Oiá: la señora de los vientos
- Nota del autor: la primera dama del panteón
- Cómo leer este estudio
- Los nombres: Oiá, el río; Iansã, la madre de nueve
- Quién es Oiá
- La que camina entre los mundos: Oiá y los eguns
- Un mismo principio, muchos nombres: Ọya, Avesan, Oyá, Iansã
- Los itans de Oiá: cuatro leyendas de la tradición oral
- Las cualidades de Oiá en el Batuque, una por una
- Los símbolos: la espada, el rayo, las alianzas, la pitanguera
- La mesa de Oiá: lo que la literatura documenta sobre sus ofrendas
- Santa Bárbara y Juana de Arco: los sincretismos de la guerrera
- Oiá en el Río de la Plata
- Lo que no se dice: el fundamento del silencio
- Palabras finales
- Glosario para el lector que llega de afuera
- Referencias
1 · Nota del autor: la primera dama del panteón
Después de Bará, el dueño de las llaves, y de Ogum, el señor del hierro, el orden del toque nos trae a la primera presencia femenina del panteón: Oiá, la señora de los vientos, los rayos y las tempestades, la primera Orixá femenina en ser saludada en la hierarquía del Batuque en todas las Naciones. No es un detalle menor y quiero subrayarlo desde la primera línea: en una liturgia donde el orden lo es todo, la tercera puerta del universo pertenece a una mujer guerrera. Nuestros ancestros africanos entendieron hace siglos algo que a Occidente le costó entender bastante más: que la fuerza no tiene un solo género, y que hay batallas que solo el viento sabe ganar.
Rige para esta entrada la misma promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje, y con la obligación que esa credencial impone —no inventar, no adornar, contrastar cada dato con la bibliografía académica y sacerdotal que se lista al final, y decir expresamente cuándo la fuente es la memoria oral de los mayores—. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale, con Oiá más que con nadie, la advertencia sobre la variación: es uno de los Orixás cuyo culto más difiere entre naciones, casas y tradiciones hermanas, empezando por sus propios nombres. Ninguna variante es menos legítima que otra. Todas son ramas de una misma raíz africana que el tiempo y la distancia no lograron secar.
2 · Cómo leer este estudio
Vale el marco metodológico de las entradas anteriores: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Esta entrada continúa además la sección de itans inaugurada con Ogum —las leyendas sagradas de la tradición oral—, con las mismas reglas de lectura: son teología narrada, existen en muchas versiones, y las recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la memoria de nuestra religión.
3 · Los nombres: Oiá, el río; Iansã, la madre de nueve
Esta señora tiene dos nombres grandes, y los dos cuentan una historia. Oiá (Ọya) es, en África, el nombre del río Níger —Odò Ọya, el río de Oiá—: la divinidad es, en su origen, la fuerza de ese río inmenso que atraviesa el territorio yoruba, con sus crecidas violentas y sus tormentas. Iansã, por su parte, es un título que la tradición traduce como «madre de nueve» (de ìyá, madre, y mésan, nueve), y Pierre Verger —que rastreó su culto a ambos lados del Atlántico— documenta ese vínculo con el nueve hasta en el antiguo Dahomey, donde la misma divinidad fue cultuada bajo los nombres de Avesan y Abesan. Por qué nueve, lo cuenta un itan que leeremos más abajo; adelanto solo que el número está escrito en su propia geografía: el delta del Níger se abre al mar en múltiples brazos, como una mano que no se deja contar los dedos.
En el Batuque ocurre algo precioso y muy nuestro con estos dos nombres: no son sinónimos sueltos, sino que nombran presencias distintas dentro de la misma familia. La tradición del sur distingue a Oiá —registrada por la literatura como la manifestación más joven y guerrera, la que anda la calle— de Iansã —la forma más madura, señora de adentro del templo—, cada una con sus clases, sus adjuntós y sus sincretismos propios, como veremos en la sección de cualidades. Es la misma lógica que ya vimos en Bará y en Ogum: una fuerza, muchas caras; y cada casa guardando con celo el mapa de las suyas.
4 · Quién es Oiá
Oiá es, en nuestra tradición, la reina de los rayos, los vientos y las tempestades; la guerrera entre las mujeres del panteón, comparable solo a Obá en coraje; la señora de la pasión y de la fuerza femenina; y la única entre los Orixás con dominio pleno sobre los eguns, los espíritus de los muertos. La bibliografía del Batuque la describe con tres pinceladas que valen un tratado: enérgica, sensual y autoritaria. Es la tercera en el orden del toque, inmediatamente después de sus dos compañeros de siempre —Bará y Ogum—, y la primera dama de toda la liturgia.
Hay una expresión de los batuqueros del sur que la retrata mejor que cualquier teología, y que la etnografía registra con cariño: cuando se levanta de golpe un ventarrón fuerte, se dice que «Oiá está abanicando la saya» —que la señora pasó, sacudiendo la pollera, y el mundo entero se despeinó a su paso—. Pocas imágenes condensan tan bien lo que esta Orixá es: una fuerza que no pide permiso, que se anuncia sola, y que sin embargo es profundamente doméstica y protectora, porque —y este es otro rasgo documentado que amo especialmente— Oiá es la dueña del techo y la dueña de la olla: los batuqueros enseñan que quien tiene a Oiá nunca queda sin abrigo y nunca pasa hambre. La misma señora que arranca árboles con el viento sostiene el techo de sus hijos y les llena el plato. Tempestad afuera, providencia adentro: así de vasta es.
«Bará abre la puerta, Ogum despeja el camino, y Oiá trae el viento que empuja a caminar. Por eso van juntos: la llave, la espada y la tempestad.»— Enseñanza oral de los mayores de la Nación
Y hay que decir del arquetipo lo que la tradición dice, con el mismo respeto con que lo dijimos de los hijos de Bará y de Ogum: a los hijos y las hijas de Oiá la literatura les atribuye audacia, temperamento, autoridad natural, pasión intensa y una lealtad total cuando aman de verdad. Como todo arquetipo, es retrato de familia y no sentencia: cada hijo de Oiá es, además, lo que su historia hizo de él. Pero cualquiera que haya convivido con gente de Oiá sonreirá leyendo esta lista, porque el aire de familia es inconfundible: entran a los lugares como entra el viento, y los lugares no vuelven a quedar igual.
5 · La que camina entre los mundos: Oiá y los eguns
De todos los dominios de Oiá, el más solemne es este: es la Orixá que gobierna a los eguns, los espíritus de los muertos. La bibliografía del Batuque lo registra con precisión: por dominar a los eguns, Oiá es siempre invocada cuando el problema que aflige a una persona se sospecha causado por la perturbación de estos espíritus, y es ella quien pone orden donde los vivos y los muertos se rozan indebidamente. No hay en nuestro panteón tarea que exija más coraje, y no es casual que haya recaído en la más guerrera de las señoras.
Sobre cómo recibió ese señorío, la tradición conserva —y la honestidad me obliga a presentarlas juntas— versiones distintas, todas documentadas: una enseña que fue Xangô quien le encomendó guiar a los muertos hacia los nueve cielos (los nueve oruns) según sus acciones en vida, y que el sabio Ossanha le entregó para protegerse un emblema especial, el eruexim —el cetro de cola de caballo con el que se la representa espantando lo que no debe acercarse—; otra tradición, también registrada en la literatura del sur, cuenta que fue Xapanã quien le concedió el poder sobre los eguns. Lejos de contradecirse, las dos versiones dicen lo mismo con distinto acento: que el señorío sobre la muerte no se toma, se recibe —y que solo se le confía a quien tiene el coraje de ejercerlo sin dejarse tocar por el miedo—.
Una aclaración de respeto para el lector de afuera: nada de esto convierte a Oiá en una figura fúnebre u oscura. Es exactamente al revés: ella es la garantía de que la frontera entre los vivos y los muertos se mantenga ordenada y en paz, cada cual en su mundo, cada cual en su camino. La señora de la puerta más seria del universo es, al mismo tiempo, la del viento fresco, la de la pasión y la de la olla llena. Solo una teología muy honda pudo poner tanta vida y tanta muerte bajo la misma corona.
6 · Un mismo principio, muchos nombres: Ọya, Avesan, Oyá, Iansã
Como en las entradas anteriores, tracemos el mapa de la diáspora de esta señora, porque conocerlo es un acto de respeto hacia todas las tradiciones hermanas:
| Tradición | Nombre | Territorio principal |
|---|---|---|
| Religión tradicional yoruba | Ọya (el río Níger) | Nigeria, Benín |
| Antiguo Dahomey (documentado por Verger) | Avesan / Abesan | Porto Novo y región, Benín |
| Candomblé | Iansã / Oiá | Bahía y todo Brasil |
| Regla de Ocha / Santería | Oyá / Yansá | Cuba y su diáspora |
| Batuque | Oiá e Iansã (Timboá, Dirã, Niqué...) | Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay |
| Umbanda | Iansã y sus líneas | Brasil, Río de la Plata |
Y la aclaración de rigor, hermana de las que hicimos con Bará y Ogum: hasta el saludo cambia de casa en casa. La bibliografía registra el ¡Epa iê io! del Batuque —pronunciado Paieio en la Nación Cabinda— y advierte que se lo confunde con frecuencia con el ¡Eparrei! de la Umbanda popular. No es pedantería distinguirlos: cada saludo carga la historia de la tradición que lo pronuncia, y saber cuál se usa en qué casa es una forma elemental de respeto —como saber el nombre de la dueña de casa antes de golpear la puerta—.
7 · Los itans de Oiá: cuatro leyendas de la tradición oral
Recuerdo al lector nuevo lo dicho en la entrada de Ogum: los itans —patakíes en la tradición cubana— son las narrativas sagradas de la tradición oral yoruba, teología con forma de cuento, recogidas por investigadores como Pierre Verger y Reginaldo Prandi y conservadas, con variantes propias, en la memoria de cada Nación. Las recuento con mis propias palabras, eligiendo las versiones más difundidas; el lector religioso reconocerá variantes, y está bien que así sea. El corpus de Oiá es uno de los más ricos de todo el panteón —pocas figuras inspiraron tanto a los narradores antiguos como esta señora— y elegir solo cuatro fue la parte más difícil de escribir esta entrada.
La mujer búfalo
Cuentan que Oiá no era solo mujer: era también búfalo, y podía pasar de una forma a la otra dejando la piel de animal escondida en el monte. Un día un cazador —Ogum, en las versiones más difundidas— la vio transformarse, y en lugar de huir, tomó la piel escondida y la guardó. Sin su piel, Oiá no podía volver al monte: aceptó entonces seguir al cazador y ser su esposa, con una única condición, que su secreto jamás fuera revelado. Vivieron años así, y Oiá dio hijos a su esposo; hasta que en la casa, entre celos y vino, otras mujeres se burlaron de ella llamándola animal: el secreto había sido traicionado. Oiá recuperó su piel, volvió a ser búfalo, y su furia fue la de la tempestad; pero a sus hijos les dejó sus cuernos, y les enseñó que, en la necesidad, los frotaran uno contra otro para llamarla: ella vendría siempre. Por eso —enseña la tradición— los cuernos de búfalo acompañan el culto de Oiá hasta hoy.
Sentido: hay amores que solo viven mientras se respeta el misterio del otro; traicionado el secreto, se pierde a la persona —pero el amor de madre sobrevive hasta a la furia, y siempre deja un modo de llamarla—.
Oiá prueba el fuego de Xangô
Cuentan que Xangô había obtenido un preparado mágico que le permitía escupir fuego por la boca, y que lo guardaba con celo, porque en él residía buena parte de su majestad de rey del trueno. Encomendó a Oiá custodiarlo; y Oiá, que no conoce puerta que no la tiente, probó una pequeña porción. Cuando Xangô regresó y le habló, ella le respondió... y de su boca salió fuego también. Desde entonces los dos comparten el rayo y la llama: por eso en la tempestad van juntos —él en el trueno que retumba, ella en el viento que lo precede y en el rayo que corta el cielo—, por eso comparten en el Batuque el mismo día, el martes, y por eso los africanos —como registra la tradición— la saludan antes de las tormentas, pidiéndole que apacigüe a Xangô.
Sentido: hay poderes que no se pueden custodiar sin ser tocado por ellos; y hay compañeras que no nacieron para guardar el fuego de otro, sino para tener el suyo propio.
Iansã, la madre de nueve
Cuentan que cuando Oiá dejó a Ogum por Xangô —la historia que ya narramos del lado del herrero, en la entrada anterior—, Ogum no se resignó en calma: los persiguió, y en el enfrentamiento su golpe alcanzó a Oiá y la dividió en nueve partes. Pero Oiá no murió: se multiplicó. De aquella herida nació su título —Iansã, la madre de nueve— y su misterio: la que fue partida y se volvió nueve veces ella misma. Verger encontró la huella de ese nueve hasta en el antiguo Dahomey, donde su culto sobrevive bajo los nombres de Avesan y Abesan; y la geografía lo confirma a su manera, porque el río que lleva su nombre se abre al mar en un delta de múltiples brazos. Nueve hijos, nueve cielos a los que guía a los muertos, nueve brazos del río: el número la sigue como la sigue el viento.
Sentido: hay fuerzas que los golpes no destruyen sino que multiplican. Quien quiso partirla le dio, sin saberlo, su nombre más grande.
Oiá recibe el señorío sobre los muertos
Cuentan que los eguns —los espíritus de los muertos— andaban sin gobierno, asustando a los vivos y desordenando los dos mundos, y que ningún Orixá quería la tarea de ponerles freno, porque hasta los inmortales guardan distancia de la muerte. Fue Oiá quien aceptó. Según la versión que conserva nuestra literatura, Xangô le encomendó guiar a cada muerto hacia el orun que sus acciones merecieran, y el sabio Ossanha, señor de las hojas, le entregó el eruexim —el cetro de crin— para que ningún egun pudiera tocarla; otra tradición, también documentada, enseña que fue Xapanã quien le concedió ese poder. Desde entonces, cuando Oiá danza agitando el eruexim, está barriendo el aire entre los dos mundos, devolviendo cada cosa a su lugar: los vivos a la vida, los muertos a su camino, y la paz al medio.
Sentido: los cargos más pesados no se reparten por sorteo sino por coraje; y quien acepta lo que nadie quiere recibe también lo que nadie tiene.
Cierro como cerré en la entrada anterior, porque la regla no cambia: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado aquí es la parte del río que corre a cielo abierto; la que corre bajo tierra pertenece a quien corresponde.
8 · Las cualidades de Oiá en el Batuque, una por una
Como sus dos compañeros de guardia, Oiá se manifiesta en cualidades, y la primera división vuelve a ser la que ya conocemos: las de la calle y las de adentro. La documentación del Batuque organiza la familia en dos grandes presencias —Oiá e Iansã— con sus clases respectivas, y registra además nombres de tradición oral que varían de casa en casa (Niqué, Funiqué, Nide, Bomi, Oiá Docô, Içá Oku —la Oiá «del hueco»— entre otros). Las que siguen son las de registro más consistente en la bibliografía.
Oiá Timboá — la guardiana de afuera
La más brava de la familia, cultuada en la parte externa: la documentación la ubica en compañía permanente de los guardianes de la calle —hace adjuntó con Bará Lodê o Bará Legba y con Ogum Avagã, según la nación—. Si el lector recuerda la casita del frente de los templos, donde Lodê y Avagã montan guardia, ya sabe con quién comparten las noches: la tercera del puesto de vigilancia es esta señora. Su sincretismo documentado, cuando acompaña a Avagã, es con Santa Teresita.
Oiá Dirã (o Dirá) — la guerrera de la calle
Segunda clase de la calle, brava y batalladora, de adjuntó documentado con Ogum Avagã. Su sincretismo registrado es de una elocuencia perfecta: Juana de Arco —la doncella guerrera, la que escuchó voces que nadie más oía y cargó contra ejércitos enteros—. Cuando los mayores eligieron a la santa de Orleáns para vestir a esta Oiá, hicieron teología comparada del más alto nivel sin pisar una universidad.
Oiá — la joven señora del viento
La manifestación registrada como más joven y andariega, con la red de adjuntós más extensa de toda la familia: la documentación la casa con Bará Adague —y a veces con Lanã o Agelú—, con Ogum Onira, con Xangô Aganjú y con Xapanã Jubeteí. Es la Oiá del itan del búfalo y del viento que abanica la saya: la que anda todos los caminos y conoce a todo el mundo. Su sincretismo documentado: Santa Bárbara sin el castillo —la santa retratada sin su torre, todavía libre, todavía en camino—.
Iansã — la señora madura
La forma madura y de mayor señorío, de adentro del templo: la madre de nueve en la plenitud de su título. Sus adjuntós documentados la unen a los mayores de cada familia —Bará Lodê, Ogum Olobedé, Xangô Agodô, Xapanã Belujá o Sapatá—: donde hay un trono, hay una Iansã a su altura. Su sincretismo documentado: Santa Bárbara con el castillo —la misma santa, ya coronada por su torre: la señora que llegó a donde iba—. El detalle del castillo presente o ausente para distinguir a la joven de la madura es, en mi opinión, una de las finuras más exquisitas de todo el sincretismo afroamericano.
Vale, una vez más, la enseñanza de la serie: esta multiplicidad de nombres y clases no es desorden sino memoria —la firma de una religión oral donde cada linaje guarda su mapa propio con celo de orfebre—. Y vale también la advertencia: los adjuntós, las clases y los sincretismos varían entre la Cabinda, la Ijexá, la Jeje y la Nagô; lo aquí listado es lo que la documentación registra con mayor consistencia, no un catálogo cerrado.
9 · Los símbolos: la espada, el rayo, las alianzas, la pitanguera
El alfabeto material de Oiá es breve y perfecto. La espada, porque es guerrera de pleno derecho, par de cualquier varón del panteón. El rayo, porque es suyo el fuego que corta el cielo antes del trueno de Xangô. El eruexim, el cetro de crin con que gobierna la frontera de los muertos. El cáliz y las monedas, señora de la abundancia que es. Y el más conmovedor de todos, documentado entre sus herramientas rituales: el par de alianzas —dos anillos de matrimonio—. La guerrera de los dos maridos ilustres lleva entre sus símbolos, para siempre, la memoria de sus dos amores: el herrero que la perdió y el rey que la ganó. Los cantos del Batuque lo saben y lo cantan; los que danzan en la rueda lo llevan en las manos.
El siete es su número en el Batuque —con el nueve reservándole su misterio en el nombre, en los oruns y en el delta del río—. El martes es su día, compartido con Xangô, como el fuego que comparten. El rojo y el blanco son sus colores, con énfasis en el rojo —guias de una cuenta roja y una blanca en la tradición más difundida, con variantes documentadas de casa en casa—. Y su árbol es la pitanguera: la etnografía registra que Oiá recibe mejor sus ofrendas cuando se depositan junto a una, y sus hojas figuran entre las hierbas que la literatura le consagra, junto a la espada-de-Iansã y la arruda. Que la señora de las tempestades haya elegido un árbol de fruta dulce y roja —roja como ella— es otro de esos detalles donde la teología y la poesía son la misma cosa.
10 · La mesa de Oiá: lo que la literatura documenta sobre sus ofrendas
La mesa documentada de Oiá es roja, dulce y de la tierra: la pipoca —la flor blanca del maíz, que atraviesa casi todas las mesas del panteón—; el opeté de batata dulce, amasado a mano con azeite de dendê; la manzana bien roja —a veces ahuecada y rellena de miel—; y las siete rodajas de batata dulce fritas, que las fuentes de la Cabinda reservan especialmente a sus clases de la calle. Sus frutas documentadas completan el retrato en rojo: la manzana, la pitanga, la cereza. Donde Bará comía la papa de los colonos y Ogum el asado de los trabajadores, Oiá come lo dulce y lo encarnado: hasta en la mesa se le nota el temperamento.
Y repito la regla de la serie, que no se negocia: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa. Lo que un blog puede hacer es lo que este hace: mostrar que hasta el menú de los Orixás tiene historia, coherencia y belleza.
11 · Santa Bárbara y Juana de Arco: los sincretismos de la guerrera
El sincretismo mayor de Oiá-Iansã es con Santa Bárbara, y una vez más los mayores eligieron con una precisión que da escalofríos: Santa Bárbara es, en la devoción popular católica, la protectora contra los rayos y las tormentas —la santa a la que se reza cuando truena, la de la copla que hasta los no creyentes conocen: «Santa Bárbara bendita...»—. La señora africana del rayo vestida con la santa europea del rayo: el sincretismo funcionó porque, debajo de los nombres, las dos hablaban el mismo idioma de tormenta. A ella se suman, como vimos, Juana de Arco para Oiá Dirã y Santa Teresita para Timboá en su adjuntó con Avagã: tres santas para tres caras de la misma guerrera.
El 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, es en todo Brasil la gran fecha popular de Iansã —con fiestas multitudinarias en Bahía y celebraciones en todo el sur y el Río de la Plata—, y en muchas casas los primeros truenos del verano austral llegan casi puntuales a la cita, como si la señora firmara el calendario. Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale todo lo dicho en las entradas anteriores: dos amores por la misma herencia, y ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.
12 · Oiá en el Río de la Plata
Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata —documentada por Corrêa y visible en los cientos de casas de religión de Montevideo, Buenos Aires y el conurbano— vale para Oiá con un matiz que cualquier rioplatense entiende sin explicación: esta es tierra de tormentas. La sudestada, el pamperazo, las tormentas eléctricas de diciembre que parten el cielo del conurbano en dos: el paisaje mismo de esta región habla el idioma de la señora. Cuando el viento se levanta de golpe antes de la lluvia y las vecinas corren a juntar la ropa del tendal, más de un batuquero sonríe y piensa lo que los mayores enseñaron: Oiá anda abanicando la saya.
Y a la vecina o al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre, que es el corazón de esta serie: eso que usted ve en el templo de su barrio no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un martes por la noche escucha los tambores y un grito de mujer que corta el aire —¡Epa iê io!—, ya sabe quién está siendo saludada: la primera dama de un panteón que cruzó un océano sin perder la corona.
13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio
Rige para Oiá lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la entrada de Bará: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación —herencia directa, según los investigadores, de las aldeas africanas, conservada en el sur por más de dos siglos—. Y con Oiá el silencio tiene una capa más, que el lector atento ya habrá intuido: siendo la señora de la frontera con los muertos, buena parte de su fundamento toca los rituales más reservados de toda la religión, aquellos de los que ni siquiera entre religiosos se habla fuera del lugar y el momento debidos. Esta entrada, como todas las de la serie, muestra el río que corre a cielo abierto; el resto pertenece al cuarto de santo, y está bien que así sea.
14 · Palabras finales
Tercera entrada, misma comprobación: la verdad alcanza y sobra. La historia real de Oiá —la del río que se volvió diosa y la diosa que se volvió nueve; la de la guerrera que aceptó el cargo que nadie quería y gobierna desde entonces la frontera más seria del universo; la de la señora que es tempestad en el cielo y techo y olla en la casa de sus hijos; la de las tres santas católicas que hicieron falta para vestir todas sus caras— no necesita un solo adorno. Necesitaba, apenas, ser contada con respeto.
Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted es hija o hijo de Oiá, sabrá disculpar que las palabras se queden tan cortas: al viento no se lo describe, se lo siente pasar.
Que Oiá, señora de los vientos, siga soplando a favor de quienes caminan derecho; que su rayo alumbre lo escondido, que su espada defienda a los suyos, y que su viento se lleve, de una buena vez, todo lo que no nos deja avanzar.
15 · Glosario para el lector que llega de afuera
Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas de Bará y de Ogum.
Egun (pl. eguns): espíritu de una persona fallecida; los eguns pertenecen al dominio de Oiá, que ordena su tránsito y su distancia respecto de los vivos.
Eruexim (erukèrè): cetro ritual de crin de caballo, emblema de Oiá, con el que gobierna y aparta a los eguns.
Orun (pl. oruns): el mundo espiritual; la tradición habla de nueve oruns o cielos hacia los que Oiá guía a los muertos según sus acciones.
Ìyá mésan (Iansã): «madre de nueve» en yoruba; título de Oiá cuyo origen narra el itan de las nueve partes.
Pitanguera: árbol de la pitanga, consagrado a Oiá; junto a él la tradición dice que recibe mejor sus ofrendas.
Abanicar la saya: expresión de los batuqueros para el ventarrón repentino: se dice que es Oiá pasando.
Adjuntó: (recordatorio) la unión o pareja ritual entre dos Orixás en la cabeza de una persona; Oiá es la Orixá con la red de adjuntós más extensa del Batuque.
16 · Referencias
- CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006 (obra resultante de veinte años de investigación de campo dentro de templos de Batuque).
- FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
- VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Oiá-Iansã: el río Níger, el itan de las nueve partes, el culto de Avesan/Abesan en el antiguo Dahomey).
- VERGER, Pierre Fatumbi. Notas sobre o culto aos orixás e voduns na Bahia de Todos os Santos, no Brasil, e na antiga Costa dos Escravos, na África. São Paulo: EDUSP, 1999 [1957].
- PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Oiá: la mujer búfalo, el fuego de Xangô, el señorío sobre los eguns, entre otros).
- Documentación etnográfica y sacerdotal del sur sobre clases, días, colores, guias, herramientas, adjuntós, sincretismos y ofrendas de Oiá-Iansã en las Naciones Cabinda, Ijexá, Jeje y Nagô del Batuque.
- Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.