Oxalá: el padre de la creación
- Nota del autor: el que se saluda al final
- Cómo leer este estudio
- El nombre: Oxalá, el gran Orixá del paño blanco
- Quién es Oxalá
- El dueño de la cabeza: Oxalá y el orí
- Un mismo principio, muchos nombres: Ọbàtálá, Obatalá, Oxalá
- Los itans de Oxalá: tres leyendas y un fundamento
- Las dos formas y las cualidades de Oxalá en el Batuque
- Los símbolos: el opaxorô, el alá, la paloma, el blanco
- La mesa de Oxalá: lo que la literatura documenta
- Nosso Senhor do Bonfim: el sincretismo del padre
- Oxalá en el Río de la Plata
- Lo que no se dice: el fundamento del silencio
- Palabras finales: el cierre de la serie
- Glosario para el lector que llega de afuera
- Referencias
1 · Nota del autor: el que se saluda al final
Doce entradas después, la serie llega adonde llega toda ceremonia del Batuque: a Oxalá. No es casualidad ni gusto del autor. En el orden ritual del culto —el mismo que ordenó esta serie, de Bará a Oxalá— el gran padre se saluda siempre al final, porque es el mayor, el primero en dignidad y el último en el toque; la culminación a la que todos los demás hacen reverencia. Terminar los doce con Oxalá no es un capricho editorial: es, sencillamente, hacer las cosas como se hacen. Se empieza abriendo los caminos con Bará y se cierra en paz, de blanco, con el Padre.
Con Oxum entramos al territorio de las Cabezas Grandes; con Iemanjá conocimos a la Gran Madre; ahora entra el Gran Padre, y con él se cierra el círculo. Oxalá es el Orixá de la creación del mundo y de los seres humanos, el señor de la paz, de la pureza y de la cabeza; el que modeló con sus manos el cuerpo del hombre; el anciano vestido de blanco que camina apoyado en su cayado, ajeno a toda violencia, dueño de la fuerza más difícil de todas: la serenidad. Si Oxum es el río y Iemanjá es el mar, Oxalá es el cielo —el aire, la luz, el blanco del que todo se hace—.
Rige, por última vez en esta serie, la promesa de siempre: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale la advertencia de siempre: lo aquí descrito es una mirada situada; el día, las formas y las cualidades de Oxalá varían entre la Ijexá, la Cabinda, la Jeje y la Oyó. Ninguna variante es menos legítima que otra.
2 · Cómo leer este estudio
Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, más la tarjeta de fundamento con etiqueta propia.
3 · El nombre: Oxalá, el gran Orixá del paño blanco
El nombre Oxalá es una contracción de Òrìṣànlá —«el gran Orixá»—, que en las tierras de Igbó e Ifé se cultiva como Ọbàtálá, «el rey del paño blanco». En África, todos los Orixás ligados a la creación se agrupan bajo el nombre genérico de Orixá Funfun —los Orixás del blanco—, y el mayor de todos ellos es él. Y el blanco no es aquí un color más: es el color de la creación misma, el que guarda dentro de sí todos los demás, la base sobre la que todo puede pintarse. Por eso al gran padre se lo viste de blanco de la cabeza a los pies: porque representa el instante anterior a que el mundo tuviera color —la página en blanco de la que Olodumare hizo escribir la vida—. De ese «gran Orixá» contraído nació la palabra Oxalá, y con ella lo conoce hoy medio continente.
4 · Quién es Oxalá
Oxalá es, en la definición que conserva la documentación del Batuque, el Orixá de la creación del mundo y de la especie humana: el que, por encargo de Olodumare, modeló en el barro el cuerpo de los hombres para que el Ser Supremo les insuflara la vida. Es el padre de todos los Orixás, el más grande y el más reverenciado del panteón, aquel a quien los demás deben respeto. Simboliza la paz, la pureza, la sabiduría y la ancianidad venerable; es señor de la cabeza, de la creación de los seres, y —dicen las fuentes— de los vivos y de los muertos. Ajeno a toda violencia, disputa o pelea, ama el orden, la limpieza y la calma.
El retrato completo pide dos rostros, porque Oxalá se manifiesta en dos edades, y pido al lector que las tenga a las dos. Está Oxaguiã, el Oxalá joven: el guerrero luminoso, señor del ñame pilado, activo, alegre, defensor de los débiles y de los injustamente tratados —el que pelea, pero sólo por la buena causa—. Y está Oxalufã, el Oxalá anciano: el que camina encorvado, apoyado en su cayado de plata, con la lentitud del que ya vivió todo; el que representa la paz, la paciencia y la sabiduría que sólo el tiempo regala. Son el mismo Orixá en dos momentos de su historia —el amanecer y el poniente del mismo sol—.
«La fuerza más difícil no es la del que grita, sino la del que, pudiendo gritar, elige la paz.»— Enseñanza oral de los mayores de la Nación
Del arquetipo de sus hijas e hijos, la tradición dice lo esperable de esta casa: personas calmas, dignas de confianza, ponderadas, de gran sabiduría y sed de conocimiento, con un fuerte sentido de la responsabilidad y una aversión natural al conflicto. Los de Oxaguiã, más jóvenes de energía, son activos, trabajadores incansables, alegres, defensores de causas; los de Oxalufã, más serenos, son los pacientes, los que aconsejan, los que sostienen la casa con su sola presencia. Y unos y otros comparten un rasgo que los delata: la tozudez —la del que, cuando sabe que tiene razón, no se mueve ni con grúa—. Como en toda la serie: retrato de familia, no sentencia. Pero quien conozca a un hijo de Oxalá sabe que es la persona a la que se acude cuando hace falta calma, y que su paz no es tibieza: es la fuerza de fondo que ordena el mundo alrededor.
5 · El dueño de la cabeza: Oxalá y el orí
Hay un fundamento de Oxalá que corona no sólo esta entrada sino toda la serie, y por eso lo dejo para el final del recorrido: Oxalá es el dueño de la cabeza —del orí, en yoruba—. Y en nuestra religión la cabeza no es una parte del cuerpo entre otras: es el lugar sagrado donde vive el Orixá de cada uno, el altar portátil que cada persona lleva sobre los hombros. Por eso toda iniciación empieza por la cabeza; por eso se la lava, se la cuida, se la corona. Y por eso el gran padre, señor de la creación, es también el señor de ese punto exacto donde lo sagrado se hace persona. Modelar el barro del cuerpo y ser dueño de la cabeza son, en el fondo, el mismo oficio: dar forma al lugar donde Dios va a habitar.
Ahí se cierra el círculo de las doce entradas. A lo largo de la serie vimos a cada Orixá regir su dominio —Bará los caminos, Ogum el hierro, Xangô el trueno, Oxum el río, Iemanjá el mar—; pero todos, sin excepción, viven en la cabeza de alguien, y esa cabeza es de Oxalá. El padre no compite con los otros Orixás: los contiene, como el blanco contiene a todos los colores. Por eso se lo saluda al final: no porque llegue último, sino porque es la casa donde todos los demás ya estaban.
6 · Un mismo principio, muchos nombres: Ọbàtálá, Obatalá, Oxalá
| Tradición | Nombre | Territorio principal |
|---|---|---|
| Religión tradicional yoruba | Ọbàtálá / Òrìṣànlá (el gran Orixá del paño blanco, un Orixá Funfun) | Nigeria (Ifé, Ifón, Ejigbô) |
| Candomblé | Oxalá (Oxaguiã joven, Oxalufã anciano) | Bahía y todo Brasil |
| Regla de Ocha / Santería | Obbatalá, sincretizado con Nuestra Señora de las Mercedes | Cuba y su diáspora |
| Batuque | Oxalá (Obocum, Olocum, Dacum, Jobocum, Orumiláia) | Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay |
| Umbanda | Pai Oxalá (sincretizado con Jesucristo / Cristo Redentor) | Brasil, Río de la Plata |
Una fila de esta tabla merece párrafo propio, porque cierra un arco de toda la serie. En la entrada de Xapanã vimos que su cualidad Belujá alcanza en el sincretismo al propio Cristo crucificado; en la de Xangô, la justicia; en la de Oxum, la Concepción; en la de Iemanjá, a los Navegantes. Con Oxalá el sincretismo llega a su punto más alto y más claro: el gran padre de la creación fue asociado a Jesucristo y, en Bahía, de forma podírosa, al Señor del Bonfim. Que el Orixá padre, señor de la paz, se haya reconocido en la figura del que predicó la paz no es coincidencia de calendario: es la inteligencia teológica de un pueblo que supo, bajo la máscara del santo, seguir saludando al Padre.
7 · Los itans de Oxalá: tres leyendas y un fundamento
Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque.
El barro de la creación
Cuentan que Olodumare, el Ser Supremo, encargó a Oxalá la creación del mundo y le entregó el saco de la creación. Pero en el camino Oxalá bebió vino de palma y se durmió, y mientras dormía otro Orixá tomó el saco y fundó la tierra firme sobre las aguas. Cuando Oxalá despertó y no encontró el saco, fue a quejarse a Olodumare, que como castigo le prohibió para siempre —a él y a los suyos— beber vino de palma. Pero, como consuelo y como confianza, le dio la tarea más alta de todas: modelar en el barro el cuerpo de los seres humanos, en los que Él mismo insuflaría la vida. Y dicen algunas versiones que una vez, habiendo bebido, Oxalá modeló cuerpos distintos de los demás —y que por eso los cuidamos con reverencia especial, porque también salieron de sus manos y Él los ama igual—.
Sentido: de aquí nacen dos fundamentos hermosos. Uno, la sobriedad: los hijos de Oxalá y muchas casas resguardan al padre de la bebida y del descuido. El otro, el más grande: todo cuerpo humano, sea como sea, salió de las manos del mismo padre y merece el mismo respeto. Nadie es un error de la creación: todos somos barro de Oxalá.
Las Aguas de Oxalá
Es el itan más celebrado del gran padre, y ata esta entrada con la de Xangô. Cuentan que el viejo Oxalufã, ya encorvado por los años, quiso viajar al reino de Oyó a visitar a su hijo Xangô. En el camino, por una serie de malentendidos, fue tomado por ladrón y encarcelado injustamente, y quedó siete años preso sin que nadie supiera quién era. Durante esos siete años, el reino de Oyó se hundió en la sequía: las mujeres no podían tener hijos, las enfermedades asolaban la tierra, nada prosperaba. Xangô, desesperado, consultó a un babalaô, que le reveló la verdad: un anciano padecía en prisión pagando un crimen que no cometió. Xangô corrió a la cárcel y descubrió, con espanto, que el preso era su propio padre. Entonces mandó traer agua del río para lavar al viejo rey, ordenó a todo el pueblo vestirse de blanco y guardar silencio para pedirle perdón con reverencia, y encargó a Airá que llevara a Oxalufã sobre sus espaldas. Desde entonces, cada año, las casas recrean ese baño de perdón en la fiesta de las Aguas de Oxalá.
Sentido: hasta el más grande puede ser tratado injustamente, y hasta el más poderoso —Xangô, el rey del trueno— debe aprender a pedir perdón de rodillas y de blanco. La injusticia enferma a un reino entero; la reparación humilde lo cura. El agua que lava al padre lava también la culpa del hijo.
Por qué el padre se saluda al final
Cuentan los mayores que cuando el mundo ya estaba hecho, los Orixás discutían, cada uno orgulloso de su dominio: uno del hierro, otro del trueno, otro del río, otro del mar. Y en medio del bullicio de las fuerzas, Oxalá no reclamó nada —porque el que modeló las manos que sostienen el hierro, y la cabeza que gobierna el trueno, y el pecho que ama el río y el mar, no necesita disputar ningún dominio: ya está en todos—. Por eso, enseñan, en toda ceremonia se saluda primero a Bará, que abre los caminos, y se saluda al final a Oxalá, que los contiene a todos. No es el que llega tarde: es el que estaba desde antes y estará después. El silencio del gran padre, dicen, vale más que el trueno de cualquiera.
Sentido: la mayor autoridad no es la que se impone, sino la que ya no necesita imponerse. Oxalá enseña el último secreto de la serie: quien de veras sostiene el mundo casi nunca hace ruido.
El blanco, la sal y el silencio
La documentación del sur registra la disciplina de pureza que rodea a Oxalá como a ningún otro Orixá. Sus fiestas se hacen de blanco integral; sus comidas se preparan sin sal y sin dendê —porque lo suyo es lo primero, lo sin mezcla, el estado anterior al condimento—; y las Aguas de Oxalá se celebran en silencio, ese silencio solemne en el que el agua corre limpiando y todos permanecen en reverencia. La palabra que se pronuncia bajísimo es siempre la misma: Epa Babá. No es rigidez ni tristeza: es la estética de la paz, la única que le corresponde al que hizo el mundo cuando el mundo todavía era blanco. El fundamento completo del rito pertenece, como siempre, a los mayores y al cuarto de santo.
Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es la luz a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.
8 · Las dos formas y las cualidades de Oxalá en el Batuque
Antes de las cualidades del Batuque conviene fijar las dos grandes formas que Oxalá asume al manifestarse, conocidas en toda la tradición afro: el joven y el anciano. Y una precisión de rigor para el lector del sur: aunque en el Candomblé Ketu el joven Oxaguiã admite toques de azul claro junto al blanco, en el Batuque del Rio Grande do Sul tanto Oxaguiã como Oxalufã se cultivan de blanco puro, sin azul; el joven se distingue por sus símbolos de guerrero y su energía, no por el color.
Oxaguiã — el joven guerrero
El Oxalá joven, señor del ñame pilado, dueño de la claridad y de las decisiones. Sus símbolos son la idá —la espada— y la mão de pilão en metal blanco, y a veces el escudo. Es activo, combativo, alegre, defensor de los oprimidos y de las causas justas —un padre con el vigor todavía intacto de la juventud—. Su sincretismo suele llevar al Niño Jesús (el Menino Jesus de Praga).
Oxalufã — el anciano de la paz
El Oxalá viejo, encorvado por la edad, que camina apoyado en su opaxorô —el cayado de metal blanco que une el Orun (el cielo) y el Ayê (la tierra)—. Frágil de cuerpo y grande de alma: es el poniente, la paz que llega después del conflicto, la sabiduría del que ya vivió todo. Es el protagonista de las Aguas de Oxalá, y su sincretismo lleva al Señor del Bonfim y al Divino Espíritu Santo.
Las cualidades del Batuque: Obocum, Olocum, Dacum, Jobocum
La documentación del sur registra las cualidades propias del Batuque, cada una con sus adjuntós: Obocum y Olocum —esta última ligada a Iemanjá y a las aguas—, que acompañan a Oxum Pandá; Dacum, cuyo adjuntó es Iemanjá Bocí; y Jobocum, que hace frente con Oxum Docô o con Iemanjá Bomí. La red del padre lo une, como corresponde, a la Gran Madre y a la señora del oro: el cielo con el mar y con el río.
Oxalá de Orumiláia — el ciego que todo lo ve
La cualidad más misteriosa: Oxalá de Orumiláia —Orunmilá en el Candomblé—, el señor de la visión espiritual, «el ciego que todo lo ve y a todo responde» en el juego de búzios del Batuque, que trabaja con la ayuda de Bará. Su guia lleva blanco con negro, y con él la serie cierra un círculo perfecto: si en la entrada de Oxum vimos que ella ganó el juego de búzios para las mujeres, es en Oxalá de Orumiláia donde reside la sabiduría última de ese oráculo. El padre de la creación es también el padre del saber que la creación esconde.
9 · Los símbolos: el opaxorô, el alá, la paloma, el blanco
El alfabeto material de Oxalá es el más sobrio y el más alto del panteón. Encabeza el opaxorô (o paxorô): el cayado de metal blanco o plata, con sus discos escalonados y su remate, en el que se apoya Oxalufã —y que no es un simple bastón, sino el eje que comunica el cielo y la tierra, el símbolo del vínculo que el gran padre estableció entre el Orun y el Ayê—. Del joven Oxaguiã son la idá —la espada de la justicia— y la mão de pilão —símbolo de la creación, del que amasa la vida—. Le pertenecen el alá —el gran paño blanco que lo cubre y lo representa—, la paloma blanca, y todo lo que es de plata, estaño o plomo —los metales blancos—. Su elemento es el aire: el cielo y la atmósfera, lo que está arriba de todo.
El ocho es su número y el de sus múltiplos. El domingo es, en gran parte del Batuque, su día —con el viernes para su forma joven; y el viernes es, en toda la tradición afro, el día universal del blanco, cuando el pueblo de santo se viste de Oxalá aunque no sea su hijo—. El blanco, sin mezcla ni matiz, es su bandera absoluta: no un tono entre otros, como el amarillo de Oxum o el azul de Iemanjá, sino la ausencia luminosa de todos los tonos, el color de lo que aún no fue creado y de la paz que llega cuando todo se aquietó. Sus lugares son el cielo, las alturas y la casa en calma: donde hay paz, ahí está el padre.
10 · La mesa de Oxalá: lo que la literatura documenta
La mesa de Oxalá es la más blanca y la más pura del panteón, y la documentación la registra con su regla de oro: sin sal y sin dendê. La pieza central es la canjica blanca cocida —el ebó/egbó, el maíz blanco que se ofrece a casi todos los Orixás y sobre todo a él, comida apaciguadora, símbolo de crecimiento y multiplicidad—; para Oxaguiã, el ñame pilado (inhame), que es su marca; y con ellos el acazá, el arroz, el maíz blanco, las frutas blancas o claras —uvas blancas, peras, manzanas— y el obi blanco. Todo lo suyo es vela blanca, rosas blancas y flores blancas. Donde la mesa de Oxum era dulce y la de Iemanjá serena, la de Oxalá es la mesa de la pureza: el alimento tal como era antes de que el mundo le pusiera sabor.
Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.
11 · Nosso Senhor do Bonfim: el sincretismo del padre
El sincretismo documentado de Oxalá es con Jesucristo y, muy fuertemente en Bahía, con Nosso Senhor do Bonfim. La imagen pública más hermosa de ese encuentro es la Lavagem do Bonfim: cada enero, en Salvador, una multitud de mujeres vestidas de blanco lava con agua perfumada las escalinatas de la iglesia del Bonfim —el mismo gesto de las Aguas de Oxalá, ahora a cielo abierto y ante la ciudad entera—. En la lectura del sur, Oxalufã, el anciano, se asocia al Señor del Bonfim y al Divino Espíritu Santo; Oxaguiã, el joven, al Niño Jesús; en la Umbanda, Oxalá es el Cristo, y su día se celebra con la Navidad. En Cuba, Obbatalá es Nuestra Señora de las Mercedes. Un solo padre, muchas imágenes de paz, y en todas el mismo blanco.
Y aquí conviene decir, por última vez en la serie, lo que dijimos en cada entrada: reconocer el sincretismo no es confundir a Oxalá con Jesús ni rebajar a ninguno de los dos. Son figuras de tradiciones distintas que la historia acercó —y que un pueblo perseguido supo poner una junto a la otra para que su fe sobreviviera bajo el calendario ajeno—. Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale, también por última vez, lo dicho siempre: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.
12 · Oxalá en el Río de la Plata
Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata culmina en Oxalá con una lógica sencilla: toda fiesta termina en el padre. Así como cada toque se cierra saludándolo al final, cada casa de religión del sur —en Porto Alegre, en Montevideo, en Lomas, en Avellaneda— lo tiene por techo y por paz. Es el Orixá que no se disputa la calle ni la playa como Ogum o Iemanjá, porque su territorio es otro: es el cielo que está sobre todos los ríos y todos los mares de esta región de aguas, y es el blanco que visten los iniciados el día de su consagración. Donde hay una casa de santo en paz, gobernada con sabiduría por una Ialorixá o un Babalorixá de cabeza serena, ahí está trabajando, callado, el gran padre.
Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre —y por última vez en esta serie—: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si ve pasar a alguien vestido de blanco impecable, en calma, saludando —¡Epa Babá!—, ya sabe a quién honra: al padre de la creación, que no le negó su barro a nadie, y que a todos, sin excepción, nos hizo con las mismas manos.
13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio
Rige para Oxalá lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con el gran padre el silencio no es sólo prudencia: es su propia liturgia. Las Aguas de Oxalá se hacen callados; el asiento de la cabeza —de la que él es dueño— es el fundamento más guardado de todos; y los recorridos de sus cualidades, sobre todo el saber de Orumiláia, pertenecen por entero a quienes los heredaron. Esta entrada muestra la luz a cielo abierto, el blanco que todos pueden ver; lo que se guarda en el cuarto de santo, bajo el silencio del padre, queda donde debe —y con Oxalá, callar es también una forma de rezar—.
14 · Palabras finales: el cierre de la serie
Doce entradas. Empezamos abriendo los caminos con Bará, pasamos por el hierro de Ogum, el viento de Oiá, el trueno de Xangô, el bosque de Odé y Otim, la justicia de Obá, las hojas de Ossanha, la tierra de Xapanã, la risa de los Ibeji, el oro de Oxum y el mar de Iemanjá —y terminamos, como manda el toque, en el blanco de Oxalá—. No fue un catálogo de dioses exóticos: fue el retrato de una religión entera, con su teología, su ética, su historia de persecución y de resistencia, y su alegría intacta. Cada entrada tuvo el mismo lema y la misma promesa: visibilizar, no enseñar; mostrar el río a cielo abierto y dejar el fundamento en el cuarto de santo.
Cerrar con Oxalá es cerrar como se cierra una fiesta bien llevada: en paz, de blanco, y con la certeza de que el padre contiene a todos los que vinieron antes. La cabeza de cada uno de los que aparecieron en estas doce entradas —guerreros, cazadores, sabios, niños, reinas y madres— es, en el fondo, de él. Por eso no hay mejor final: el que se saluda último es el que estaba desde el principio.
Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, y más aún si acompañó la serie entera, gracias de corazón por las horas y por la mirada limpia: cada lector que entiende un poco más es una gota más de respeto en un país que todavía le debe mucho a esta herencia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y a todos, de la casa y de afuera, les dejo la bendición del padre —la única con la que se puede terminar—: que la paz de Oxalá les cubra la cabeza como un alá blanco, y que en su casa nunca falte la calma del que sabe que fue hecho, con amor, por las mismas manos que hicieron el mundo.
15 · Glosario para el lector que llega de afuera
Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.
Epa Babá / Epaô Babá: el saludo a Oxalá; «¡Viva el Padre!». Los fieles suelen abrir los brazos con las manos abiertas al pronunciarlo.
Orixá Funfun: los «Orixás del blanco», los ligados a la creación; Oxalá es el mayor de todos ellos.
Oxaguiã: la forma joven y guerrera de Oxalá, señor del ñame pilado; sus símbolos son la idá (espada) y la mão de pilão.
Oxalufã: la forma anciana de Oxalá, encorvada, que camina apoyada en el opaxorô; el señor de la paz y de las Aguas de Oxalá.
Opaxorô (paxorô): el cayado ritual de metal blanco de Oxalufã, eje que une el cielo (Orun) y la tierra (Ayê).
Alá: el gran paño blanco que cubre y representa a Oxalá, símbolo de la pureza y de la creación.
Orí: la cabeza, en yoruba; el lugar sagrado donde vive el Orixá de cada persona. Oxalá es su dueño.
Aguas de Oxalá: la fiesta que recrea el baño de perdón de Oxalufã; se hace de blanco y en silencio, lavando con agua los objetos sagrados.
Ebó / egbó: la canjica blanca, maíz blanco cocido; comida votiva y apaciguadora, central en la mesa de Oxalá.
Orumiláia (Orunmilá): la cualidad de Oxalá señora de la visión espiritual y del juego de búzios; «el ciego que todo lo ve».
16 · Referencias
- CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
- FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
- VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Ọbàtálá/Oxalá: los Orixás Funfun, Ifón y Ejigbô, Oxalufã y Oxaguiã, el mito de las Aguas de Oxalá).
- PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Oxalá: el saco de la creación y la prohibición del vino de palma, el modelado del hombre en el barro, la prisión de Oxalufã y las Aguas de Oxalá).
- Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Oxalá en las Naciones del Batuque: saludo Epa Babá, día (domingo, y viernes para la forma joven), número 8, color blanco sin mezcla, las dos formas Oxaguiã y Oxalufã cultivadas de blanco puro en el sur, las cualidades Obocum, Olocum, Dacum, Jobocum y Orumiláia con sus adjuntós, la regencia de la creación, la paz y la cabeza (orí), el opaxorô y el alá, la ofrenda sin sal ni dendê (canjica blanca, ñame pilado), y el sincretismo con Jesucristo y el Señor del Bonfim.
- Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.