✦ Religión Afrobrasileña · Espiritualidad · Cultura Africana ✦

La gran madre del mar

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · XI

Iemanjá: la gran madre del mar

La reina de las aguas saladas, madre de casi todos los Orixás, señora de la cabeza y de los pensamientos, segunda de las Cabezas Grandes, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · undécima entrada de la serie
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Omío Odô! (Odô-Iá; en la Umbanda, Odô-iyá)
Día
Viernes (sexta-feira; algunas casas también el sábado)
Número
8 y sus múltiplos
Colores
El azul en todos sus tonos (celeste, azul profundo o cristal, según la cualidad)
Símbolos
El abebé de plata, el ancla, el remo, las conchas
Dominio
El mar, la maternidad universal, la cabeza y los pensamientos, la familia
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias de esta ficha, empezando por el tono exacto de azul de cada cualidad. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: la señora que me da el nombre

Llego a esta entrada con el pulso distinto, y prefiero decirlo de frente: quien firma esta serie lleva por nombre de santo Ezequiel Ruiz de Iamanjá, y la señora de la que hoy escribo es la dueña de mi cabeza. Haré con ella lo mismo que hice con las once anteriores —visibilizar sin enseñar, documentar sin profanar—, pero el lector antiguo de la casa sabrá perdonar si en alguna línea se escucha, debajo del estudio, la voz del hijo. A una madre no se la explica con distancia de manual; y de todas las Cabezas Grandes, Iemanjá es, precisamente, la Gran Madre.

Con Oxum abrimos el territorio final de la jerarquía —las Cabezas Grandes: Oxum, Iemanjá y Oxalá, los Orixás de la serenidad, la dulzura y la culminación—. Ahora entra la segunda, y con ella entra el mar: Iemanjá, la señora de las aguas saladas, madre de casi todos los Orixás, mamá universal a la que la tradición del sur le confió nada menos que el gobierno de la cabeza y los pensamientos. Si Oxum es el río que atraviesa la piedra, Iemanjá es el mar que la contiene todo: lo dulce que Oxum reparte desemboca, al final, en la sal inmensa de la madre.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale la advertencia de siempre: lo aquí descrito es una mirada situada; los tonos de azul, las cualidades y los adjuntós de Iemanjá varían entre la Ijexá, la Cabinda, la Jeje y la Oyó. Ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, más la tarjeta de fundamento con etiqueta propia.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos mencionados están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, con fines de documentación cultural. Ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por el sacerdote o sacerdotisa de cada casa.

3 · El nombre: Iemanjá, la madre cuyos hijos son peces

Su nombre yoruba, Yemọja, es una de las etimologías más tiernas del panteón: la documentación clásica lo lee como Yèyé omò éjá, «madre cuyos hijos son peces». La imagen lo dice todo: una fecundidad tan desbordante que no se cuenta de a uno, sino de a cardumen. En su origen africano Iemanjá no fue del mar, sino de un río —el río Yemọja, de la nación Egbá—; y cuando las guerras yoruba forzaron a los Egbá a emigrar hacia Abeókutá, no pudieron llevarse el río, pero se llevaron el axé de la señora, y su culto pasó a habitar otro río, el Ògùn —que no debe confundirse con Ogum, el Orixá del hierro, por más que el error se repita desde hace un siglo—. En América la madre desbordó toda ribera y se hizo, definitivamente, señora del mar: la que no cabe en un cauce se quedó con el océano entero. Hay en ese viaje una teología que ninguna diccionario alcanza: Iemanjá es la prueba de que a una madre no se la puede dejar atrás; donde sus hijos vayan, ella encuentra cómo seguir siendo agua para ellos.

4 · Quién es Iemanjá

Iemanjá es, en la definición que conserva la documentación del Batuque, la Orixá de las aguas saladas —el mar, los océanos y todo lo que en ellos vive—; la Gran Madre, madre de casi todos los Orixás, dueña de la maternidad, del casamiento y de la familia; la Mamáe Universal. Y la documentación del sur le suma un dominio que sorprende a quien la imagina sólo playera: Iemanjá rige la cabeza y los pensamientos —es, dicen las fuentes, la Orixá del pensamiento y de la estabilidad emocional—. Protectora de pescadores y marineros, señora de la perla, patrona de los hogares que quieren paz: su reino no es sólo el agua que se ve, sino también el mar interior de cada uno.

El retrato completo pide, como el de toda gran Orixá, dos pinceladas, y pido al lector que no se quede con una sola. El mar de Iemanjá es bellísimo, fascinante, acogedor —la madre que abraza, que educa, que trae paz al hogar—; pero el mismo mar es, cuando no se lo respeta, severo y peligroso. Así es ella: dulce con quien la honra, implacable con quien la subestima. La tradición lo resume sin rodeos: Iemanjá cría y educa, y castiga si hace falta —todo por el crecimiento del hijo—. No es la madre blanda de la estampita; es la madre de verdad, la que da la vida y también pone el límite. El que la ama entiende que las dos caras son la misma ternura.

«El mar acuna y el mar ahoga, y las dos cosas las hace por amor: para eso es la madre.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

Del arquetipo de sus hijas e hijos, la tradición dice lo esperable de esta casa: porte altivo y elegante, vanidad prolija (sobre todo con el cabello), gusto por lo bello y lo digno; personas honestas, apegadas a la familia, protectoras hasta el sacrificio, de determinación serena y corazón inmenso, aunque de humor variable como la marea. Como en toda la serie: retrato de familia, no sentencia. Pero quien tenga cerca a un hijo de Iemanjá sabe que es la persona a la que todos, tarde o temprano, terminan pidiéndole abrigo —y que ella lo da, aunque después rete—.

5 · La reina de la cabeza: Iemanjá y los pensamientos

Hay un dominio de Iemanjá que el gran público —que la conoce sólo del 2 de febrero en la playa— desconoce, y que la documentación del Batuque registra con todas las letras: Iemanjá es la señora de la cabeza, de los pensamientos, del equilibrio de la mente. La tradición del sur enseña que se recurre a ella cuando el mar de adentro se pica —cuando la angustia, el desasosiego o la tristeza honda quitan el piso—, porque así como la madre calma al hijo, la reina del mar sabe devolverle la calma a la mente que se agita. Que quede claro, con la prudencia de quien también es enfermero: esto es teología, no medicina; la fe de la madre y el trabajo de un buen profesional de la salud no compiten —caminan juntos, y el que sufre de veras merece las dos manos—. Pero el dato religioso es hermoso y merece decirse: en la cosmovisión del Batuque, la serenidad es un don del agua salada, y tiene madre.

Y la serie le debe a esta señora una deuda que se salda aquí: en la entrada anterior anunciamos que la fiesta de los Navegantes le pertenece a Iemanjá, no a Oxum; y en la de los gemelos vimos que Oxum es su madre de crianza mientras que Iansã los parió. Iemanjá ocupa, en la red de parentescos del panteón, el lugar de la matriarca de la que todo desciende: su adjuntó documentado por excelencia es Oxalá —el gran padre que viene en la próxima entrada—, y su cualidad más joven, Bocí, tiene la mano dada con media jerarquía: Ogum Adiolá, Xangô Agandjú, Odé, Ossanha. La madre, como corresponde, está emparentada con todos: por eso el mar recibe, al final, el agua de todos los ríos.

6 · Un mismo principio, muchos nombres: Yemọja, Yemayá, Iemanjá

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Yemọja (madre de los peces; primero río Yemọja, luego el río Ògùn) Nigeria (nación Egbá)
Candomblé Iemanjá (Rainha do Mar; Janaína en la poesía popular) Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Yemayá, sincretizada con la Virgen de Regla, patrona de la bahía de La Habana Cuba y su diáspora
Batuque Iemanjá (Bocí, Bomí, Nanã Borocum) Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Mamáe Iemanjá / Rainha do Mar (Odô-iyá) Brasil, Río de la Plata

Una precisión de rigor sobre la tabla, para que nadie mezcle a las dos hermanas del agua: en Cuba, Yemayá es la Virgen de Regla —patrona de la bahía de La Habana—, mientras que Ochún es la Caridad del Cobre, patrona nacional, como vimos en la entrada anterior. Dos aguas, dos vírgenes, dos reinas: el agua salada de la madre y el agua dulce de la señora del oro. En el continente entero, allí donde hay una costa, hay un nombre para la Gran Madre —y siempre, siempre, el nombre suena a mar—.

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7 · Los itans de Iemanjá: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque.

Itan I

La madre cuyos hijos son Orixás

Cuentan que del vientre y de las aguas de Iemanjá nacieron muchísimos Orixás, y que por eso el panteón entero la reverencia como madre. Una de las historias que recoge la documentación clásica la muestra casada primero con Orunmilá, señor de la adivinación, y después con un gran rey, con el que tuvo hijos cuyos nombres enigmáticos son, en verdad, otros Orixás —entre ellos el arco iris que camina con la lluvia y el trueno que revela sus secretos, es decir, señores del cielo que todos conocemos—. La enseñanza no está en el detalle genealógico sino en la desmesura: la fecundidad de Iemanjá es cósmica; de ella salen fuerzas que después gobiernan el mundo, y ninguna deja de ser, para siempre, hija suya.

Sentido: hay una maternidad que no se mide por un hijo sino por un linaje entero. Iemanjá enseña que dar vida es el acto más grande que existe, y que la madre no deja de serlo cuando el hijo crece y se vuelve, él también, una potencia del mundo.

Itan II

El agua que no se pudo dejar atrás

La historia del viaje de los Egbá —que Verger documenta con cuidado— es también un itan del corazón. Cuando la guerra obligó al pueblo de Iemanjá a abandonar su tierra, no pudieron cargar el río en el que la señora vivía; cargaron, en cambio, sus objetos sagrados, los soportes de su axé, y la llevaron consigo. Y donde llegaron, el agua volvió a recibirla: otro río se hizo su casa, y después el mar entero. Los mayores lo cuentan como prueba de una verdad enorme: a la madre no se la deja atrás. Se puede perder la tierra, el río, hasta la patria; mientras se lleve su axé en el pecho, ella encuentra cómo seguir siendo agua para los suyos, aunque el mapa cambie por completo.

Sentido: es, también, el itan del migrante y del desterrado —de todo el que tuvo que irse—. Iemanjá viajó de un río africano al océano americano sin dejar de ser la misma. La fe verdadera no se rompe en el viaje: se agranda.

Itan III

La madre que se hizo mar de tanto llorar

Hay una historia que el Batuque conserva con especial ternura. Cuentan que Iemanjá tenía hijos amados, y que uno de ellos, ganado por otros caminos, se fue de la casa y no quiso volver, y que otro, indignado, también partió. La madre, desesperada por la pérdida de los suyos, lloró sin consuelo —y su llanto fue tanto y tan hondo que se volvió agua corriente, y el agua, río, y el río, mar—. Así explican los mayores por qué el mar es salado: son las lágrimas de la Gran Madre por los hijos que se le fueron; y por qué el mar nunca se seca: porque una madre no deja jamás de esperar.

Sentido: el amor de madre no se mide por lo que recibe de vuelta. Iemanjá sigue esperando en la orilla, con el mar por lágrima y la paciencia por hora. Todo el que alguna vez extrañó a alguien sabe de qué agua está hecho ese mar.

Fundamento del Batuque · no es itan, es liturgia documentada

La entrega al mar: la ofrenda del 2 de febrero

La documentación del sur registra una de las imágenes públicas más conmovedoras de toda la religión: en año nuevo y, sobre todo, el 2 de febrero, el pueblo de santo baja a la playa a homenajear a la Gran Madre. Se le llevan flores —rosas blancas y celestes—, perfumes, espejitos, peines y ofrendas dulces, y se las entrega al agua salada, muchas veces en barquitos que la marea se lleva mar adentro: si el mar los recibe, la madre aceptó el pedido. No es folklore ni postal: es una passagem litúrgica, un acto de fe multitudinario en el que miles de personas, vestidas de blanco y de azul, le devuelven al mar lo que el mar les dio. El fundamento completo del rito pertenece, como siempre, a los mayores y al cuarto de santo.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es la orilla a la que cualquiera puede llegar; lo demás está mar adentro, donde sólo entra quien fue llevado.

8 · Las cualidades de Iemanjá en el Batuque, una por una

La documentación del Batuque registra para Iemanjá una familia de cualidades que va de la orilla al abismo —de las aguas rasas de la costa a las profundidades del alto mar—, cada una con su tono propio de azul en la guia: claro para las jóvenes, oscuro y profundo para las mayores.

Iemanjá Bocí — la joven de las aguas costeras

La documentación la describe como la Iemanjá más joven, la que rige las aguas rasas, las que bañan la playa. En el juego de búzios habla de la inteligencia y del pensamiento en equilibrio. Es la de red de adjuntós más amplia: acompaña a Ogum Adiolá, a Xangô Agandjú, a Odé, a Ossanha y a Oxalá Dacum, y su sincretismo la lleva a Nuestra Señora de los Navegantes.

Iemanjá Bomí — la señora del alto mar

La más vieja y la más honda: la Iemanjá de las profundidades del océano, del alto mar donde no llega la vista. En el juego habla de la protección y la estabilidad, y por su morada en el fondo se la asocia a Olocum, la fuerza del abismo marino. Su adjuntó documentado es con Oxalá Bocum, Jobocum o de Orumiláia —la madre más antigua junto al padre más antiguo—.

Iemanjá Nanã Borocum — la abuela ancestral

Una precisión importante para el lector: Nanã Borocum (o Buruquê) —que en el Candomblé es un Orixá aparte, señora del barro, del pantano y de la ancestralidad más antigua— en gran parte del Batuque se cultiva como la cualidad más vieja de Iemanjá. Es la dueña del origen de la vida; en el juego habla de la oración, la ancestralidad, los eguns, la vida y la muerte. Que se la tenga por Orixá propia o por rostro anciano de la Gran Madre depende de la Nación y de la casa; las dos lecturas están documentadas y las dos son legítimas.

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9 · Los símbolos: el abebé de plata, el ancla, el ocho, el azul

El alfabeto material de Iemanjá es todo brillo de agua. Encabeza su abebé, el espejo ritual de mano —y aquí la serie regala una simetría perfecta: si el abebé de Oxum es de oro, el de Iemanjá es de plata; la madre del mar refleja la luna, la señora del río refleja el sol—. Le pertenecen todos los adornos femeninos de plata, y los emblemas del que domina el agua salada: el remo, el timón, el ancla, los caracoles y conchas, las perlas —porque es la señora de la perla—. Su feitiche documentado es una piedra pulida por las aguas; su quizila —lo que la ofende—, el polvo y el sapo, todo lo que es seco y de tierra estancada.

El ocho es su número, como el de Oxum, porque las señoras del agua comparten la cuenta. El viernes —sexta-feira, el día de las aguas mayores— es su jornada, aunque algunas casas la honran también el sábado. El azul, en todos sus tonos, es su bandera: del celeste clarísimo de Bocí al azul profundo de Bomí, con el cristal transparente para ciertas cualidades; y la guia de Iemanjá, como la de Oxum, es siempre de un solo tono —el que corresponde a la cualidad—. Sus lugares son el mar, la playa y la desembocadura —el lugar exacto donde el río de Oxum entrega su agua a la madre—.

10 · La mesa de Iemanjá: lo que la literatura documenta

La mesa de Iemanjá es blanca y clara como la espuma. La documentación del sur registra como base la canjica blanca —el maíz blanco cocido—, la cocada blanca y la miel; y suma, según las casas y las cualidades, el manjar blanco, el arroz con miel y, en la tradición documentada, el pescado asado en hoja de banana, con vino o champaña blanca. Todo lo suyo es plateado, blanco o del azul del agua —el color de la espuma cuando el mar se calma—. Donde la mesa de Oxum era la confitería del amor, la de Iemanjá es la mesa serena de la casa grande: lo que la madre pone cuando quiere que los hijos vuelvan a sentarse en paz.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

11 · Nuestra Señora de los Navegantes: el sincretismo de la reina del mar

El sincretismo documentado de Iemanjá en el Batuque es, en primer lugar, con Nuestra Señora de los Navegantes —la del 2 de febrero, cuya gran fiesta de Porto Alegre reúne a multitudes a la orilla del Guaíba—, registrada para sus cualidades Bocí y Bomí. La elección de los mayores fue, otra vez, de teología fina: la patrona de los que navegan puesta sobre la señora del agua que se navega; la Virgen que protege a los que salen al mar sobre la madre que es el mar. Y el manto azul y blanco de la imagen dialoga, sin decir palabra, con el azul de la reina. En Bahía, ese mismo 2 de febrero enciende la fiesta del Río Vermelho; en Cuba, como vimos, la madre es la Virgen de Regla; en la Umbanda es la Rainha do Mar. Un solo mar, muchos altares, y en todos la misma reverencia a la que da la vida.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

12 · Iemanjá en el Río de la Plata

Si a Oxum le vino bien nuestra geografía de ríos, a Iemanjá le viene bien nuestra geografía de orillas inmensas. El Río de la Plata es, técnicamente, un estuario —agua de río que se va haciendo mar—: el lugar exacto de Iemanjá, la desembocadura donde lo dulce se entrega a lo salado. Y a pocas horas está el Atlántico abierto, con sus playas uruguayas y bonaerenses. Por eso, cada 2 de febrero, y cada 31 de diciembre a la medianoche, miles de personas —de religión y de devoción simple— bajan a la costa con flores para la madre. En Montevideo, la fiesta de Iemanjá en la playa Ramírez es uno de los mayores acontecimientos públicos de fe afroamericana de todo el continente; y en la costa argentina, del Río de la Plata al mar, la escena se repite: velas, rosas, barquitos y el pedido callado de que el agua los reciba.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve en la playa no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un 2 de febrero se cruza con velas encendidas sobre la arena y un saludo que suena a agua y a madre —¡Omío Odô!—, ya sabe a quién se saluda: a la Gran Madre que recibe a todos los hijos, sin preguntar de qué río vienen.

13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Iemanjá lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con la madre del mar el silencio guarda lo que corresponde: los fundamentos de la cabeza —porque de la cabeza es señora—, los secretos del asiento, los recorridos de cada cualidad de la orilla al abismo. Esta entrada muestra la playa, la parte del mar que cualquiera puede pisar; lo que está mar adentro, en el fondo donde vive Bomí, queda donde debe: en el cuarto de santo y en la memoria de las mayores.


14 · Palabras finales

Undécima entrada, y la Gran Madre casi no necesitó que la presentaran: al mar lo conoce todo el mundo. Lo que quizá no se conocía era todo lo demás —que es la madre de casi todos los Orixás; que rige la cabeza y los pensamientos; que viajó de un río africano al océano americano sin dejar de ser la misma; que su llanto por los hijos que se van es la sal del mar; que el 2 de febrero, cuando media América del Sur baja a la orilla con flores, está celebrando a la misma reina que en Nigeria fue un río de nombre dulce—. A esta madre no hay que agregarle nada: hay que quedarse callado en la orilla y dejar que el agua diga.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted es de las que sostienen —madre, abuela, la que junta a la familia, la que abre los brazos aunque después rete—: sepa que el panteón africano la tiene por reina, y que su color es el azul del mar cuando por fin se calma.

La serie entra en su tramo final. Queda una sola Cabeza Grande, el que se saluda al final de todo toque, el padre de la creación y de la paz: Oxalá, vestido de blanco de la cabeza a los pies. Con él cerraremos los doce, como se cierra una fiesta bien llevada: en paz, y de blanco. Hasta la próxima, que será la última.

¡Omío Odô, mi madre Iemanjá!
Que el mar reciba lo que le entregamos y nos devuelva la calma. Odoiyá.

15 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Omío Odô / Odô-iyá: el saludo a Iemanjá; evoca a la madre de las aguas. En el juego de búzios se registra también «Erú Iá», «salve, señora».

Abebé (de plata): el espejo ritual de mano de Iemanjá, plateado, hermano del abebé dorado de Oxum.

Bocí: la cualidad más joven de Iemanjá, señora de las aguas costeras; en el juego, la inteligencia en equilibrio.

Bomí: la cualidad más vieja, señora del alto mar y las profundidades; en el juego, la protección y la estabilidad.

Nanã Borocum (Buruquê): la cualidad más antigua de Iemanjá en gran parte del Batuque; señora del origen de la vida, la ancestralidad y los eguns. En el Candomblé, Orixá aparte.

Olocum: la fuerza del fondo del mar, del abismo oceánico, a la que se asocia Iemanjá Bomí.

Passagem: el momento ritual en que el Orixá se manifiesta y «pasa» en una escena de fundamento —como la entrega de las flores al mar en la fiesta de Iemanjá—.

Feitiche / quizila: el objeto de asiento (la piedra pulida por las aguas) y aquello que ofende al Orixá (para Iemanjá, el polvo y el sapo).

Rainha do Mar / Janaína: nombres populares y poéticos de Iemanjá en el Brasil, la «reina del mar».

16 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Iemanjá: la etimología «madre de los peces», el río Yemọja y el río Ògùn, la emigración de los Egbá, la genealógía de sus hijos Orixás).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Iemanjá: la Gran Madre, los casamientos, la maternidad de los Orixás).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Iemanjá en las Naciones del Batuque: saludo, día, número 8, los tonos de azul de las guias por cualidad, las cualidades Bocí, Bomí y Nanã Borocum con sus dominios y adjuntós, la regencia del mar, de la maternidad universal y de la cabeza y los pensamientos, las herramientas de plata (remo, timón, ancla, caracoles), las ofrendas de canjica blanca, cocada y miel, la fiesta del 2 de febrero y el sincretismo con Nuestra Señora de los Navegantes.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá · VII. Ossanha · VIII. Xapanã · IX. Ibeji · X. Oxum · XI. Iemanjá
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una gota más de agua limpia en el mar del respeto.

La señora del oro

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · X

Oxum: la señora del oro

La dueña del amor, del río y de la gran magia femenina, primera de las Cabezas Grandes, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · décima entrada de la serie
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Ieieu! (Orí Iê Ieô; Ora Ieiê ô en la Umbanda)
Día
Sábado
Número
8 y sus múltiplos
Colores
Todos los tonos del amarillo (claro, yema, oro, según la cualidad)
Símbolos
El espejo, el abanico, el oro
Dominio
El amor, la riqueza, las aguas dulces, la gestación
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias de esta ficha, empezando por el tono exacto de amarillo de cada cualidad. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: la primera de las Cabezas Grandes

Con esta entrada, la serie cruza una frontera que la propia liturgia del Batuque marca con claridad: después de los guerreros, los cazadores, los sabios y los niños, el orden del toque entra en el territorio de las Cabezas Grandes —así llama la documentación del sur al grupo final de la jerarquía: Oxum, Iemanjá y Oxalá, los Orixás de la serenidad, de la dulzura y de la culminación—. Y la puerta de ese territorio la abre Oxum: la señora del oro, del amor y de las aguas dulces; la primera Orixá «dulce» de la jerarquía; la madre de crianza de los gemelos que despedimos en la entrada anterior; la dueña de una de las fuerzas más subestimadas y más poderosas del universo entero: la dulzura que consigue lo que la fuerza no pudo.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale la advertencia de siempre: lo aquí descrito es una mirada situada; los tonos de amarillo, los adjuntós y los fundamentos de Oxum varían entre la Ijexá —nación que lleva el nombre de su reino africano, como veremos—, la Cabinda, la Jeje y la Oyó. Ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, más la tarjeta de fundamento con etiqueta propia.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos mencionados están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, con fines de documentación cultural. Ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por el sacerdote o sacerdotisa de cada casa.

3 · El nombre: Oxum, el río que es reina

Como Oiá, como Obá, como Otim, Oxum lleva nombre de agua: es el río ỌṢun, que atraviesa el corazón del territorio yoruba y baña la ciudad sagrada de Oxogbô —donde su bosque consagrado, el Bosque Sagrado de Osun-Osogbo, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: la señora de esta entrada es la única Orixá del panteón con un santuario reconocido como patrimonio mundial, y su gran fiesta anual reúne allí a multitudes de todo el planeta—. Y su nombre resuena aún más cerca para nosotros: la Nación Ijexá de nuestro Batuque lleva el nombre del reino africano de Ijexá (Ijèọà), la tierra histórica de Oxum —una de nuestras naciones enteras es, literalmente, la memoria viva del país de esta señora, y su toque más dulce, el ritmo ijexá, se toca hoy desde los templos del sur hasta los carnavales de Bahía—.

4 · Quién es Oxum

Oxum es, en la definición que conserva la documentación del Batuque, la Orixá de la riqueza, del oro y de las aguas dulces; la señora de la fecundidad femenina, que protege el feto y la gestación —y a los recién nacidos hasta que aprenden a hablar, enseñan los mayores—; maternal y receptiva, pero también —y la literatura del sur lo subraya expresamente contra el estereotipo— guerrera y altiva. Es la dueña del amor en todas sus formas: el que empieza, el que perdura, el que se reconquista; y de la prosperidad que hace posible que el amor tenga casa donde vivir.

El retrato completo pide las dos pinceladas, y pido al lector que no se quede con una sola. La primera es la famosa: la Oxum del espejo y del abanico, la coqueta, la del oro y los perfumes, la diplomática que endulza lo que toca. La segunda es la que el estereotipo olvida y la documentación conserva: la Oxum Miuá de nuestro Batuque, que baja al salón trayendo espada y arco; la reina que gobernó su reino; la única que consiguió lo que ningún guerrero pudo —como contarán los itans—. La dulzura de Oxum no es debilidad: es estrategia superior. Ella eligió la miel como otros eligen la espada, y con la miel ganó batallas que las espadas perdieron. Los mayores lo enseñan con una imagen perfecta: el río parece lo más manso del mundo, y es lo único que atraviesa la piedra.

«La espada corta una vez. La miel convence para siempre.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

Del arquetipo de sus hijas e hijos, la tradición dice lo esperable de esta casa: encanto natural, diplomacia, gusto por la belleza y el bienestar, inteligencia emocional finísima, y debajo del terciopelo, una determinación de acero que solo descubren los que la subestimaron. Como en toda la serie: retrato de familia, no sentencia. Pero quien conozca gente de Oxum sabrá que consiguen, sonriendo, lo que otros no consiguen ni gritando —y que nadie sabe cómo lo hicieron—.

5 · La dueña de las lenguas: Oxum y la gran magia femenina

Hay un dominio de Oxum que el gran público desconoce y que la documentación del Batuque registra con todas las letras: Oxum es la dueña de las lenguas y de la gran magia sacerdotal femenina. No solo el amor y el oro: el poder —el conocimiento profundo, la palabra que obra, el arte mayor del sacerdocio de las mujeres— le pertenece. La tradición yoruba la cuenta entre las Ìyámì —las Madres ancestrales, las señoras del poder femenino primordial— y le atribuye el señorío sobre el oráculo de los búzios, como contará uno de los itans. En nuestro Batuque, donde tantas de las grandes casas históricas fueron y son gobernadas por Ialorixás —por madres de santo de autoridad inmensa—, ese fundamento no es teoría: es la fotografía de la religión real, donde la mitad del cielo y bastante más de la mitad de la tierra están en manos de mujeres. Detrás de cada una de ellas, enseñan los mayores, brilla el oro de Oxum.

Y la serie le debe a esta señora dos deudas que ahora se pagan: es la madre de crianza de los Ibeji —como documentamos en la entrada anterior— y es la dueña del oro que Ossanha custodia —como documentamos en la del señor de las hojas: junto a Oxum Ademun, el médico del monte rige la abundancia del dinero—. La red de adjuntós documentada de Oxum es de las más extensas del panteón —con Bará, Ogum, Xangô, Odé, Ossanha y Oxalá; raramente con Xapanã—: la señora del amor, como corresponde, tiene la mano dada con media jerarquía.

6 · Un mismo principio, muchos nombres: ỌṢun, Ochun, Oxum

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba ỌṢun (el río; su bosque de Oxogbô es Patrimonio de la Humanidad) Nigeria
Candomblé Oxum Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Ochún, sincretizada con la Caridad del Cobre, patrona de Cuba Cuba y su diáspora
Batuque Oxum (Docô, Olobá, Ademun, Miuá, Pandá, Epandá Ibeji) Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Mamáe Oxum (Ora Ieiê ô) Brasil, Río de la Plata

Una fila de esta tabla merece párrafo propio: en Cuba, Ochún fue sincretizada con la Virgen de la Caridad del Cobre... que es la patrona nacional de Cuba. Es decir: hay un país entero de este continente cuya patrona oficial es, para millones de sus hijos, la señora del oro y del amor. Ninguna otra Orixá llegó tan alto en el sincretismo americano —y quien conozca a Oxum no se sorprende: ella siempre entra por la puerta grande—.

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7 · Los itans de Oxum: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque.

Itan I

Sin Oxum, nada prospera

Cuentan que en el principio de los trabajos del mundo, los Orixás varones se reunían a deliberar y dejaban a las mujeres afuera. Oxum, la más joven de las señoras, fue apartada de los consejos, y no protestó: simplemente, retiró su mano. Y el mundo lo sintió en el acto: las lluvias no llegaron, las fuentes se secaron, los vientres se cerraron, las cosechas murieron, ninguna empresa prosperaba y ningún plan llegaba a puerto. Alarmados, los Orixás fueron a consultar a Olodumare, el Ser Supremo, que hizo una sola pregunta: «¿Y Oxum? ¿La invitaron?». Ante el silencio culpable, la sentencia fue simple: nada de lo que hagan puede salir bien si falta la que hace fecundas las cosas. Los Orixás volvieron con la cabeza gacha, invitaron a Oxum —y con ella entraron todas las mujeres— a los consejos del mundo, y solo entonces la lluvia cayó, los ríos corrieron y todo lo que estaba trabado se destrabó.

Sentido: el itan lo dice sin metáfora y hace siglos: toda mesa donde no se sientan las mujeres está condenada al fracaso. No hay proyecto, familia ni nación que prospere excluyendo a la mitad que fecunda. Olodumare lo dejó sentenciado; el mundo todavía lo está aprendiendo.

Itan II

Cómo Oxum ganó el juego de búzios

Cuentan que el arte de la adivinación pertenecía a los señores del oráculo, y que Oxum lo quiso para las mujeres. No lo robó con violencia ni lo mendigó: lo obtuvo como ella hace todo —con inteligencia, encanto y una paciencia de río—. La versión que recoge Prandi cuenta que fue Exú-Bará, el dueño de todos los secretos de los caminos, quien poseía el conocimiento del juego, y que Oxum, con su miel y su astucia —dicen que le encantó la memoria con dulzura hasta que el secreto se le escapó, y hay versiones para todos los gustos—, se lo ganó pieza por pieza, caracol por caracol. Cuando los señores del oráculo quisieron reclamar, ya era tarde: la joven del río dominaba el juego de los dieciséis búzios, y lo repartía generosamente entre las mujeres. Por eso la tradición la consagra dueña del juego, y por eso —enseñan los mayores— ninguna lectura de búzios comienza sin su licencia: los caracoles vienen del agua, y el agua dulce tiene dueña.

Sentido: el conocimiento no es propiedad de quien lo acapara sino de quien lo comparte —y la puerta del saber, cuando se les cierra a las mujeres, ellas la abren igual, con la llave que sea—. Cada Ialorixá que hoy tira los búzios está cobrando la victoria de Oxum.

Itan III

La madre de crianza: Oxum y los gemelos

El lector de la serie ya lo conoce del lado de los hijos; corresponde contarlo del lado de la madre. Cuando los gemelos paridos por Iansã necesitaron quien los criara, fue Oxum quien abrió los brazos —y la que no los había llevado en el vientre los llevó en la falda, en la mesa y en el corazón, hasta volverse para siempre su madre de crianza—. El Batuque, como vimos en la entrada anterior, selló ese amor en su propia liturgia: los niños sagrados viven ritualmente en Oxum Epandá Ibeji, la cualidad más joven de la señora, cuya guia admite todos los colores menos el negro —porque donde Oxum cría, el luto no entra—. Y la rueda de los gemelos, en la Nación Jeje-Ijexá, acontece durante los erís de Oxum: la fiesta de la madre es la fiesta de los hijos, como en todas las casas bien llevadas.

Sentido: la fecundidad de Oxum es más grande que la biología: es la potencia de hacer crecer lo que llega a sus manos, venga de donde venga. Señora de la gestación y madre de crianza a la vez: nadie enseña como ella que el amor no pregunta de quién es el hijo, sino quién lo necesita.

Fundamento del Batuque · no es itan, es liturgia documentada

El baño en el río: la passagem de Oxum

La documentación del sur conserva una de las imágenes litúrgicas más hermosas de toda la religión: durante los erís —las fiestas— de Oxum, la señora se manifiesta en una passagem que recrea su baño en el río: el salón se llena de perfumes, la Orixá danza con sus leques —los abanicos— y sus espejos, y por unos minutos el templo entero es la orilla del ỌṢun, con la reina peinándose en el agua dorada. No es vanidad: es epifanía —la belleza mostrándose como lo que es en nuestra teología: una forma del axé, una potencia sagrada que alegra el mundo y lo fecunda—. El fundamento completo del rito pertenece, como siempre, a los mayores y al cuarto de santo.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

8 · Las cualidades de Oxum en el Batuque, una por una

La documentación del Batuque registra para Oxum una de las familias de cualidades más ricas del panteón —de la matriarca a la niña, un río entero de edades—, cada una con su tono propio de amarillo en la guia: claro para las jóvenes, yema y oro para las mayores.

Oxum Docô — la gran matriarca

La documentación la describe como la gran matriarca sabia: la Oxum más vieja, la abuela de oro de la familia, la de mayor fundamento y mayor reverencia. Su guia lleva el amarillo más profundo —el oro viejo—, y su sincretismo documentado es con Nuestra Señora de la Concepción, como veremos.

Oxum Olobá — la guardiana de las gestaciones

La Oxum «de la lomba», dice la documentación del sur con palabra bien gaucha; la señora mayor a la que se recurre en los problemas de salud y riesgo de las gestaciones y de los niños pequeños —la obstetra del panteón, digamos con cariño de enfermero—. Sus adjuntós documentados la unen a Xangô Agodô y a Xapanã Belujá, y el lector recordará de la entrada anterior que cuando acompaña a Belujá, el sincretismo alcanza al propio Cristo crucificado.

Oxum Ademun — la de las cascadas y la abundancia

La conocedora de la cura por las hojas y de los secretos de las cascadas alejadas, dice textualmente la documentación; la Oxum del agua que cae y del monte húmedo. Es la socia ritual de Ossanha que ya conocimos: junto al médico del monte rige la abundancia del dinero, y su adjuntó documentado con él lleva por sincretismo a San Cristóbal. La Oxum de los que piden trabajo y sustento: la ventanilla dorada del panteón.

Oxum Miuá — la guerrera

La prueba viviente contra el estereotipo: moza, vanidosa... y extremadamente guerrera, que baja al salón trayendo idá y ofá —espada y arco—, dice la documentación con esas palabras. La Oxum que recuerda que la dulzura es una elección, no una limitación: cuando la miel no alcanza, la señora sabe dónde guarda el filo.

Oxum Pandá — la moza del espejo

La joven coqueta y vanidosa por excelencia: la Oxum más popular del sur, la del espejo y el perfume, la del amarillo más claro en la guia. Su mesa documentada es la más dulce de toda la religión, como veremos. Y su forma infantil, Oxum Epandá Ibeji, es la madre-niña de los gemelos que conocimos en la entrada anterior, con su guia de todos los colores menos el negro.

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9 · Los símbolos: el espejo, el abanico, el ocho, el amarillo

El alfabeto material de Oxum es el más luminoso del panteón. El espejo —el abebé, en su forma ritual de mano— encabeza todo, y pido al lector que no lo lea con el prejuicio fácil: el espejo de Oxum no es frivolidad —es el instrumento del autoconocimiento, la herramienta de la que se mira de frente y se acepta, y el arma secreta de la que conoce su propio valor antes de negociar con el mundo—. El abanico —el leque— es su cetro de aire dulce: donde otros Orixás imponen, Oxum ventila, refresca, seduce. El oro y todo lo que brilla le pertenecen —con Ossanha de custodio, como sabemos—, junto a las joyas, los perfumes y la miel —su elemento de fundamento por excelencia: lo único que endulza sin dejar de ser remedio—.

El ocho es su número y el de sus múltiplos —y las mesas documentadas del sur lo honran a rajatabla: ocho quindines, ocho pedazos de fruta, ocho rosas amarillas—. El sábado es su día. El amarillo, en todos sus tonos, es su bandera: del amarillo clarito de Pandá al oro viejo de Docô, la guia de Oxum es siempre de un solo tono —el que corresponde a la cualidad—, y la documentación del sur cuida esa precisión de tonalidades como se cuida una partitura. Sus lugares son el río, la cascada y la orilla del agua dulce; su tiempo, el de la primavera de las cosas: todo lo que empieza con buen pie empezó cerca de Oxum.

10 · La mesa de Oxum: lo que la literatura documenta

La mesa de Oxum es la confitería del panteón, y la documentación del sur la registra con detalle y con tonos por cualidad: para Pandá, la más dulce de todas —canjica amarilla cocida, quindín, durazno en almíbar, miel y caramelos de miel—; para las demás cualidades, la base documentada de canjica amarilla, quindín y miel. El acervo museográfico del sur conserva mesas con el mamón cortado en ocho pedazos, ocho quindines y ocho rosas amarillas —el número de la señora gobernando hasta la repostería—, y la literatura registra en su cuarto de santo los merengues, las cocadas y los bizcochuelos que endulzan sus fiestas. Si la mesa de Xapanã era lo que la tierra da, la de Oxum es lo que el amor prepara cuando quiere agasajar: todo amarillo, todo dulce, todo de a ocho.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

11 · Nuestra Señora de la Concepción: el sincretismo de la madre del oro

El sincretismo documentado de Oxum en el Batuque es con Nuestra Señora de la Concepción —registrado expresamente para la matriarca Docô—, cuya fiesta del 8 de diciembre abre el verano mariano del continente. Y otra vez los mayores eligieron con teología fina: la Inmaculada Concepción es, en el dogma católico, el misterio de la concepción —de la vida gestándose pura desde el primer instante—: exactamente el dominio de la señora que protege el feto y la gestación. La patrona de lo que se concibe vestida sobre la Orixá de la fecundidad; y hasta el manto celeste y blanco de la Virgen dialogando con el agua dulce de la reina. En otras tradiciones y casas, la documentación registra también a Nuestra Señora Aparecida y a la Caridad del Cobre cubana; y una precisión de rigor para el lector del sur: Nuestra Señora de los Navegantes, la del 2 de febrero de Porto Alegre, es en el Batuque sincretismo de Iemanjá —de Bocí y Bomí—, no de Oxum: ese capítulo glorioso le pertenece a la entrada que viene, y allí lo contaremos como se debe.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

12 · Oxum en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para Oxum con una geografía que juega a su favor como con ninguna otra Orixá: esta región es un imperio de agua dulce. El Paraná, el Uruguay, el Iguazú con sus cascadas —las más majestuosas cascadas de América, territorio natural de Ademun—, los arroyos del conurbano, las lagunas pampeanas, el propio Río de la Plata que le da nombre a todo: donde el resto del mundo tiene un río, nosotros tenemos un continente de ríos, y cada uno es un salón de Oxum. Cada pareja que se compromete a la orilla de un río, cada familia que espera un bebé, cada emprendedor que arranca de cero y cada Ialorixá que tira los búzios en Lomas, en Avellaneda o en el Cerro de Montevideo, trabaja en territorio de la señora del oro.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un sábado escucha los tambores y un saludo que suena a agua y a fiesta —¡Ieieu!—, ya sabe a quién se saluda: a la reina que hace prosperar todo lo que toca, y que nunca le negó la miel a nadie que la pidiera con respeto.

13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Oxum lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con Oxum el silencio custodia su tesoro más específico: la gran magia sacerdotal femenina de la que es dueña —el arte de las Ìyámì, los fundamentos del oráculo, los secretos que las Ialorixás se pasan de madre a hija de santo desde hace siglos— pertenece por entero a quienes lo heredaron y lo sirven. Esta entrada muestra el río a cielo abierto —con la señora del río, la metáfora se vuelve literal—; lo que corre bajo el agua dorada queda donde debe: en el cuarto de santo y en la memoria de las mayores.


14 · Palabras finales

Décima entrada, dos dígitos, y la verdad sigue alcanzando y sobrando. La historia real de Oxum —la de la señora sin cuya presencia nada del universo prospera, sentenciado por el propio Olodumare; la de la joven que ganó para las mujeres el juego de los búzios; la de la madre de crianza que enseñó que el amor no pregunta de quién es el hijo; la de la guerrera Miuá que guarda el filo bajo la miel; la de la única Orixá con un bosque declarado Patrimonio de la Humanidad— no necesita un solo adorno. Necesitaba, apenas, que no la redujeran al espejo —y que se contara qué ve ella cuando se mira: a la que sostiene, fecunda y endulza el mundo entero, y lo sabe—.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted es de las que sostienen —madre, abuela, madre de crianza, madre de santo, jefa de familia, mujer que fecunda proyectos y personas donde pisa—: sepa que el panteón africano la tiene por realeza, y que su color es el oro.

Que Oxum, señora de las aguas dulces, siga haciendo prosperar lo que amamos; que su miel nos enseñe a convencer sin cortar; que su espejo nos devuelva, a cada uno, el valor que olvidamos tener; y que nunca falte su oro —el de verdad: el de la vida abundante— en ninguna casa que lo pida con el corazón limpio.

¡Ieieu, mi madre Oxum!
Donde ella entra, todo prospera. Que entre en su casa también.

15 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Abebé: el espejo ritual de mano de Oxum, su emblema mayor; en Iemanjá toma forma plateada, como veremos.

Leque: el abanico ritual con que Oxum danza en sus erís.

Erís: las fiestas rituales; los de Oxum incluyen la passagem documentada del baño en el río, con perfumes, abanicos y espejos.

Quindín: el dulce de yema y coco, amarillo como su dueña; pieza central documentada de la mesa de Oxum.

Canjica amarilla: el maíz blanco cocido y preparado en amarillo; base documentada de sus ofrendas.

Ìyámì: las Madres ancestrales del poder femenino primordial en la tradición yoruba; Oxum se cuenta entre ellas.

Idá y ofá: la espada y el arco: las armas documentadas de Oxum Miuá, la cualidad guerrera.

Oxogbô (Osogbo): la ciudad nigeriana del río ỌṢun; su Bosque Sagrado es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Ritmo ijexá: el toque dulce y ondulante originario del reino de Ijexá, tierra de Oxum; vivo en los templos del sur y en la música popular brasileña.

16 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Oxum: el río, el reino de Ijexá, Oxogbô y su culto, la difusión americana).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Oxum: la exclusión de las mujeres y la sentencia de Olodumare, la obtención del juego de búzios, la crianza de los gemelos).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Oxum en las Naciones del Batuque: saludo, día sábado, número 8, los tonos de amarillo de las guias por cualidad, las cualidades Docô, Olobá, Ademun, Miuá, Pandá y Epandá Ibeji con sus dominios y adjuntós, la regencia de la fecundidad y la gestación, el señorío de las lenguas y la gran magia sacerdotal femenina, la Mesa de Ibeji compartida con Xangô, la passagem del baño en el río durante los erís, las ofrendas por cualidad y el sincretismo con Nuestra Señora de la Concepción.
  • UNESCO. Osun-Osogbo Sacred Grove, Lista del Patrimonio Mundial (2005).
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá · VII. Ossanha · VIII. Xapanã · IX. Ibeji · X. Oxum
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una gota más de oro en el río del respeto.

Este es el relato de una historia ficticia que narra la experiencia de un esclavo africano capturado en Dahomey. Sin embargo, es importante recordar que la trata de esclavos fue una tragedia real en la historia y que las experiencias de las personas que fueron víctimas de la esclavitud fueron extremadamente dolorosas y traumáticas.

La historia que a continuación se presenta tiene fines educativos y de narración, y no debe minimizar la gravedad de este capítulo oscuro en la historia.
Mi nombre es Ayo, y soy un hombre nacido en el corazón de Dahomey, una tierra rica en cultura y tradiciones. Durante muchos años, viví en una pequeña aldea junto a mi familia, donde aprendimos a amar la tierra que nos proporcionaba todo lo que necesitábamos. Nuestras vidas estaban llenas de danzas alegres, historias ancestrales y rituales espirituales que nos conectaban con nuestros antepasados. Sin embargo, un día oscuro y sombrío cambió todo. En la distancia, llegaron hombres blancos con extrañas ropas y armas desconocidas. Eran los traficantes de esclavos europeos que habían llegado para saquear nuestras tierras y llevarnos lejos de nuestras familias y hogares. Fui capturado junto con muchos otros de mi aldea. Las cadenas que aprisionaron mis tobillos y muñecas eran pesadas y crueles, como si llevara el peso de siglos de opresión sobre mis hombros. Nos metieron en barcos grandes y oscuros, donde el hedor y la oscuridad eran insoportables. Los lamentos de mi gente llenaban el aire, mientras navegábamos hacia un destino desconocido. Durante semanas, vivimos en condiciones inhumanas. La comida era escasa, el agua aún más. Muchos de mis compañeros de cautiverio murieron debido a la enfermedad y la desesperación. La muerte se convirtió en un espectro constante que acechaba nuestras vidas. Finalmente, llegamos a una tierra extraña y hostil. Fuimos vendidos como si fuéramos mercancía en un mercado. Perdí mi nombre y mi identidad; ahora era solo un número. Fui forzado a trabajar en plantaciones de caña de azúcar, bajo el ardiente sol tropical. Los latigazos y el sufrimiento eran parte de la rutina diaria. A pesar de la brutalidad y el sufrimiento, nunca perdí la esperanza de volver a mi tierra natal. Las noches eran testigos de canciones susurradas y oraciones secretas en honor a los dioses de África. Soñaba con escapar, con encontrar mi camino de regreso a casa. La historia de mi vida como esclavo africano capturado en Dahomey es una de dolor, resistencia y pérdida. Pero también es una historia de fortaleza y esperanza, porque, a pesar de las adversidades, el espíritu africano nunca se rompió por completo. La llama de la libertad siempre ardió en nuestros corazones, y la lucha por la justicia y la igualdad continuó en las generaciones futuras