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El rey de la justicia

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · IV

Xangô: el rey de la justicia

El señor del trueno, del fuego y de la balanza, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · cuarta entrada de la serie iniciada con Bará, Ogum y Oiá
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Kaô Kabecilê!
Día
Martes (miércoles en algunas casas)
Número
6 y sus múltiplos
Colores
Rojo y blanco
Símbolos
El oxê (hacha doble), la balanza, el libro
Dominio
Justicia, trueno, fuego, estudios y documentos
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias de esta ficha: hay casas que lo consagran el miércoles junto a Oiá, y guias contadas de seis en seis o mitad y mitad. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: la cuarta puerta es un trono

Después del dueño de las llaves, del señor del hierro y de la señora de los vientos, el orden del toque nos pone frente a un trono: Xangô, el rey de la justicia, el señor del trueno y del fuego, el dueño de la balanza. Y esta entrada tiene una particularidad que la distingue de las tres anteriores, y que anuncio desde el comienzo porque es uno de los datos más fascinantes de toda nuestra religión: Xangô es, de los Orixás que hemos visitado, el único del que la investigación reconoce expresamente dos rostros: uno histórico y uno divino. Antes de ser trueno, fue rey de carne y hueso en una ciudad que todavía existe. De eso también hablaremos, porque la seriedad que prometimos en esta serie incluye contar lo que la historia sabe, además de lo que la fe enseña.

Rige la promesa de siempre: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje, con la obligación de no inventar ni adornar; cada dato fue contrastado con la bibliografía académica y sacerdotal listada al final —Corrêa, Ferreira, Verger, Prandi— o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale la advertencia de toda la serie: lo aquí descrito es la mirada de la Nación Nagô-Jeje; en la Cabinda —donde Xangô tiene un lugar de honor particularísimo, como veremos—, en la Ijexá o en la Oyó, nombres, días, cuentas y fundamentos varían. Ninguna variante es menos legítima que otra. Todas son ramas de una misma raíz africana que el tiempo y la distancia no lograron secar.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans —las leyendas sagradas de la tradición oral, teología con forma de cuento, recogidas por Verger y Prandi y conservadas con variantes en cada Nación— con sus reglas de siempre: las recuento con mis propias palabras, y las versiones que cada casa guarda valen tanto como las publicadas.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos que se mencionan están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, y se incluyen con fines de documentación cultural. En nuestra religión, ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por la orientación directa del sacerdote o sacerdotisa de cada casa, que es quien conoce el fundamento completo y el camino de cada hijo.

3 · El grito del rey: ¡Kaô Kabecilê!

Todo Orixá tiene su saludo, pero el de Xangô es el único que es una convocatoria pública. ¡Kaô Kabecilê! significa, según la traducción que recoge Pierre Verger, «¡Vengan a ver al Rey!». No es un «salve» ni una reverencia privada: es un llamado a la plaza, un pregonero anunciando que su majestad ha llegado y que la corte debe reunirse. En ese grito está toda la teología de Xangô comprimida: es el Orixá de lo público —del poder, de la justicia, de la palabra dicha ante testigos—, y hasta su nombre se pronuncia como se abre una audiencia real.

Cuando en medio de un toque retumba el Kaô y la rueda entera lo responde, el que lo escucha por primera vez entiende sin que nadie le explique: acaba de entrar alguien que no pide permiso porque el salón es suyo. Y cuando afuera truena —enseñan los mayores, y la etnografía lo registra— los batuqueros saben quién habla: el trueno es la voz del rey pasando lista.

4 · Quién es Xangô

Xangô es, en nuestra tradición, el Orixá de la justicia, del trueno, del rayo y del fuego; el rey por excelencia del panteón; el dueño de la balanza en la que se pesan las causas de los hombres. La bibliografía del Batuque lo retrata con precisión: es el Orixá al que los fieles recurren en los casos de difícil resolución y de justicia, porque sus actitudes son sabias y rígidas —severo a veces, benevolente otras, pero nunca arbitrario—; castiga al mentiroso, al ladrón y al malhechor, y ampara al que tiene razón aunque no tenga poder.

Y hay un rasgo suyo, documentado expresamente en la literatura del sur, que sorprende al lector de afuera y que a mí me parece uno de los más hermosos del Batuque: a Xangô le pertenece también todo lo relacionado con la burocracia y el estudio. Los papeles, los documentos, los trámites, los expedientes, los exámenes, los títulos: todo eso es territorio del rey. Entre sus herramientas rituales documentadas figuran, junto al hacha y la balanza, el libro y la pluma —y la tradición lo nombra padrino de los intelectuales—. Piense el lector en lo que eso significa: una religión nacida entre personas a las que se les negó sistemáticamente el acceso a la letra puso los libros, los documentos y los estudios bajo la protección de su rey más poderoso. Cada estudiante que le pide a Xangô por un examen, cada trabajador que le encomienda un expediente trabado, está ejerciendo, sin saberlo, una pequeña victoria histórica de dos siglos de porfía.

«Bará abre la puerta, Ogum despeja el camino, Oiá empuja con su viento; y al final del camino está sentado Xangô, para asegurarse de que lo que llegue, llegue con justicia.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

Del arquetipo de sus hijos, la tradición dice lo que uno esperaría de la casa real: liderazgo natural, palabra segura, inteligencia práctica, energía, gusto por la fiesta y por la vida, sentido innato de la equidad —y, cuando se los contraría con injusticia, un temperamento que no conviene poner a prueba—. Como en toda la serie: retrato de familia, no sentencia. Pero quien conozca gente de Xangô sabrá que el aire real se les nota hasta cuando esperan el colectivo.

5 · El Orixá que tuvo trono: Xangô histórico y Xangô divino

Pierre Verger, la mayor autoridad documental sobre el culto de los Orixás a ambos lados del Atlántico, enseña que Xangô puede describirse bajo dos aspectos: el histórico y el divino. Como personaje histórico, Xangô habría sido el cuarto Alafín de Oyó —el cuarto rey del gran imperio yoruba cuya capital, Oyó, existe hasta hoy en Nigeria—: hijo de Oranian, gobernante poderoso y temido, de reinado recordado por su energía y su dramatismo. Como divinidad, es la fuerza del trueno, del rayo y del fuego, el patrono de la justicia y del poder legítimo.

Esta doble naturaleza no debe escandalizar a nadie ni restarle un gramo de sacralidad: es, al contrario, una de las claves más profundas del pensamiento religioso yoruba, donde la frontera entre el gran ancestro y la divinidad es un puente y no un muro. El rey extraordinario que marcó a su pueblo se vuelve, con las generaciones, fuerza sagrada que sigue gobernándolo desde el otro lado —y el trueno que retumba sobre la ciudad es su voz recordando que el trono nunca quedó vacío—. El lector notará que ya nos cruzamos con esta lógica en esta misma serie: es la del itan de Ogum hundiéndose en la tierra de Irê, y es también —guardando las distancias— la del Príncipe Custodio, el hombre real de Porto Alegre cuya memoria se volvió fundamento. Nuestra religión no separa la historia de lo sagrado: la historia, cuando es suficientemente grande, es lo sagrado.

6 · Un mismo principio, muchos nombres: Ṣàngó, Sobô, Changó, Xangô

Como en toda la serie, el mapa de la diáspora, que es un mapa de respeto:

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Ṣàngó (rey divinizado de Oyó) Nigeria, Benín
Universo jeje / vodún Sobô / Sogbo / Badé (familia del trueno) Benín; Bahía (jeje)
Candomblé Xangô Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Changó Cuba y su diáspora
Batuque Xangô (Agodô, Aganju, Camucá...) Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Xangô y sus líneas Brasil, Río de la Plata

Un matiz que el lector cubano notará enseguida y que conviene aclarar con respeto: en la Regla de Ocha, Changó se sincretiza con Santa Bárbara —la misma santa que en el Batuque viste a Oiá-Iansã—. No es error de nadie: es la prueba más elocuente de que el sincretismo fue una estrategia local, tejida casa por casa y puerto por puerto, y no un sistema único. La santa del rayo fue a parar, en cada orilla, al Orixá que cada comunidad sintió más cerca del rayo. Las dos elecciones son perfectas; las dos son historia.

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7 · Los itans de Xangô: cuatro leyendas de la tradición oral

El corpus de Xangô es uno de los más vastos de toda la literatura oral yoruba —como corresponde a un rey, sus cronistas fueron muchos—. Las cuatro leyendas que siguen las recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque; el lector religioso reconocerá variantes, y está bien que así sea.

Itan I

Obá Cossô: el rey no se ahorcó

Cuentan que hacia el final de su reinado, la fortuna le dio la espalda al rey de Oyó: las intrigas de la corte, los generales que se habían vuelto demasiado poderosos, el propio carácter tempestuoso del monarca fueron dejando a Xangô cada vez más solo, hasta que abandonó su capital con unos pocos fieles. En el camino, hasta esos pocos lo fueron dejando. Los enemigos hicieron correr entonces la versión más humillante: que el rey, vencido, se había quitado la vida colgándose de un árbol. Pero sus fieles sabían otra cosa: que Xangô había descendido al interior de la tierra en el lugar llamado Cossô, como los reyes sagrados no mueren sino que cambian de trono. Y cuando el cielo comenzó a tronar como nunca antes, y el rayo empezó a caer sobre las casas de quienes habían difundido la mentira, el pueblo entero salió a gritar la frase que se volvió su título eterno: Obá Kò Sò —«el rey no se ahorcó»—. Desde entonces cada trueno repite la sentencia: el rey vive, y sigue escuchando.

Sentido: la calumnia puede correr más rápido que la verdad, pero la verdad truena más fuerte. Y los grandes no terminan donde sus enemigos cuentan que terminaron.

Itan II · conservado en la propia tradición del Batuque

La apuesta de los búzios

Cuentan —y esta versión la conserva la propia tradición del Batuque, que la registra en su literatura— que las viejas disputas entre Ogum y Xangô, nacidas de la partida de Oiá, seguían encendidas, y que Ogum propuso una tregua sellada con una apuesta: ambos irían a la playa a juntar búzios, y el perdedor entregaría al vencedor todo lo recogido. Xangô aceptó entre burlas, confiado en su estrella. Pero Ogum, que no gana sus guerras solo con el brazo, pasó antes por la casa de Oiá y le pagó en oro un favor: que pidiera a Icú —la muerte— presentarse en la playa a la hora convenida. Al día siguiente, mientras juntaba búzios y lanzaba chanzas, Xangô levantó la vista y se encontró cara a cara con Icú, que le sonrió. El rey del trueno abandonó su bolsa y corrió a esconderse; al caer la tarde, avergonzado, bajó la cabeza y entregó a Ogum lo recogido. Hasta los reyes —enseña el itan— tienen un acreedor al que no pueden mirar a los ojos.

Sentido: la soberbia pierde apuestas que la prudencia jamás habría aceptado; y nadie, ni el más poderoso, está por encima de todo. Que el propio Batuque conserve un itan donde su rey pierde dice mucho de la honestidad de esta religión: no adoramos ídolos perfectos, servimos fuerzas verdaderas.

Itan III

El amalá y la oreja de Obá

Cuentan que de las tres esposas del rey —Oiá, Oxum y Obá—, era Obá la más antigua y la más fiel, pero Oxum la más hábil en las artes de agradar. Obá, angustiada por conservar el favor de Xangô, cometió el error de pedirle consejo a su rival. Oxum, cubriéndose la cabeza con un paño, le confió un falso secreto: que el amalá que tanto gustaba al rey llevaba un ingrediente que ella misma se cortaba —y le dejó entender que era su propia oreja—. Obá, capaz de cualquier sacrificio por su esposo, se cortó la oreja de verdad y la sirvió en la comida. Xangô, horrorizado ante el plato, montó en cólera; Oxum descubrió su cabeza intacta y rió; y la disputa entre las dos esposas ardió hasta que ambas, huyendo de la furia del rey, se transformaron en ríos —los ríos Oxum y Obá, que en África se encuentran en aguas revueltas hasta hoy—. Y aquí el itan toca nuestra liturgia viva: la documentación del Batuque registra que Obá, al manifestarse en la rueda, danza con una mano cubriendo su oreja —la memoria del sacrificio hecho por amor, sostenida en el cuerpo, generación tras generación—.

Sentido: el amor que se deja aconsejar por el rival entrega el arma de su propia herida. Pero nótese quién queda con honra en esta historia: no la astuta, sino la que fue capaz de darlo todo. La rueda lo sabe, y por eso su gesto se danza con respeto, no con burla.

Itan IV

El rey ordena la frontera de los muertos

Cuentan que en el tiempo antiguo los muertos no tenían culto ni orden, y su inquietud desbordaba sobre el mundo de los vivos. Fue Xangô —enseña la tradición que conserva la literatura del sur— quien instituyó el culto de los Egungun, dando a los ancestros lugar, forma y ley: porque un rey no gobierna solo a los vivos, gobierna el orden entero de su reino, y un reino donde los muertos andan sueltos no está gobernado. Y aquí las leyendas se dan la mano a través de esta serie: fue este mismo rey quien encomendó a Oiá —como contamos en la entrada anterior— guiar a cada muerto hacia el orun que sus acciones merecieran. Él dictó la ley de la frontera; ella la patrulla con su eruexim. El trono y la espada, también del otro lado del mundo.

Sentido: la justicia verdadera no termina donde termina la vida; y gobernar es dar orden y dignidad también a lo que ya no puede reclamarlas.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

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8 · Las cualidades de Xangô en el Batuque, una por una

La familia real del Batuque es más compacta que las de Bará, Ogum y Oiá —un trono no se multiplica como una guardia—, pero cada una de sus cualidades documentadas tiene un carácter nítido, y la tradición oral conserva además decenas de nombres propios (Dadá, Biosó, Delê, Dupã, Toquí, Bambôxé y muchos otros) que varían de linaje en linaje.

Xangô Agodô — el rey sabio

El más viejo y más sabio de la familia: el Orixá de la justicia en su plenitud, señor del equilibrio y dueño de la balanza. Es el Xangô de las causas graves, el que se sienta a deliberar sin apuro porque sabe que la sentencia justa no tiene vencimiento. Sus adjuntós documentados lo unen a las grandes señoras —Iansã y Oxum Olobá—, y su sincretismo es San Jerónimo: elección de una precisión asombrosa, como veremos.

Xangô Aganju — el rey joven

El más joven: dueño de las leyes y de las escritas, padrino documentado de los intelectuales, el Xangô de los estudios, los documentos y los trámites. Si Agodô es el juez, Aganju es el legislador y el escribano: la energía del poder en acción, articulando, resolviendo, firmando. Sus adjuntós documentados: con Oiá, con Oxum Pandá o con Iemanjá Bocí. Su sincretismo: San Miguel Arcángel —otra elección de orfebre—.

Xangô Aganju de Ibeji — el rey niño

Una cualidad entrañable y muy nuestra: el Aganju cuyo asentamiento se hace lado a lado con el del Orixá Ibeji —los divinos gemelos niños— cuando el hijo de religión tiene ligazón con ambos. Es el único Xangô cuyas herramientas documentadas incluyen juguetes, y el único que recibe miel en sus trabajos. Su adjuntó documentado: con Oxum Pandá Ibeji; su sincretismo, San Cosme y San Damián, los santos gemelos de la devoción popular. La teología que hay detrás es honda: hasta el poder más solemne del panteón guarda dentro suyo un niño que juega —y una casa donde el rey niño es bien tratado es una casa donde el poder no se ha vuelto crueldad—.

Xangô Camucá — el rey de la Cabinda

Y una cualidad con corona propia: Camucá (Kamuká), documentado expresamente como el rey de la Nación Cabinda —la nación de matriz bantu del Batuque, la del sacerdote Paulo Tadeu Barbosa Ferreira que citamos desde la primera entrada—. Que una de las grandes naciones de nuestra religión tenga por monarca a una cualidad propia de Xangô dice todo sobre el lugar de este Orixá en el corazón del Batuque: no es solo un rey del panteón; es, para toda una nación, el rey. Su fundamento pertenece a los mayores de esa nación, y ahí lo dejamos, con reverencia.

9 · El dueño de la Balança: Xangô en el corazón del rito

Así como Bará es dueño de las puertas y Ogum del axé del obé, Xangô tiene en el Batuque una propiedad litúrgica que lo vuelve insustituible: es el dueño de la Balança —llamada también Cassum—, uno de los momentos más solemnes de nuestras ceremonias, en el que la comunidad entera, tomada de las manos, confirma y sella las obligaciones realizadas. La literatura de la religión lo registra expresamente: durante la Balança, la presencia de Xangô es imprescindible, porque es él quien genera la armonía y la fuerza para que lo hecho quede firme. Dicho en lenguaje de tribunal, que es el suyo: ninguna acta vale sin la firma del juez.

La documentación del sur le reconoce además otros dos títulos de peso: es considerado padre de los Ibejis —los gemelos divinos, niños del panteón— y uno de los regentes del orden sobre los eguns, como contamos en el cuarto itan: el rey que dictó la ley de la frontera que Oiá patrulla. Juez de los vivos, legislador de los muertos, padre de los niños sagrados: pocas veces una sola figura cargó tantas llaves del equilibrio de una religión.

10 · Los símbolos: el oxê, la balanza, el libro, las piedras del rayo

El alfabeto material de Xangô es el de un tribunal y el de un trono. El oxê, el hacha de dos filos, es su emblema mayor, y su forma es su doctrina: un hacha que corta hacia los dos lados no puede usarse con favoritismo —la justicia que golpea solo hacia un lado no es justicia, es venganza—. La balanza, donde se pesan las causas. El libro y la pluma, documentados entre sus herramientas: el rey letrado, patrono de estudiantes y de trámites. El pilón y la gamela de madera, sobre los que la tradición asienta su fundamento: el trono doméstico del rey. La espada y las monedas, poder y prosperidad. Y su lugar de ofrendas documentado es la pedrera —la cantera, la roca viva—, preferentemente cerca del agua: el rey recibe en su salón de piedra.

Mencionó aparte merecen las piedras del rayo —los edun ará de la tradición yoruba—, uno de los elementos más poéticos de todo su culto, documentado desde los primeros estudios afro-brasileños: la creencia tradicional enseña que estas piedras caen del cielo con el rayo, se hunden profundamente en la tierra y solo emergen a la superficie años después, cargadas de la fuerza del Orixá. La ciencia moderna identificó muchas de esas piedras veneradas como hachas y herramientas de piedra pulida de épocas antiquísimas, halladas por los campesinos al arar: y a mí ese dato, lejos de desencantarme, me parece el broche perfecto —el pueblo que adoró las piedras del rayo estaba custodiando, sin saberlo, las herramientas de sus ancestros más remotos. La fe acertó en lo esencial: esas piedras realmente venían cargadas de memoria y de poder—.

El seis es su número —seis y sus múltiplos ordenan sus cuentas y sus ofrendas, único entre los cuatro Orixás que llevamos visitados en no regirse por el siete—. El martes es su día en la tradición más difundida, compartido con Oiá, con casas que lo consagran el miércoles: variación legítima que la propia bibliografía registra. El rojo y el blanco son sus colores: el fuego y la sentencia limpia, la pasión del rayo y la imparcialidad del juez, mitad y mitad, como sus cuentas.

11 · La mesa de Xangô: el amalá

Si Bará comía la papa de los colonos, Ogum el asado de los trabajadores y Oiá lo dulce y lo rojo, la mesa del rey tiene nombre propio y liturgia propia: el amalá. La documentación del Batuque lo describe con detalle: la carne —de carnero, o pecho vacuno según la casa— cocida y servida con mostarda refogada al vapor de la propia carne, sobre un pirón bien cocido de harina de mandioca, presentado en la gamela de madera y decorado con seis bananas y una manzana bien roja —el número del rey y el color del rey, hasta en el plato—. Sus frutas documentadas completan la mesa: la banana ante todo, el durazno, la ciruela blanca.

Y repito la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa. Lo que el lector puede llevarse es la imagen: el plato del rey no es un manjar de palacio sino comida de pueblo —carne, verdura y harina—, abundante y compartida. En nuestra religión hasta los reyes comen de la olla común: quizás por eso sus sentencias entienden a los pobres.

12 · San Jerónimo y San Miguel: los sincretismos del rey

Si esta serie viene demostrando que los mayores eligieron cada sincretismo con precisión de orfebre, los de Xangô son la pieza maestra. Agodô, el rey sabio, viste de San Jerónimo: el santo erudito por excelencia, el traductor de la Biblia, retratado durante siglos en su estudio, rodeado de libros, con la pluma en la mano... y un león echado a sus pies —y el león es, precisamente, el animal que la tradición del Batuque asocia a Xangô—. El Orixá del libro y la pluma vestido con el santo del libro y la pluma, león incluido: imposible elegir mejor. Aganju, el rey joven, viste de San Miguel Arcángel: el príncipe de las milicias celestiales que la iconografía pinta con la espada en una mano y la balanza en la otra, pesando las almas en el juicio. El Orixá de la balanza vestido con el arcángel de la balanza. Y Aganju de Ibeji viste de San Cosme y San Damián, los gemelos sagrados de la devoción popular, cuyo día —el 27 de septiembre— llena de dulces y de niños las casas de religión de medio continente.

La documentación registra además variantes según el adjuntó —San Juan Bautista para Agodô en ciertos casos, San Gabriel para Aganju en algunas casas—, recordatorio de que el sincretismo fue siempre un tejido local y vivo. Y vale por última vez en esta entrada lo dicho en toda la serie sobre el debate entre sincretismo y desincretización: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

13 · Xangô en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para Xangô con un matiz que enternece: en una región donde la vida de la gente común transcurre entre trámites, expedientes, juicios laborales, títulos que cuestan años y jubilaciones que cuestan décadas, el Orixá de la justicia y de los papeles se volvió un confidente cotidiano. En las casas de religión de Buenos Aires y Montevideo, Xangô escucha pedidos que son el retrato exacto de la vida rioplatense: que salga la sentencia, que aparezca el expediente, que el examen se apruebe, que la injusticia del trabajo se enderece. El rey de Oyó atendiendo las causas del conurbano: dos siglos después del primer templo gaucho, su tribunal sigue abierto y sigue lleno.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si una noche de tormenta escucha que en el templo de su barrio el tambor no se calla mientras el cielo truena, ya sabe lo que está pasando: el rey habla, y su gente le responde.

14 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Xangô lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación —herencia directa, según los investigadores, de las aldeas africanas, conservada en el sur por más de dos siglos—. Y con el rey, el silencio tiene su capa propia: el fundamento de la Balança, los asentamientos reales, el misterio de Camucá en la Cabinda, pertenecen a los mayores y al cuarto de santo. Esta entrada muestra, como todas, el río que corre a cielo abierto; la sala del trono no se visita por internet, y está bien que así sea.


15 · Palabras finales

Cuarta entrada, y la comprobación de siempre se vuelve costumbre: la verdad alcanza y sobra. La historia real de Xangô —la del rey de carne y hueso que se volvió trueno; la del calumniado que respondió a la mentira con la sentencia más tronante de la historia de las religiones; la del monarca que puso los libros y los estudios bajo su corona para un pueblo al que le negaban la letra; la del juez cuyo hacha corta hacia los dos lados porque la justicia no tiene favoritos; la del rey que hasta perdiendo una apuesta nos enseña— no necesita un solo adorno. Necesitaba, apenas, ser contada con el respeto que se le debe a un tribunal.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted es hijo o hija de Xangô: que su padre le dé siempre la razón cuando la tenga, y el coraje de reconocerlo cuando no.

Que Xangô, rey de la justicia, siga pesando con mano firme las causas de los que no tienen abogado; que su fuego alumbre a los que estudian, que su balanza no se incline jamás por conveniencia, y que su trueno nos recuerde, cada tormenta, que ninguna mentira queda sin respuesta para siempre.

¡Kaô Kabecilê, mi padre Xangô!
Vengan a ver al Rey: la audiencia está abierta.

16 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Oxê: el hacha de doble filo, emblema mayor de Xangô; su forma simétrica representa la justicia que no golpea hacia un solo lado.

Amalá: la comida litúrgica de Xangô: carne con mostarda refogada sobre pirón de harina de mandioca, servida en gamela de madera.

Gamela: recipiente tradicional de madera; en él se sirve el amalá y sobre el pilón de madera se asienta el fundamento del rey.

Edun ará: las «piedras del rayo», piedras sagradas de Xangô que la tradición enseña caídas del cielo con el rayo.

Balança (Cassum): momento solemne del rito del Batuque en que la comunidad confirma las obligaciones realizadas; su dueño es Xangô.

Alafín: título de los reyes de Oyó; Xangô histórico habría sido el cuarto de ellos.

Ibeji: los Orixás gemelos niños; Xangô es considerado su padre en la tradición del Batuque.

Alujá: el toque y la danza propios de Xangô, la «rueda del rey», donde se narran con el cuerpo sus conquistas.

17 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006 (obra resultante de veinte años de investigación de campo dentro de templos de Batuque).
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Xangô: el aspecto histórico y el divino, el cuarto Alafín de Oyó, el alujá, las piedras del rayo, la traducción del saludo Kaô).
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Notas sobre o culto aos orixás e voduns na Bahia de Todos os Santos, no Brasil, e na antiga Costa dos Escravos, na África. São Paulo: EDUSP, 1999 [1957].
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Xangô: Obá Cossô, las esposas del rey, la oreja de Obá, entre otros).
  • RODRIGUES, Nina. O animismo fetichista dos negros baianos [1900] (registro temprano de la litolatría de Xangô y de las piedras del rayo en el culto afro-brasileño).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del sur sobre clases, días, colores, guias, herramientas, adjuntós, sincretismos, la Balança y las ofrendas de Xangô en las Naciones Cabinda, Ijexá, Jeje, Nagô y Oyó del Batuque (incluido el itan de la apuesta de los búzios, conservado en la literatura de la propia religión).
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una causa más ganada en el tribunal del Rey.

LA apertura oficial de ATA VOS Y CULTO AL TAMBOR un placer de vivir este momento

LA apertura oficial de ATA VOS Y CULTO AL TAMBOR un placer de vivir este momento https://youtu.be/ucJ2REmzQWE