con los elementos secos, se quiebran los dos palillos nombrando al fallecido y se tiran al omieró, y se lavan manos y rostro. Desde ese momento nadie sale del ilé hasta el final, salvo para ir a despachar.
b) Armado de la mesa de Egun. Un mantel blanco frente al cuarto de Orixá cerrado, donde se apoyan: los Orixás de Ogun a Oxalá con sus frentes semicocinados, desprolijos, en bandejas descartables; los cuchillos rituales y las cuartinhas boca abajo; las comidas de Egun (café, puchero, pan con manteca, y el primer plato de arroz con pollo); las comidas dulces y saladas que preferían el difunto y sus ancestros; bebidas con y sin alcohol; cigarrillos, fósforos y cenicero; flores y vela blanca.
c) Inmolación de animales. Lo que se haga es resultado del jogo de búzios. Milton de Xangô lo resume: cuanto más alto el grado de iniciación del difunto, más costosa la despedida; a diferencia de los ritos de vida, aquí no importa el color, sino que haya suficientes para aplacar al egun. (Documentación cultural: se describe, no se instruye.)
d) Comida ritual. El arroz con pollo —plato que solo se consume en el rito fúnebre— se come de pie, en el salón, en silencio; el primer plato se presenta en la mesa de Egun y luego se sirve a los participantes.
e) Mesa de café. A la izquierda de la entrada, armada en sentido horario: mantel, nueve tazas con platos y cucharas, servilletas, café, leche, azúcar, y los dulces que se retiran de la mesa de Egun (contemplando los gustos del difunto). En la cabecera, una silla con la ropa ritual del finado, a quien se sirve primero y siempre por la derecha. Se ubican grupos de ocho personas, cuatro por lado, que comen y beben con una mano mientras la otra reposa en la mesa; los ocho lugares nunca quedan vacíos —el relevo es simultáneo—. No se come por placer, sino para cumplimentar al fallecido que preside; los que se retiran lo hacen hacia atrás, sin dar la espalda. (Debería repetirse al año, con la misa conmemorativa.)
f) Armado de los sacos. Tres sacos grandes de tela blanca. El de dendé: fondo de hojas de tártago, maíz torrado y pipoca, y luego frentes, comidas y mantel roto de la mesa de Egun, los Orixás, cuartinhas, cuchillos y botellas rotas, más el arroz con pollo sobrante. El de miel: fondo de tártago y maíz blanco hervido, y luego frentes, los dulces de la mesa de Egun y de la mesa de café, los Orixás y cuartinhas. El de varios: lo que no se cocinó ni se sirvió y todo paquete abierto. No debe quedar nada comestible abierto.
g) Destrucción de pertenencias. Con ramas de árbol de oró o palos se golpean los sacos para romper lo de adentro, mientras suena el tambor y se cantan las rezas de Egun, por orden jerárquico: pai o mãe de santo del fallecido (si lo tuviera), hermanos, hijos, nietos. Los trozos de tela usados a lo largo del rito se colocan en el saco del elemento del Orixá de cada persona, y se tapa con flores. Los sacos se despachan en el río.
Paso 7

Limpiezas a los participantes

De regreso del río, todos se pasan las limpiezas: los elementos de Orixás de dendé (Bará, Ogun, Oyá, Xapaná; varas de membrillo, vela roja, gallo) y los elementos de Orixás de miel (mazamorra amarilla y blanca, vela blanca, gallina). Para terminar, se burrifa a cada uno en la puerta con agua corriente.

Paso 8

Despacho final

Hay dos maneras, según cómo se hayan ordenado los tiempos: si las limpiezas se pasaron tras el ritual de los sacos, se despacha todo junto (Erú, ecós de entrada y limpiezas); si se despachó primero el Erú, al regreso del río se limpian las personas y se vuelve al río para despacharlas, junto con los ecó de entrada y el omieró.

Paso 9

Fin de los rituales

Despachado todo, y con el ilé vacío de pertenencias rituales, se suelta un casal de palomas en la puerta de calle —el gesto luminoso que cierra el rito—. Cada participante, al llegar a su casa, sumerge en agua la ropa usada y luego la lava normalmente.

Todo lo descripto en este apartado fue recopilado luego de los rituales fúnebres de la fallecida Mãe Inés de Oxalá.

7 · Casos particulares

Existen situaciones que se apartan del caso general. En todas ellas rige, más que nunca, la regla de oro: es imprescindible jogar búzios antes de hacer nada.

a) Negativa de la familia a los rituales

Esa decisión se respeta. Si el difunto era pai o mãe de santo con casa abierta y sin descendencia, el día del deceso se despachan igual los asentamientos de Bará y el borí (Paso 1), y luego se realiza el procedimiento del Paso 6 al 9. Si no se pudiera acceder al templo ni recuperar los asentamientos, se consulta el axé de búzios para definir qué hacer.

b) Falta de lugar físico y de Igbalé

Cuando el fallecido no tiene casa abierta ni cuarto de Egun, hay dos opciones —despacho en el monte o despacho en el río—, ambas similares, y las diferencias se establecen por el jogo de búzios.

c) Accidente grave sin cuerpo o restos

Se realizan los rituales del Paso 1 y luego del Paso 6 al 9.

d) Suicidio

La ortodoxia indica que el suicida no tendría derecho a nada. Pero el material que recojo se detiene aquí con una reflexión que hago propia, por su humanidad: «el cuerpo es de Orixá», y si una persona de nuestra religión elige terminar con su vida, es porque no pudo sostener su realidad —la fe, a veces, no alcanza a llenar todos los espacios ni a secar todas las lágrimas—.

Todos los religiosos somos seres humanos, cualquiera sea nuestra jerarquía; no somos orixá en tierra como para levantar el dedo y juzgar desde una verdad absoluta. Por eso, para no errar ni dejarse llevar por supuestos, es imprescindible la consulta en búzios, que dirá el camino con la compasión y la justicia que a nosotros a veces nos faltan.

8 · El luto: tiempos y prohibiciones

La muerte es motivo de luto, y el luto trae prohibiciones. Durante los seis días que siguen a la muerte no se encienden velas ni luces en el cuarto de santo, ni se presentan frentes. Recién después del ritual de desligamiento —y según lo que digan los búzios— las actividades de la casa vuelven a la normalidad.

En ese tiempo no se cumplimenta en el cuarto de santo ni se bate cabeza; apenas la benza entre religiosos —y conviene recordar que, al besar las manos de alguien, se está cumplimentando con su Orixá de cabeza—. El tiempo de luto varía según la jerarquía del fallecido, y para eso, como para todo en esta materia, se consulta al oráculo.

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9 · Complemento documentado

Sumo aquí, con la misma prudencia de siempre y claramente separado del material anterior, unos pocos apuntes de contexto que ayudan a comprender el rito sin agregarle nada que no esté documentado en la tradición más difundida.

El nombre: Erosun, Aressun, axêxê

«Erosun» y «Aressun» son variantes de un mismo nombre para el rito fúnebre en el Batuque, ligado a la idea del «sueño calmo» de los días que siguen a la muerte. En el Candomblé, el rito equivalente se conoce como axêxê (asèsè). Son casas distintas de una misma herencia: comparten el sentido —desligar, despedir, encaminar al egun— aunque difieran en el detalle.

El Balé o Igbalé: la casa de los ancestros

Es el recinto sagrado donde se rinde culto a los egun del grupo, y donde «moran» los que la ley destina a quedarse. No toda casa tiene Igbalé, y por eso su presencia o ausencia cambia el rito —como se vio en los casos particulares—. Contar con un sacerdote que tenga sento de Igbalé es, por eso, condición del rito fúnebre completo.

Iansã / Oyá, la que guía a los egun

La tradición más difundida reconoce a Oyá (Iansã) como la Orixá que gobierna y conduce a los egun: la única que no les teme y que puede ordenarles el camino. De ahí que su fuerza sea especialmente invocada donde hay muertos, y que en las limpiezas del rito aparezca entre los Orixás de dendé. Lo desarrollamos en la entrada dedicada a Oiá, dentro de esta misma serie.


10 · Palabras finales

Escribir sobre la muerte en el Batuque es caminar en puntas de pie sobre tierra sagrada. Lo hice porque creo que también esta parte —la más callada, la más temida— merece quedar registrada con respeto: para que se entienda que detrás de cada gesto del rito fúnebre hay una teología entera de la vida, del viaje y del regreso a los pies del Orixá. No hay aquí morbo ni espectáculo; hay una comunidad que, cuando llega la hora, sabe exactamente cómo despedir a los suyos y cómo devolverlos, limpios y en paz, al lugar de donde vinieron.

Repito por última vez lo esencial, porque en esto nunca sobra: nada de lo escrito reemplaza el jogo de búzios ni la palabra del sacerdote; las rezas y los fundamentos más hondos siguen resguardados, como debe ser. Que quede, entonces, apenas lo que se puede mostrar: el mapa del camino a cielo abierto, para que quien lea comprenda, y quien tema, respete.

Y que las palomas que se sueltan al final del rito —esas dos alas blancas que cierran el luto— nos recuerden lo que la muerte, en el Batuque, nunca deja de ser: no un final, sino un viaje de vuelta a casa.

El final de todos los que son de religión es a los pies de su Orixá.
Que el egun descanse en su sueño calmo, y que Naná lo lleve entero de regreso.

11 · Glosario para el lector que llega de afuera

Erosun / Aressun: el ritual fúnebre del Batuque; «sueño calmo». En el Candomblé, axêxê.

Egun (égún): el espíritu del muerto; el ancestro. Se lo trata con enorme respeto y cuidado.

Balé / Igbalé (Igbàle): el recinto sagrado de los egun dentro o cerca del terreiro.

Aiyê: el mundo terrenal, la tierra, el plano de los vivos.

Orun: el plano espiritual; se lo describe con nueve espacios sagrados. El Orun Isalù es el lugar del juicio del séptimo día.

Atunwá: la reencarnación, el regreso a la vida terrena.

Omoluabi: «espíritu bondadoso»; el que vivió con dignidad y reposa junto a los ancestros.

Ajogun: espíritus condenados a vagar, ligados al Aiyê, sin acceso a la reencarnación.

Naná Buruqué: la dueña del barro, de la vida, la muerte y los espíritus; recompone y encamina al egun.

Borí: el asentamiento de la cabeza (orí) de la persona; en el rito se quiebra y se coloca bajo la cabeza del difunto.

Ocutá / otá: la piedra sagrada del asentamiento de un Orixá.

Cuartinha / quartinha: el recipiente de agua del asentamiento; en el rito se vacía y se quiebra.

Pejí: el altar o cuarto de los Orixás.

Ecó: preparado ritual de limpieza (por ejemplo, agua, ceniza y dendé).

Omieró: agua ritual con hierbas y elementos consagrados.

Guía imperial: el collar ritual mayor del iniciado; en el rito se corta por detrás.

Alá: paño blanco ritual.

Axero: estado ritual particular; en el rito fúnebre, al despachar entero al Orixá que ocupa, no queda en ese estado.

Despacho del Erú: la ceremonia de despedir todas las pertenencias rituales del finado.

Jogar búzios: consultar el oráculo de los caracoles; regla previa e ineludible de todo el rito.

Burrifar: rociar o asperjar con agua o preparado ritual.

Pemba: tiza sagrada; aquí, la blanca rallada, entre los ecós de ingreso.

Tártago / pipoca: la hoja de ricino (tártago) y el maíz reventado (pipoca), elementos del fondo de los sacos.

12 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006 (concepción de la muerte y el egun; el rito fúnebre como «anti-ritual» del culto de Orixá).
  • ACOSTA, Milton (Bàbálórisà Milton Acosta Òséfúnmi). Contribución al Estudio del Batuque — una religión natural: ni locos, ni raros. Montevideo, 1996 (despacho de los Bará, ecós de desligamiento, gradación de las ofrendas según el grado del difunto; citas textuales).
  • OLIVEIRA, Ricardo Moreira de. Ritual a los muertos en la tradición del Batuque (marco histórico del Batuque y descripción del rito fúnebre).
  • ELÍADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano (ed. 2010), citado en el estudio a propósito de la relación del ser humano con lo sagrado.
  • Conceptos de Ifá sobre el luto (el viaje, el juicio del séptimo día en el Orun Isalù, los destinos Egún, Omoluabi y Ajogun, y el papel de Naná), recopilados de fuentes ilustrativas y reordenados para su comprensión general.
  • Descripción del rito recopilada tras los rituales fúnebres de la fallecida Mãe Inés de Oxalá.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Doctrina y fundamento · El Erosun, el ritual fúnebre del Batuque
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