✦ Religión Afrobrasileña · Espiritualidad · Cultura Africana ✦

El señor de las hojas

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · VII

Ossanha: el señor de las hojas

El médico del panteón, dueño de toda hierba que cura, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · séptima entrada de la serie
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Eu-Eu!
Día
Viernes (lunes en Ijexá y Cabinda)
Número
7 y sus múltiplos
Colores
Verde y amarillo (verde y blanco en Cabinda)
Símbolos
La hoja, la muleta, el bisturí
Dominio
Las hierbas, la medicina, la cura, huesos y músculos
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias: día, colores y guias cambian entre la Ijexá, la Cabinda y la Jeje, y la propia bibliografía lo registra. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: el médico de la serie

Quien viene siguiendo esta serie ya lo conoce: en el itan del cazador encantado, en la entrada de Odé y Otim, apareció por primera vez el señor que vive en lo profundo del monte y que guarda el secreto de las hojas. Le llega ahora su turno en el orden del toque: Ossanha, el médico del panteón, el dueño de toda hierba que cura —y por lo tanto, el Orixá sin el cual, literalmente, nada de nuestra religión podría existir, porque desde el más simple baño de hierbas hasta el asentamiento más solemne comienza con sus hojas—.

Confieso que esta entrada me toca de cerca por partida doble. Como sacerdote, porque Ossanha es el Orixá que sostiene el axé de todos los demás: sin sus hierbas no se lava una cabeza, no se asienta un Orixá, no se hace religión. Y como enfermero —mi otra vocación, que los lectores de este blog conocen—, porque entre las herramientas rituales documentadas de este Orixá figuran la muleta y el bisturí: el panteón africano puso en manos de su médico los mismos instrumentos que uso y veo usar cada día en los hospitales. Cada vez que la ciencia moderna redescubre en una planta un principio activo que los pueblos tradicionales usaban hace siglos, Ossanha sonríe desde el fondo del monte.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y con Ossanha la advertencia de la variación es especialmente concreta, porque la propia bibliografía la registra: sus colores son verde y amarillo en la Ijexá y verde y blanco en la Cabinda; su día es el viernes en unas casas y el lunes en otras, con fuentes sacerdotales que documentan ambas. Ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, y como en la entrada de Obá, a las leyendas se suma una tarjeta de fundamento con etiqueta propia.

Sobre las descripciones rituales y de salud de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos mencionados están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, con fines de documentación cultural. Ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por el sacerdote o sacerdotisa de cada casa. Y una aclaración que como enfermero no puedo omitir: la dimensión espiritual de la cura que esta entrada describe complementa y jamás reemplaza a la medicina; ante un problema de salud, siempre consulte a los profesionales sanitarios. Los mayores serios de nuestra religión enseñan exactamente lo mismo.

3 · Quién es Ossanha: sin sus hojas no hay religión

Ossanha es, en nuestra tradición, el dueño de todas las hojas: cada hierba medicinal, cada planta de fundamento, cada té, cada follaje del mundo le pertenece, y es él quien libera la propiedad mágica de las hojas en los rituales de todos los Orixás —la fórmula es de la propia literatura sacerdotal del sur—. Por eso la bibliografía lo llama el médico de las Naciones que componen el Batuque, y por eso su importancia es estructural: desde la más simple lavación de cabeza hasta el asentamiento de cualquier Orixá, todo comienza con sus hierbas. Es, junto con Bará de las puertas y Ogum del cuchillo, el tercer dueño sin cuya licencia la liturgia entera se detiene: el Batuque puede tocar sin muchos lujos, pero no puede tocar sin hojas.

Su dominio documentado se extiende del monte al cuerpo: a Ossanha pertenecen los huesos, los nervios y los músculos del cuerpo humano; la literatura lo vincula expresamente con la medicina —y hasta con la homeopatía— y le reconoce compartir con Xapanã el axé sobre la salud física, sociedad médica de la que hablaremos en la próxima entrada de la serie. Y guarda un dominio más, menos conocido y documentado también: es el guardián del oro de Oxum, y junto a Oxum Ademun rige la abundancia del dinero —el sabio del monte custodiando el tesoro de la señora más rica del panteón: nadie mejor que quien conoce el valor de lo que no brilla para cuidar lo que brilla—.

«Se puede hacer religión sin oro y sin seda. Sin hojas, no se puede hacer nada.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

4 · El señor de una sola pierna

Hay un rasgo de Ossanha que lo distingue de todo el panteón y que pido leer con el respeto con que nuestra religión lo trata: Ossanha no posee una de sus piernas. La documentación del Batuque lo registra con precisión conmovedora: camina con ayuda de muletas —la muleta figura entre sus herramientas rituales—, y cuando se manifiesta en un hijo, este danza con una pierna encogida, como si no la tuviera; muchos hijos de Ossanha danzan noches enteras equilibrándose sobre una sola pierna, honrando el precepto del Orixá. Y la tradición enseña algo más, que la literatura recoge: las personas con marcas o diferencias físicas en las piernas guardan, casi siempre, un fuerte vínculo espiritual con él.

Deténgase el lector en lo que esto significa, porque es una de las lecciones más adelantadas de toda nuestra teología: el panteón africano puso su medicina entera —el poder de curar todo lo curable— en manos de una divinidad con discapacidad. No a pesar de ella: con ella. El médico del universo camina con muletas, y no por eso cura menos; danza en una pierna, y no por eso danza peor. En un mundo que todavía hoy asocia el valor de las personas con la integridad de sus cuerpos, nuestra religión proclama desde hace siglos, cada vez que un hijo de Ossanha se levanta en un pie y baila hasta el amanecer, que la sabiduría y el poder no piden permiso al cuerpo. Sobre cómo perdió la pierna, la tradición conserva un itan que contaremos en su lugar —y que convierte esa ausencia en el acto más generoso de toda la mitología—.

5 · Un mismo principio, muchos nombres: Òsányin, Osain, Ossaim

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Òsányin (señor de las hojas) Nigeria, Benín
Candomblé Ossaim / Ossãe Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Osain (el dueño del monte) Cuba y su diáspora
Batuque Ossanha (Ossânha) Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Ossain / Ossanha Brasil, Río de la Plata

Y una curiosidad de familia que el lector argentino agradecerá: si el nombre le suena musical, es porque lo es —Vinicius de Moraes y Baden Powell titularon «Canto de Ossanha» a una de las canciones más célebres de sus Afro-sambas, y por esa puerta el nombre del señor de las hojas entró a la música popular de medio continente—. Que una divinidad africana perseguida haya terminado cantada en todos los festivales del mundo es, también, una forma de victoria.

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6 · Los itans de Ossanha: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque, que en el caso de Ossanha es particularmente rica.

Itan I

El jardinero que no arrancó ninguna hierba

Cuentan que Ossanha servía en la casa de Orunmilá, el señor de la sabiduría y del destino, y que un día este le ordenó limpiar su campo: arrancar todo el yuyo, dejar la tierra pelada y pareja. Ossanha fue, miró, y volvió con las manos vacías. —No puedo, señor —dijo—. Esta hoja cura la fiebre. Esta otra calma el dolor. Esta detiene la sangre. Esta ahuyenta el mal. No hay en tu campo una sola hierba inútil. Orunmilá, que era sabio, comprendió en el acto que tenía ante sí a alguien que sabía algo que ni el dueño del destino sabía: y en lugar de castigar la desobediencia, la consagró —desde aquel día, Ossanha quedó a cargo de todas las hojas del mundo, y los propios Orixás deben recurrir a él cuando necesitan curar—.

Sentido: no existe la hierba inútil: existe la ignorancia del que mira. Y la desobediencia del que sabe más vale, a veces, más que la obediencia del que no miró. Todo herbolario, todo farmacéutico y todo enfermero del mundo tiene en este itan su carta fundacional.

Itan II · conservado en la propia tradición del Batuque

El viento que repartió las hojas —y el secreto que no se pudo repartir

Cuentan que Ossanha, dueño único de las hierbas, cobraba por cada cura —aceptaba miel, tabaco y aguardiente como pago—, y que Xangô, temperamental como sabemos, no admitía que todos los Orixás dependieran de un solo señor. Pidió entonces a Oiá —nuestra vieja conocida, la señora de los vientos— que soplara: y la ventolera sacudió el árbol donde Ossanha guardaba sus hojas, esparciéndolas hacia todos los Orixás, que corrieron a apoderarse de las que pudieron. Ossanha, viendo volar su tesoro, gritaba «Ewé ó! Ewé ó!» —¡Oh, las hojas!—; pero mientras gritaba, repetía por lo bajo una reza. Y cuando el viento se calmó, se comprobó el resultado: cada Orixá tenía ahora sus hojas... pero solo Ossanha conocía el axé de cada una y la palabra que lo despierta. Repartieron el papel; el secreto no se pudo repartir. Por eso hasta hoy, enseña la tradición del sur, todas las hojas del mundo tienen dueños diversos, pero un solo médico.

Sentido: se puede robar la herramienta, pero no el oficio; el poder que vive en el conocimiento no se lo lleva ningún viento. Nótese además la delicadeza de la serie: el viento de Oiá que dispersó las hojas es el mismo que ya vimos avivar la fragua de Ogum —los itans son un solo tejido—.

Itan III · conservado en la propia tradición del Batuque

La pierna dada al pueblo

Sobre la pierna ausente de Ossanha, la tradición del sur conserva una leyenda que registra la propia literatura batuquera, y que es —lo digo sin exagerar— uno de los actos más generosos de toda la mitología universal: cuentan que cuando los ríos se secaron y los alimentos se agotaron, cuando la fertilidad entera del Aiê —la Tierra— se extinguió y el pueblo moría de hambre, Ossanha amputó una de sus propias piernas para alimentar a su gente. El médico del universo, el que conoce el remedio de todo, encontró un mal para el que no había hoja: el hambre de los suyos. Y lo curó con lo único que tenía a mano: su propio cuerpo. Desde entonces camina con muletas y danza en un pie —y desde entonces, cada vez que un hijo suyo baila la noche entera sobre una pierna, no está exhibiendo una carencia: está conmemorando una donación—.

Sentido: el sanador verdadero no es el que tiene todos los remedios: es el que, cuando no queda remedio, se da a sí mismo. La marca de su cuerpo es el diploma de su amor. Que todo el que trabaja en salud —y todo el que dio de más por los suyos— se reconozca en este itan.

Fundamento del Batuque · no es itan, es enseñanza ritual documentada

El dueño del monte donde el cazador se perdió

El lector de la serie ya conoce el itan del cazador encantado —Odé bebiendo la poción amunimuyé y quedando en el monte junto a Ossanha—, contado en la entrada anterior desde el lado del cazador. La enseñanza que el fundamento agrega, y que la documentación del sur conserva, es el reverso: Ossanha no robó a Odé por maldad, sino por fascinación ante sus habilidades —el sabio solitario del monte reconociendo al único que amaba la floresta tanto como él—. De aquella convivencia forzosa nació una alianza que el culto conserva: el cazador y el herbolario, los dos señores del monte, cada uno con su mitad del secreto verde. Hasta la soledad de los sabios —enseña el fundamento— busca compañía; y a veces la encuentra mal, para después aprender a tenerla bien.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

7 · Los símbolos: la palmera, la muleta, el bisturí, la tortuga

El alfabeto material de Ossanha es un consultorio en miniatura. Sus herramientas documentadas son el coqueiro de metal —la palmera, su árbol consagrado, en cuya cercanía la tradición enseña a depositar sus ofrendas, aceptando también la figueira y hasta el palto—; la muleta, memoria de la pierna dada; el bisturí, que comparte con Ogum su dueño del filo —el hierro corta, pero es la sabiduría la que sabe dónde cortar—; el cágado —la tortuga, el animal más paciente del monte, que carga su casa como el médico carga su ciencia—; y las monedas y búzios comunes al panteón.

El verde y el amarillo son sus colores en la tradición Ijexá —el verde de la hoja y el amarillo del sol que la madura, que mezclados dan, como anota la propia literatura, un «verde bien clarito»: el color exacto del brote nuevo—; el verde y el blanco en la Cabinda. El siete es su número, y el viernes su día en la tradición Jeje-Ijexá, con el lunes documentado para la Ijexá y la Cabinda según Ferreira: doble registro que consigno tal cual, porque así se escribe con honestidad. Su lugar es el interior del monte —y la literatura del sur registra con ternura cómo la religión se adaptó a la ciudad: donde ya no hay monte, sus ofrendas se depositan en áreas de pasto junto a palmeras de plazas y veredas. El señor de las hojas aprendió a atender en las plazas del conurbano: los buenos médicos hacen domicilios—.

8 · La mesa de Ossanha: lo que la literatura documenta

La mesa documentada de Ossanha es la del monte y la huerta: la pipoca; la linguicha de cerdo frita; los higos —la fruta del árbol sabio, coronando la bandeja—; y el opeté de batata inglesa amasado con una pizca de dendê, cuyo detalle más hermoso conserva la documentación del sur: según el linaje y la necesidad del fundamento, se le da forma de cono, de triángulo... o de pie o de rodilla, evocando expresamente su regencia sobre los miembros y las articulaciones. La comida moldeada con la forma de lo que se pide sanar: pocas imágenes condensan mejor la lógica profunda de nuestra liturgia. Algunas casas registran además el opeté coronado con siete monedas —el médico también guarda el oro de Oxum, y su mesa lo recuerda—.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

9 · San José y los santos del camino: los sincretismos del herbolario

El sincretismo documentado de Ossanha en la Nación Ijexá es con San José —el carpintero silencioso, el hombre justo que trabaja con las manos y no pronuncia una sola palabra en todos los evangelios: difícil encontrar mejor traje para el sabio callado del monte—. Y la Cabinda conserva, como siempre, su registro propio y su lógica de adjuntós: San Judas Tadeo cuando hace adjuntó con Iemanjá Bocí —el santo de las causas imposibles para el médico de los casos que nadie más cura— y San Cristóbal cuando lo hace con Oxum Demun —el gigante que carga al necesitado para cruzar el río: el que sostiene, como la muleta sostiene—. Tres santos de servicio callado para el Orixá que sirve sin vitrina: los mayores, una vez más, eligiendo con ojo de orfebre.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

10 · Ossanha en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para Ossanha con un matiz que cualquier rioplatense reconoce apenas se lo nombran: esta es tierra de yuyos. La región donde el té se toma con bombilla y la farmacia convive con la yuyera de la feria; donde la abuela cura el empacho, el mal de ojo se reza y el cedrón, la ruda, el malvón y la marcela tienen cada uno su oficio; donde medio país le pone hojas al mate como quien ajusta una receta. Todo ese saber popular —venga del monte guaraní, de la botica criolla o del terreiro— habla el idioma de Ossanha: el idioma de los que saben que en el pasto que pisamos crece, calladita, la solución de algo. Y en cada plaza del conurbano donde una palmera recibe una ofrenda discreta, el médico del panteón sigue pasando consulta, a la vista de todos y en secreto a la vez.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un viernes escucha los tambores y un grito breve como un latido —¡Eu-Eu!—, ya sabe a quién se saluda: al médico que atiende desde antes de que existieran los hospitales, y que nunca le cerró la puerta a nadie.

11 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Ossanha lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con Ossanha el silencio tiene su capa más espesa: el corazón mismo de su culto —cuál hoja, para qué, con qué palabra— es exactamente lo que el itan del viento enseña que no se puede repartir. Las hojas están a la vista de todos; su axé y su reza, no. Esta entrada muestra el río a cielo abierto; el resto pertenece al cuarto de santo y a la memoria de los mayores, y con el señor del secreto verde, más que con nadie, está bien que así sea.


12 · Palabras finales

Séptima entrada, y la verdad sigue alcanzando y sobrando. La historia real de Ossanha —la del jardinero que salvó todas las hierbas porque supo mirarlas; la del sabio al que un viento le robó las hojas pero no el oficio; la del médico que, cuando no hubo remedio para el hambre de su pueblo, se recetó a sí mismo; la del señor con muletas que baila mejor que todos los sanos— no necesita un solo adorno. Necesitaba ser contada con la reverencia que se le debe a los que curan.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted trabaja en salud —enfermera, médico, farmacéutica, camillero, cuidadora—: sepa que el panteón africano tiene un colega esperándolo en el fondo del monte, con la muleta en una mano y el remedio en la otra.

Que Ossanha, señor de las hojas, siga liberando el axé de todo lo que cura; que su ciencia acompañe a los que atienden y su paciencia a los que esperan; y que su pierna dada nos recuerde, cada vez que nos duela dar, que ninguna donación hecha por amor deja más pobre al que la hace.

¡Eu-Eu, mi padre Ossanha!
No hay hierba inútil. No hay persona inútil. Solo miradas que todavía no aprendieron a ver.

13 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Ewé: «hoja» en yoruba; la unidad mínima y máxima del poder de Ossanha.

Abô / omieró: el baño ritual de hierbas con que comienzan las obligaciones; ninguna liturgia existe sin él, y por eso ninguna existe sin Ossanha.

Aiê: el mundo material, la Tierra; contraparte del orun, el mundo espiritual.

Cágado: la tortuga, animal y herramienta ritual documentada de Ossanha.

Coqueiro: la palmera, árbol consagrado de Ossanha, junto al cual la tradición enseña a depositar sus ofrendas.

Orunmilá: el señor de la sabiduría y del oráculo, protagonista junto a Ossanha del itan del jardinero; en el Batuque su culto está ligado al de Oxalá.

Amunimuyé: (recordatorio) la preparación de hojas del itan del cazador encantado: «la que se apodera de la persona y de su entendimiento».

14 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994 (registro de día, colores y culto de Ossanha en las Naciones Ijexá y Cabinda).
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Òsányin: el señor de las hojas, su culto en África y América).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Ossaim: el jardinero de Orunmilá, el viento y las hojas, el encantamiento del cazador).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Ossanha en las Naciones del Batuque: saludo, días, números, colores y guias, herramientas (coqueiro, muleta, bisturí, cágado), ofrendas y las formas del opeté, árboles consagrados, adjuntós con Oxum Demun e Iemanjá Bocí, sincretismos, la danza en una pierna, la regencia sobre huesos, nervios y músculos, el axé de la salud compartido con Xapanã, la custodia del oro de Oxum y el itan de la pierna dada al pueblo, conservado en la tradición del sur.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá · VII. Ossanha
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual ni la atención médica profesional. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una hoja más en el árbol del respeto.

Mercado de Porto Alegre

La luchadora incomprendida

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · VI

Obá: la guerrera del río

La luchadora incomprendida, dueña de la rueda y del timón, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · sexta entrada de la serie
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Exó!
Día
Miércoles (lunes en algunas casas)
Número
7 y sus múltiplos
Color
Rosa (guia toda rosa)
Símbolos
La rueda, el timón, la navaja
Dominio
La lucha, las máquinas, los vehículos, la lealtad
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias de esta ficha: hay casas que la consagran el lunes, y ofrendas que cambian de linaje en linaje. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: una deuda de justicia

Después de la pareja del monte, el orden del toque nos trae a Obá, y quiero decir desde la primera línea por qué esta entrada me importa de un modo particular: de todo el panteón, Obá es la Orixá más injustamente tratada por la fama. La mayoría de quienes la conocen de oídas la conocen por una sola historia —la de la oreja, que ya rozamos en la entrada de Xangô— y por el papel ingrato de «la esposa engañada». Pero la que conoce el fundamento sabe otra cosa: Obá es la guerrera más brava del panteón femenino junto a Oiá, la más leal de todas las esposas del rey, la dueña de la rueda y del timón —es decir, la patrona de todas las máquinas, los autos y los navíos del mundo moderno—, y una maestra de dignidad cuya historia merece contarse entera, no reducida a su peor día. Esta entrada es, entonces, además de un estudio, una pequeña restitución de justicia —y qué mejor serie para hacerla que una que viene del capítulo del rey justo—.

Rige la promesa de siempre: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale la advertencia de toda la serie: lo aquí descrito es una mirada situada; en la Cabinda, la Ijexá, la Jeje o la Oyó, días, ofrendas y fundamentos varían. Ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre —con una particularidad en esta entrada: al corpus de leyendas se suma un fundamento propio del Batuque, que señalo con etiqueta aparte, porque la honestidad de esta serie incluye distinguir lo que es leyenda antigua de lo que es enseñanza ritual del sur—.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos que se mencionan están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, y se incluyen con fines de documentación cultural. En nuestra religión, ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por la orientación directa del sacerdote o sacerdotisa de cada casa.

3 · El nombre: Obá, el río y la reina

Como Oiá y como Otim, Obá lleva nombre de agua: es el río Obá, que corre por tierras yorubas y que —detalle documentado que retomaremos en los itans— se encuentra con el río Oxum en una confluencia de aguas revueltas, como si los dos ríos siguieran discutiendo lo que discutieron sus señoras. Y su nombre resuena además con la palabra yoruba para «rey» (ọba) —la misma que oímos en el título Obá Cossô de Xangô y en el grito Kabecilê—: hasta en el sonido de su nombre, esta señora carga realeza. La tradición la cuenta entre las tres esposas de Xangô —la más antigua, la primera, la de mayor rango— y entre las más guerreras de todo el panteón: la documentación del Batuque la describe, junto a Oiá, como una de las más bravas entre las Orixás femeninas.

4 · Quién es Obá

Obá es, en nuestra tradición, la Orixá guerrera y luchadora: la señora de la fuerza física entre las mujeres del panteón, la que venció cuerpo a cuerpo a quienes ningún otro vencía, la esposa más antigua y más fiel del rey Xangô. La bibliografía del Batuque le reconoce además dos dominios que la vuelven única: comparte con Oiá la relación con el culto de los muertos —las dos señoras bravas custodian juntas esa frontera—, y es la dueña de la rueda y del timón, con todo lo que de ello se deriva y que veremos en la sección siguiente.

Del arquetipo de sus hijas e hijos, la tradición dice algo que prefiero citar casi textual porque es un retrato hecho con amor: son personas luchadoras, bravas, y por eso mismo muchas veces poco comprendidas. Gente que no aprendió a fingir, que dice lo que piensa con la frente alta, que trabaja el doble y pide la mitad, que ama con una lealtad total y sufre con la misma intensidad cuando esa lealtad no es correspondida. El mundo suele ser injusto con los que no saben hacerse los simpáticos; Obá es la patrona celestial de todos ellos. Si el lector conoce a una de esas mujeres que sacaron adelante una casa entera a fuerza de brazo y nadie les dio nunca las gracias, ya conoce a una hija del temple de Obá: esta entrada también es para ella.

«A Obá no la quieren los que buscan encanto: la quieren los que buscan alguien que no suelte. Y cuando todo lo demás suelta, Obá sigue agarrando.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

5 · La dueña de la rueda: Obá y las máquinas del mundo moderno

Aquí está el dato que casi nadie fuera de la religión conoce, y que la documentación del Batuque registra con todas las letras: todas las máquinas, los autos y los navíos están relacionados con Obá, porque a ella le pertenecen la rueda y el timón. Entre sus herramientas rituales documentadas figuran, junto a la navaja y las monedas, la rueda y el timón de barco: los dos objetos con los que la humanidad dominó la distancia. Piense el lector en lo que eso significa hoy: cada colectivo del conurbano, cada camión en la ruta, cada auto, cada barco que cruza el Río de la Plata, cada máquina que gira en una fábrica, rueda bajo el dominio de esta señora que la fama redujo a «la esposa engañada».

Y la coherencia teológica es perfecta, si uno se detiene a mirarla: ¿qué es una rueda sino la fuerza constante y sin gloria? La rueda no brilla como la espada ni truena como el rayo: gira, y girando sostiene el mundo entero. Trabaja siempre, no descansa nunca, nadie le agradece, y sin ella nada llega a ninguna parte. Es exactamente el retrato de Obá y de sus hijas: la fuerza leal, constante e incomprendida sobre la que todo lo demás se apoya. Los mayores del sur, cuando le entregaron a Obá la rueda y el timón, hicieron el más justo de los repartos: le dieron a la más trabajadora el símbolo del trabajo que no se detiene.

6 · Un mismo principio, muchos nombres: Ọbà, Obbá, Obá

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Ọbà (el río Obá) Nigeria
Candomblé Obá Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Obbá Cuba y su diáspora
Batuque Obá, dueña de la rueda y el timón Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Obá (culto menos difundido) Brasil, Río de la Plata

Una observación de justicia comparada: en casi todas las columnas de esta tabla, Obá es una Orixá de culto discreto, opacada por sus hermanas más famosas. El Batuque, en cambio, le conserva lugar propio en el orden del toque, ofrenda propia, día propio y —sobre todo— ese dominio magnífico de la rueda que otras tradiciones no registran con la misma fuerza. Otra vez el sur cuidando a las señoras que el resto del mundo mira poco: primero Otim, ahora Obá. Va siendo un patrón, y un motivo de orgullo.

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7 · Los itans de Obá: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque. En esta entrada, como anuncié, a las tres leyendas se suma una tarjeta de fundamento: enseñanza ritual documentada del sur, que no es leyenda antigua y merece su etiqueta propia.

Itan I

La luchadora invencible

Cuentan que Obá era la más fuerte de todas: tan diestra en la lucha cuerpo a cuerpo que desafió y venció, uno por uno, a los propios Orixás. Ninguno resistía su abrazo de guerrera; ninguno lograba derribarla. Hasta que uno de los grandes guerreros del panteón —Ogum en las versiones más difundidas que recoge Verger; otras tradiciones nombran a Xangô— comprendió que a Obá no se la vence con fuerza, porque fuerza le sobra, y recurrió a la astucia: preparó el terreno del combate con una sustancia resbaladiza, y cuando Obá cargó con todo su ímpetu, sus pies la traicionaron. Fue la única vez que tocó el suelo, y de aquella única caída la tradición hace nacer su historia de esposa. Pero repárese en lo que el itan realmente dice, porque suele leerse mal: a Obá nadie la venció jamás en buena ley. Para derribarla hubo que hacer trampa; su marca de invicta, en el fondo, sigue intacta.

Sentido: a los fuertes de verdad no se los vence de frente, y la única derrota de los leales suele venir por donde no pelean: por la confianza. Recuérdese este sentido, porque el itan siguiente lo repite con más dolor.

Itan II

La oreja: la historia entera, contada desde Obá

La contamos en la entrada de Xangô desde el salón del rey; corresponde ahora contarla desde donde duele. Obá, la esposa más antigua, veía cómo el favor del rey se inclinaba hacia Oxum, y cometió el único error que su lealtad le permitía: pedir consejo para amar mejor. Oxum, cubriéndose la cabeza con un paño, le confió un falso secreto —que el amalá del rey llevaba su propia oreja como ingrediente—, y Obá, que no sabía amar a medias, se cortó la suya de verdad y la sirvió. Lo demás es sabido: el horror del rey, la risa de la rival, la disputa ardiendo hasta que ambas se transformaron en ríos. Pero el Batuque guarda de esta historia lo que la fama descarta: la documentación registra que Obá, al manifestarse en la rueda, danza con una mano cubriendo su oreja —y que ese gesto se danza con respeto, no con burla—. Porque la rueda sabe leer: en esta historia hubo una astuta y hubo una capaz de darlo todo, y el cuerpo de la religión, generación tras generación, honra a la segunda.

Sentido: quien ama sin reservas queda inerme ante quien ama con estrategia; pero el tiempo —y la liturgia— terminan poniendo a cada una en su lugar. La oreja de Obá no es la marca de su humillación: es la medalla de la única que estuvo dispuesta a todo.

Itan III

Los ríos que siguen discutiendo

Cuentan que cuando la disputa entre Obá y Oxum llegó a su punto más alto, y la cólera del rey se volvió contra ambas, las dos señoras huyeron por el monte y, en la fuga, se transformaron en ríos —los ríos que hasta hoy llevan sus nombres en tierra yoruba—. Y la tradición conserva el detalle que la geografía confirma y que la documentación del Batuque registra expresamente: en el punto donde el río Obá y el río Oxum se encuentran, las aguas son revueltas y turbulentas —como si las dos rivales, vueltas agua, siguieran midiendo fuerzas en cada confluencia, siglo tras siglo—. Los pescadores de la región lo saben sin teología: hay cruces de agua donde conviene remar con respeto.

Sentido: hay heridas que ni la transformación cura del todo, y la naturaleza guarda memoria de las historias que la habitaron. Donde dos aguas chocan, alguna vez chocaron dos corazones.

Fundamento del Batuque · no es itan, es enseñanza ritual documentada

Las dos señoras de la frontera

La documentación del sur enseña que Obá, como Oiá, está relacionada con el culto de los muertos: las dos guerreras comparten la custodia de esa frontera que el rey Xangô ordenó —como contamos en las entradas anteriores—. No es casualidad que la tarea más seria del universo haya recaído en las dos señoras más bravas: donde otros titubearían, ellas montan guardia. El fundamento completo de esa función pertenece, como corresponde, a los mayores y al cuarto de santo.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto —con Obá, nunca mejor dicho—; lo demás pertenece al cuarto de santo.

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8 · Los símbolos: la rueda, el timón, la navaja, el rosa

El alfabeto material de Obá es breve y contundente, como ella. La rueda, su emblema mayor: la fuerza constante que sostiene el mundo sin pedir aplauso, y con ella todas las máquinas y vehículos que de la rueda descienden. El timón, que gobierna los navíos: porque la que carga también sabe dirigir. La navaja, documentada entre sus herramientas: el filo íntimo de la guerrera, arma de mano corta para quien pelea de cerca y de frente. Y las monedas y los búzios, comunes al panteón. La documentación registra su ave propia —la gallina gris de cuello dorado— y hasta su flor: el lirio morado, digno de una reina que no eligió colores fáciles.

El rosa es su color, y merece un párrafo propio porque es único en todo el panteón del Batuque: ninguna otra Orixá viste guia enteramente rosa. Y nótese la ironía hermosa que los mayores dejaron plantada: le dieron el color que nuestra época asocia con la dulzura... a la luchadora más brava del panteón femenino. Como si la tradición hubiera querido dejar dicho, siglos antes de que hiciera falta, que la fuerza y la ternura no son contrarias —que se puede ser la más fuerte del universo y amar hasta cortarse una oreja—. El siete es su número, y el miércoles su día en la tradición más difundida, con casas que la consagran el lunes: variación legítima que la propia bibliografía registra.

9 · La mesa de Obá: lo que la literatura documenta

La mesa documentada de Obá es sobria y fresca, como una comida de guerrera en campaña: el feijão miúdo refogado con perejil —el tempero verde que la documentación registra expresamente—, la canjica, y el toque que la distingue de todas las demás mesas del panteón: la rodaja de ananá —el abacaxi— con epô, la fruta fresca y ácida coronando el plato. Donde otras mesas empalagan, la de Obá refresca: hasta en la comida, esta señora es la que no necesita adornarse para valer.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

10 · Santa Catalina: el sincretismo de la rueda

Si esta serie viene coleccionando sincretismos elegidos con precisión de orfebre —San Pedro y las llaves para Lodê, San Jorge y la lanza para Ogum, San Jerónimo y el león para Agodô, San Miguel y la balanza para Aganju, San Sebastián y las flechas para Odé—, el de Obá cierra la colección con broche de oro: la documentación del sur la sincretiza con Santa Catalina. Y Santa Catalina de Alejandría es, en toda la iconografía cristiana, la santa de la rueda: la joven sabia que venció en debate a los filósofos del imperio y fue condenada al suplicio de la rueda dentada —la rueda que, cuenta su tradición, se quebró antes que quebrarla a ella—. Los pintores la retrataron durante siglos con su rueda al lado, como a Jerónimo con su león y a Miguel con su balanza. La dueña de la rueda vestida con la santa de la rueda —y no cualquier santa: una mujer brava, letrada e indoblegable, a la que ningún instrumento pudo vencer—: una vez más, los mayores del Batuque hicieron teología comparada del más alto nivel sin pisar una universidad.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale, por última vez en esta entrada, lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

11 · Obá en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para Obá con el matiz más cotidiano de toda la serie: si a ella le pertenecen la rueda y el timón, entonces la señora tiene bajo su dominio, literalmente, la vida entera de esta región que vive arriba de las ruedas —los colectivos del conurbano, los camiones de la ruta, los trenes, los remises, las motos del reparto, los barcos del puerto—. Cada chofer que sale a trabajar de madrugada, cada camionera, cada colectivero que hace la línea completa dos veces por día, trabaja en territorio de Obá: la patrona de los que mueven el mundo sin que nadie les dé las gracias. Que los trabajadores del volante sepan que tienen una Orixá propia —y que es, además, la más leal y la más incomprendida del panteón, como tantos de ellos— me parece una de las noticias más lindas que esta serie puede dar.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un miércoles escucha los tambores y un grito seco y firme —¡Exó!—, ya sabe a quién se saluda: a la guerrera que nunca perdió en buena ley, y que sigue de pie.

12 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Obá lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación —herencia directa, según los investigadores, de las aldeas africanas, conservada en el sur por más de dos siglos—. Y con Obá, como con Oiá, el silencio guarda una capa más: su relación documentada con el culto de los muertos toca los rituales más reservados de toda la religión. Esta entrada muestra el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo, y está bien que así sea.


13 · Palabras finales

Sexta entrada, y una comprobación nueva que se suma a la de siempre: no solo la verdad alcanza y sobra —a veces, además, la verdad repara—. La historia real de Obá —la de la luchadora a la que solo la trampa pudo derribar; la de la esposa que amó hasta el límite del cuerpo y cuyo gesto la rueda danza con respeto y no con burla; la de los ríos que siguen discutiendo en cada confluencia; la de la dueña de la rueda que sostiene, sin aplausos, todo lo que se mueve en este mundo— no necesitaba adornos. Necesitaba algo más difícil: ser contada entera, y no reducida a su peor día. Ojalá esta entrada haya pagado, aunque sea en parte, esa deuda.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted es hija o hijo de Obá: que el mundo aprenda de una vez a ver lo que ustedes valen —y mientras aprende, que les importe poco—.

Que Obá, guerrera del río, siga sosteniendo la rueda de los que trabajan sin aplauso; que su navaja corte toda trampa antes de que toque a los leales; y que su historia nos enseñe, de una vez, que la fuerza más grande del universo es la del amor que no se guarda nada.

¡Exó, mi madre Obá!
Invicta en buena ley. Que la rueda siga girando.

14 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Exó: el saludo ritual de Obá en el Batuque.

Timón (timão): el gobernalle de los navíos, herramienta ritual documentada de Obá; por él le pertenecen los barcos.

Navaja (navalha): el filo de mano corta documentado entre las herramientas de Obá: arma de quien pelea de cerca y de frente.

Canjica: preparación ritual y popular a base de maíz blanco, documentada en la mesa de Obá.

Feijão miúdo: el poroto pequeño de la cocina litúrgica del sur, base documentada de la ofrenda de Obá.

Epô: otro nombre litúrgico del azeite de dendê, el aceite rojo de palma.

Río Obá: río de tierra yoruba que lleva el nombre de la Orixá; su confluencia con el río Oxum es de aguas revueltas, memoria viva del itan de las rivales.

15 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Obá: la luchadora, el río, las esposas de Xangô).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Obá: la lucha, la oreja, la transformación en río).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Obá en las Naciones del Batuque: saludo, día, número, color y guia rosa, herramientas (rueda, timón, navaja), adjuntós con Bará, Xangô Aganju y Xapanã, ofrendas, el dominio sobre máquinas y vehículos, la danza con la mano en la oreja, la relación con el culto de los muertos y el sincretismo con Santa Catalina.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una rueda más girando a favor.

El cazador de la flecha única

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · V

Odé y Otim: los señores del monte

El cazador de la flecha única y la señora del cántaro: la pareja inseparable de la abundancia, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · quinta entrada de la serie
Ficha de los Orixás · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Okê Bambô! (Okê Arô para Otim en algunas casas)
Día
Viernes (jueves en algunas casas)
Número
7 (8 en otras naciones)
Colores
Azulón · con blanco (Odé) y con rosa (Otim)
Símbolos
El arco y la flecha · el cántaro
Dominio
El monte, la caza, la abundancia, el sustento del hogar
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias: guias azul/rosa/blanca en la Cabinda, azulón con rosa en la Ijexá, y números y días que cambian de casa en casa. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: la primera entrada doble de la serie

Esta entrada es distinta a todas las anteriores, y lo es por obediencia al fundamento: después del rey Xangô, el orden del toque nos trae no a un Orixá sino a dos, y separarlos habría sido faltarles el respeto. Odé y Otim son la pareja inseparable del Batuque: donde está uno está el otro, se los saluda juntos, se los asienta juntos, se los sirve juntos —la propia literatura de la religión enseña que no se ofrenda a uno sin dar al otro—. Una serie que presume de seriedad no podía hacer con ellos lo que ni los mayores hacen: tratarlos de a uno.

Y hay una segunda razón por la que esta entrada me emociona especialmente, y la adelanto porque es uno de los datos más hermosos de toda nuestra religión: Otim es un tesoro que prácticamente solo el sur conserva. La documentación es unánime: esta Orixá femenina es cultuada en Brasil principalmente en Rio Grande do Sul —y desde allí, en el Uruguay y la Argentina—; el Candomblé bahiano no la conoce como Orixá propia, y su memoria plena vive en el Batuque y en casi ningún otro lugar del mundo. Cuando un templo de Lomas de Zamora o de Montevideo canta para Otim, está sosteniendo, casi en soledad planetaria, un hilo de memoria africana que en todas partes menos aquí se adelgazó hasta perderse. Esta entrada quiere ser también un homenaje a ese milagro de conservación.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto. Y vale la advertencia de siempre, que con esta pareja se vuelve especialmente necesaria porque su culto varía mucho entre casas: lo aquí descrito es la mirada de la Nación Nagô-Jeje y de las fuentes citadas; en la Cabinda, la Ijexá o la Oyó, guias, números, días y sincretismos cambian. Ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre: son teología narrada, existen en muchas versiones, y las recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos que se mencionan están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, y se incluyen con fines de documentación cultural. En nuestra religión, ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por la orientación directa del sacerdote o sacerdotisa de cada casa.

3 · Quién es Odé: el Rey de Queto

Odé es, en nuestra tradición, el Orixá de la caza y del monte: el arquero perfecto del panteón, el joven señor de las florestas, el proveedor. Su propio nombre lo dice todo: ọdẹ significa, en yoruba, sencillamente «cazador». Es el mismo que el Candomblé conoce como Oxóssi —la documentación del Batuque lo registra expresamente—, y la tradición le reconoce el título de Rey de Queto, la antigua ciudad yoruba de la que fue patrono y monarca, y desde la cual su culto llegó a ser uno de los más difundidos de toda la diáspora.

Pero la clave de Odé está en el tipo de guerrero que es. La literatura del sur lo distingue con precisión: a diferencia de los Orixás que combaten contra ejércitos, el combate de Odé es cotidiano —en el monte, buscando el alimento que garantiza la vida de su familia—. No pelea por gloria: pelea por la olla. Es el Orixá del sustento diario, de la despensa llena, del «buen andamiento de la vida y de las casas», como lo formula la propia documentación batuquera. Y de ahí su otro rasgo esencial, que los mayores subrayan: el amor a la libertad y la independencia. El cazador trabaja solo, decide solo, se guía por su propio ojo; su templo es el monte abierto y su ley, la puntada exacta. Los hijos de Odé —dice el arquetipo documentado, con las reservas de siempre— heredan ese aire: gente despierta, rápida, curiosa, con iniciativa, amiga de las novedades y los descubrimientos, que se ahoga en las jaulas y florece en el campo abierto.

4 · Quién es Otim: el tesoro que solo el sur conserva

Otim es la Orixá cazadora: compañera inseparable de Odé, arquera como él, pescadora de lanza, señora que recorre el monte con un cántaro de agua sobre la cabeza —su emblema, el símbolo de su axé—. Como Oiá, lleva nombre de río: la documentación registra que Otim es el nombre de un río que corre entre Ilorin e Ibadán, en Nigeria —la cazadora es también agua dulce, y por eso su cántaro nunca está vacío—.

Su rareza es su historia. La literatura registra que Otim tiene casi ausencia de hijos de cabeza —la mitología enseña que no tuvo hijos en la tierra, y que por eso cede sus cabezas a Odé—, lo que explica su casi olvido fuera del sur. Y sin embargo, en el Batuque su presencia es estructural: la documentación del Rio Grande do Sul enseña que Otim integra el erumalé —el conjunto de Orixás asentados— de casi todos los sacerdotes del estado, y que quien asienta a Odé está obligado a hacer junto las obligaciones de Otim. Puede tener pocos hijos, pero ninguna casa seria camina sin ella: es la diferencia entre la fama y el fundamento, y Otim eligió el fundamento.

Sobre quién es Otim en el plano del misterio, la tradición conserva versiones distintas que veremos en los itans —incluida una de una belleza única en todo el panteón: la que enseña que Otim es el único Orixá que jamás vivió en la tierra—. Lo que ninguna versión discute es su lugar: al lado de Odé, para siempre. Hasta el apodo cariñoso que la tradición le conserva —«la gorda», por el itan de la caza compartida que contaremos— habla de una intimidad de siglos: solo a los seres más amados de la casa se les dice así, con esa mezcla de risa y ternura que no se le permite a ningún extraño.

5 · Donde está Odé está Otim: la teología de la pareja

La fórmula es de la propia literatura del Batuque y merece grabarse: «donde está Odé está Otim». No se sacrifica para uno sin dar al otro; los animales de sus ofrendas son los mismos, cambiando apenas el sexo; sus asentamientos van juntos; su saludo se pronuncia para los dos. El adjuntó principal de Odé es Otim, y el de Otim es Odé —y en las raras ocasiones documentadas en que Odé hace adjuntó con Oxum Pandá, Ademun o Iemanjá Bocí, la tradición enseña que Otim no desaparece: pasa a la «passagem», sigue presente, porque no hay configuración del universo en la que Odé camine sin ella—.

Deténgase el lector un momento en lo que esto significa teológicamente, porque no conozco nada igual en otras tradiciones: nuestro panteón consagró, en el corazón mismo de su liturgia, la pareja como unidad sagrada indivisible. No dos Orixás que se aman —amores y desamores sobran en los itans, como vimos con Ogum, Oiá y Xangô—, sino dos que son uno: la sociedad perfecta del que provee y la que administra, del que caza y la que carga el agua, del arco y el cántaro. En un panorama mitológico mundial lleno de dioses solitarios y matrimonios tormentosos, el Batuque guarda esta imagen mansa y revolucionaria: la divinidad puede ser, también, un equipo de dos que no se falla.

«Al monte no se entra de a uno. Odé ve la caza; Otim ve el camino de vuelta.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

6 · Un mismo principio, muchos nombres: Oxóssi, Ochosi, Odé

Como en toda la serie, el mapa de la diáspora del cazador, que es un mapa de respeto:

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Ọṣọọsì / Ọdẹ (patrono de Ketu) Nigeria, Benín
Candomblé Oxóssi Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Ochosi (uno de los Guerreros) Cuba y su diáspora
Batuque Odé, siempre junto a Otim Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Oxóssi y las líneas de caboclos Brasil, Río de la Plata

Y la observación que hace única a esta fila de la tabla: Otim no tiene equivalente pleno en las otras columnas. La documentación registra en el Candomblé de Ketu apenas una Oxum Otim —una cualidad cazadora y arisca de Oxum—, sombra lejana de la Orixá completa que el sur conserva con culto, asentamiento, ofrendas y saludo propios. En el mapa mundial de la diáspora africana, la casilla de Otim está casi vacía en todas partes... menos en la nuestra. Léalo el lector rioplatense con el orgullo que corresponde: hay una señora del panteon yoruba cuya memoria plena vive hoy, fundamentalmente, entre Porto Alegre, Montevideo y Buenos Aires.

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7 · Los itans de Odé y Otim: cuatro leyendas de la tradición oral

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque. El lector religioso reconocerá variantes, y está bien que así sea.

Itan I

Oxotokanxoxô: el cazador de la flecha única

Cuentan que un pájaro gigantesco, enviado por las hechiceras, se posó sobre el palacio de la ciudad, y que su sombra trajo desgracia y miedo. El rey mandó llamar a los cazadores más célebres: vino el de las veinte flechas, y falló; vino el de las cuarenta flechas, y falló; vino el de las cincuenta, fanfarrón como los anteriores, y falló también. Quedó solo un joven de Iremá, hijo único, que se presentó con una sola flecha: Oxotokanxoxô, «el cazador de un solo disparo». Su madre, comprendiendo que su hijo estaba a un paso de la muerte o de la gloria, corrió a consultar al adivino, hizo la ofrenda debida y pronunció tres veces la palabra justa. En el instante exacto en que la flecha partía, el pájaro aflojó el encanto que lo protegía —para recibir la ofrenda de la madre— y el único disparo lo atravesó. El pájaro cayó, el pueblo danzó y gritó el nombre nuevo del héroe —Oxó wusì!, «el cazador es popular»—: y de ese grito, enseña Verger, nació el nombre con que medio mundo lo conoce, Oxóssi.

Sentido: la puntería vale más que el arsenal, y la humildad más que la fanfarria. Pero nótese quién gana de verdad esta historia: la madre que hizo la ofrenda a tiempo. Detrás de cada flecha perfecta hay alguien que preparó el camino.

Itan II

El hechizo de Ossanha

Cuentan que Iemanjá, madre de Odé, andaba inquieta por su hijo y consultó al adivino, que le advirtió: si Odé seguía internándose en el monte, encontraría a Ossanha —el señor del axé de las hojas, que vive en las profundidades de la floresta— y quedaría atado a su compañía para siempre. Iemanjá le exigió a su hijo que renunciara a la caza; pero Odé, que es la independencia misma, siguió saliendo con los demás cazadores. Como siempre, se separaban junto al gran árbol y volvían a encontrarse allí al caer el día. Hasta que un día Odé no volvió: había encontrado a Ossanha, que le dio a beber una poción de hojas maceradas —la que la tradición llama amunimuyé, «la que se apodera de la persona y de su entendimiento»—, y Odé, olvidado de quién era y de dónde venía, se quedó viviendo en el monte con el señor de las hojas. La leyenda enseña que el encantamiento con el tiempo se quebró; pero algo de Odé quedó para siempre en el monte, y algo del monte quedó para siempre en Odé.

Sentido: hay llamados más fuertes que todas las advertencias, y vocaciones que ni el amor de una madre puede desviar. El próximo protagonista de esta serie, dicho sea de paso, acaba de entrar en escena: Ossanha, el señor de las hojas, nos espera en la entrada que viene.

Itan III · conservado en la propia tradición del Batuque

La caza compartida

Este itan es pequeño como una semilla y, como una semilla, contiene el árbol entero de esta pareja. Cuentan los mayores del sur —y la literatura del Batuque lo registra con las mismas palabras cariñosas— que Odé sale a cazar y acierta siempre, porque es el mejor; pero que, cobrada la presa, le da pena y remordimiento, y entonces le entrega la caza a Otim, que se la come toda y rápido —y por eso el apodo tierno con que la tradición la nombra—. En dos líneas, el itan pinta todo: el cazador de corazón blando que provee sin crueldad, la compañera de apetito franco que no desperdicia lo que la vida da, y entre los dos, la abundancia que no sobra ni falta. Son los Orixás de la «fartura» —de la despensa llena y la mesa generosa— precisamente porque entre los dos completan el ciclo entero del sustento: conseguirlo y honrarlo.

Sentido: la abundancia no es acumular, es que nada de lo que la vida entrega se pierda ni se deshonre. Él caza con pena; ella come con gratitud: juntos enseñan la única relación limpia que existe con el alimento.

Itan IV · dos tradiciones sobre un mismo misterio

Los dos orígenes de Otim

Sobre quién es Otim, la tradición conserva dos leyendas, y la honestidad de esta serie obliga a presentarlas juntas. La primera cuenta que Otim nació princesa: hija de Enrilé, rey de la ciudad de Otã, vino al mundo con una marca en el cuerpo que su padre convirtió en secreto de Estado, aconsejándole no casarse jamás —porque un esposo, por más que la amara, algún día se enojaría y revelaría al mundo lo que debía permanecer oculto—. La tradición enseña que el secreto, como todos los secretos confiados a la ira ajena, terminó traicionado, y que Otim huyó de la vergüenza hacia el monte y hacia el agua, hasta volverse el río que lleva su nombre. La segunda leyenda es de una ternura que no tiene igual en todo el panteón: cuenta que Odé, que cazaba siempre solo, imaginó una compañera con tanta fuerza y tantas ganas que Otim apareció —siendo así, según este itan, el único Orixá que jamás estuvo vivo en la tierra: la única divinidad nacida pura y enteramente del deseo de no estar solo—.

Sentido: las dos versiones, tan distintas, enseñan lo mismo desde orillas opuestas —que Otim es la respuesta a una herida: la de la que fue traicionada y encontró refugio, o la del que estaba solo y encontró compañía—. Por eso su cántaro nunca se seca: está hecho del agua que consuela.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

8 · El cazador que protege a los animales

Hay un dato documentado sobre Odé que parece una contradicción y es, en realidad, la clave más honda de su teología: la literatura registra que en los cultos puramente africanos sus ofrendas eran devueltas a la naturaleza, porque Odé es considerado el protector de los animales. El gran cazador es, al mismo tiempo, el guardián de la caza: su responsabilidad como Orixá —lo formula la propia documentación— es garantizar la vida de los animales, para que el alimento de los seres humanos esté asegurado hoy y siempre. Ningún ecologista moderno lo diría mejor: el que vive del monte es el primer obligado a que el monte viva. Odé caza para comer, jamás por deporte; toma lo necesario y protege el resto; y su pena tras cada presa —la del itan de la caza compartida— es la conciencia de quien sabe que todo alimento es una vida que se entrega. En tiempos de depredación, pocos mensajes de nuestra religión son más actuales que el del joven arquero del monte: la naturaleza no es despensa, es socia; y con las socias no se abusa.

9 · Los símbolos: el arco, la honda, el bodoque, el cántaro

El alfabeto material de esta pareja es el más campestre de todo el panteón, y tiene un detalle que enternece a cualquiera que haya sido chico en este continente. Las herramientas documentadas de Odé y Otim son el arco y la flecha, la lanza, la funda —la honda— y el bodoque —la gomera, la infaltable horqueta con elástico de toda infancia sudamericana—, junto a las monedas y los búzios; y algunas casas suman entre sus elementos las bolitas —las canicas—. Léalo de nuevo el lector: en el altar del gran cazador del panteón conviven la lanza del guerrero y la gomera del pibe. Es la teología entera de Odé en dos objetos: el monte es cosa seria y es cosa de chicos, y el mejor arquero del universo no dejó nunca de ser el muchachito que salía a explorar.

El emblema de Otim es el cántaro que carga sobre la cabeza, lleno del agua de sus quehaceres —símbolo documentado de su axé, memoria del río que es y del sustento que administra—. El azulón es el color de ambos: azul fuerte con blanco para Odé, azul con rosa para Otim, con las variantes documentadas de cada nación —la guia azul, rosa y blanca de la Cabinda; el azulón con rosa de la Ijexá—. El siete es su número en la tradición más difundida, con naciones que adoptan el ocho y casas que cuentan de a cuatro: variación legítima que la propia bibliografía registra. El viernes es su día —y la razón documentada es una delicadeza de familia: es el día de Iemanjá, la madre de Odé; el hijo se atiende el día de la madre—. Sus lugares son el monte y la playa; sus frutas documentadas, las del monte criollo: la uva negra, el butiá, el araçá, la manzana.

10 · La mesa de Odé y Otim: lo que la literatura documenta

La mesa de la pareja es la del monte y la del cariño: la documentación registra la costilla y la chuleta de cerdo —el plato predilecto de Otim, dice expresamente la literatura— fritas y refogadas con dendê y una pizca de miel; el feijão miúdo; el miamiã dulce; y un detalle que vuelve a delatar el alma de esta pareja: los dulces —caramelos y chupetines— figuran entre sus ofrendas documentadas, junto a la cocadita y el merengue que algunas casas registran. El cazador más letal del panteón y su compañera comen asado de cerdo con miel y golosinas: si el lector no sonrió con esta línea, vuelva a leerla.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa. Recuérdese además lo dicho: a esta pareja no se le da a uno sin dar al otro —regla documentada que ninguna casa seria olvida—.

11 · San Sebastián y las santas de Otim: los sincretismos del monte

El sincretismo documentado de Odé en Rio Grande do Sul es con San Sebastián —cuyo día, el 20 de enero, marca la gran fecha del cazador en el calendario popular—, y una vez más los mayores eligieron con el ojo del propio Odé: San Sebastián es el santo atravesado por flechas, el único de todo el santoral cuya iconografía es imposible de mirar sin pensar en un arquero. El señor de las flechas vestido con el santo de las flechas: puntería perfecta, como siempre.

Para Otim, la documentación registra según la casa a Santa Bernadette, Santa Efigenia o Santa Rita de Casia —y el lector devoto notará la coherencia del abanico: la vidente humilde de Lourdes, la princesa etíope de la iglesia, la santa de lo imposible; tres mujeres de historia esquiva y fe enorme para vestir a la Orixá más discreta del panteón—. Y la literatura conserva un dato precioso que muestra la libertad con que cada casa resolvió su altar: en algunos lados, Odé y Otim no se representan con santos, sino como una pareja de indios tallados en madera —el monte americano prestándole su propia gente a los cazadores africanos, en uno de los gestos de mestizaje más conmovedores de toda nuestra tradición—. Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia.

12 · Odé y Otim en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale aquí con el matiz más entrañable de toda la serie: como contamos al comienzo, el Río de la Plata es hoy, junto al Rio Grande do Sul, uno de los últimos guardianes planetarios del culto pleno de Otim. Cada casa de religión de Buenos Aires, del conurbano o de Montevideo que asienta a Odé con su compañera está haciendo, sin aspavientos, trabajo de patrimonio de la humanidad: conservar viva una memoria que en el resto del mundo se volvió nota al pie. Y hay algo justo en que sea así: esta tierra de montes, esteros y campo abierto —donde todavía se caza para comer y donde toda infancia conoció una gomera— era el hábitat natural para que la pareja del monte echara raíz.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un viernes escucha los tambores y un grito que suena a monte abierto —¡Okê Bambô!—, ya sabe a quiénes se saluda: al arquero que nunca falla y a la señora del cántaro que jamás lo deja ir solo.

13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para esta pareja lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con Otim, el silencio tiene una capa doblemente delicada: siendo la Orixá de menos hijos y menos páginas de todo el panteón, la mayor parte de su fundamento vive exclusivamente en la memoria de los mayores del sur —razón de más para no especular donde no hay fuente, y para tratar cada dato suyo como lo que es: una reliquia—. Esta entrada muestra el río a cielo abierto; el resto pertenece al cuarto de santo, y con esta señora, más que con nadie, está bien que así sea.


14 · Palabras finales

Quinta entrada, y la comprobación de siempre: la verdad alcanza y sobra. La historia real de esta pareja —la del arquero que ganó su nombre con una sola flecha y la humildad de su madre; la del cazador que protege a los animales que caza; la de la Orixá nacida del deseo de no estar solo, cuyo culto pleno el mundo entero olvidó menos nosotros; la de la gomera y las canicas en el altar del guerrero— no necesita un solo adorno. Necesitaba, apenas, ser contada de a dos, como ellos andan.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si en su casa se sirve a Odé: déle también a Otim, que la regla es vieja y es sabia.

Que Odé, señor del monte, siga acertando la flecha única de nuestro sustento; que Otim mantenga lleno el cántaro y llena la despensa; y que entre los dos nos enseñen lo que este mundo apurado olvidó: que al monte, a la mesa y a la vida no se entra de a uno.

¡Okê Bambô, Odé! ¡Okê Bambô, Otim!
Donde está uno, está el otro. Que así sea también en nuestras casas.

15 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Odé (ọdẹ): «cazador» en yoruba; nombre con que el Batuque conoce al Orixá llamado Oxóssi en el Candomblé.

Erumalé: el conjunto de los Orixás asentados de un sacerdote o de una casa; Otim integra el de casi todos los sacerdotes del sur.

Passagem: modo de presencia ritual de un Orixá que acompaña sin ocupar el lugar principal; así permanece Otim cuando Odé hace adjuntó con otra Orixá.

Bodoque: la gomera u honda de horqueta, documentada entre las herramientas rituales de Odé.

Cántaro (quartinhão): la vasija de agua que Otim carga sobre la cabeza, emblema documentado de su axé.

Fartura: abundancia, despensa llena; el dominio característico de esta pareja en la enseñanza del Batuque.

Amunimuyé: nombre tradicional de la preparación de hojas del itan de Ossanha: «la que se apodera de la persona y de su entendimiento».

Butía y araçá: frutas del monte del sur, documentadas entre las de Odé y Otim: hasta en la fruta, esta pareja es de esta tierra.

16 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Oxóssi: el itan de Oxotokanxoxô y el origen del nombre, el culto en Ketu, la difusión americana).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Oxóssi/Odé: el encantamiento de Ossaim, el cazador de la flecha única, entre otros).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto conjunto de Odé y Otim en las Naciones Cabinda, Ijexá, Jeje y Nagô del Batuque: saludo, días, números, colores y guias, herramientas, adjuntós y passagem, ofrendas, sincretismos, el cántaro de Otim, el río Otim entre Ilorin e Ibadán, la obligación de asentar a ambos y los itans del origen de Otim conservados en la tradición del sur.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una flecha más que da en el blanco.