Iemanjá: la gran madre del mar
- Nota del autor: la señora que me da el nombre
- Cómo leer este estudio
- El nombre: Iemanjá, la madre cuyos hijos son peces
- Quién es Iemanjá
- La reina de la cabeza: Iemanjá y los pensamientos
- Un mismo principio, muchos nombres: Yemọja, Yemayá, Iemanjá
- Los itans de Iemanjá: tres leyendas y un fundamento
- Las cualidades de Iemanjá en el Batuque, una por una
- Los símbolos: el abebé de plata, el ancla, el ocho, el azul
- La mesa de Iemanjá: lo que la literatura documenta
- Nuestra Señora de los Navegantes: el sincretismo de la reina del mar
- Iemanjá en el Río de la Plata
- Lo que no se dice: el fundamento del silencio
- Palabras finales
- Glosario para el lector que llega de afuera
- Referencias
1 · Nota del autor: la señora que me da el nombre
Llego a esta entrada con el pulso distinto, y prefiero decirlo de frente: quien firma esta serie lleva por nombre de santo Ezequiel Ruiz de Iamanjá, y la señora de la que hoy escribo es la dueña de mi cabeza. Haré con ella lo mismo que hice con las once anteriores —visibilizar sin enseñar, documentar sin profanar—, pero el lector antiguo de la casa sabrá perdonar si en alguna línea se escucha, debajo del estudio, la voz del hijo. A una madre no se la explica con distancia de manual; y de todas las Cabezas Grandes, Iemanjá es, precisamente, la Gran Madre.
Con Oxum abrimos el territorio final de la jerarquía —las Cabezas Grandes: Oxum, Iemanjá y Oxalá, los Orixás de la serenidad, la dulzura y la culminación—. Ahora entra la segunda, y con ella entra el mar: Iemanjá, la señora de las aguas saladas, madre de casi todos los Orixás, mamá universal a la que la tradición del sur le confió nada menos que el gobierno de la cabeza y los pensamientos. Si Oxum es el río que atraviesa la piedra, Iemanjá es el mar que la contiene todo: lo dulce que Oxum reparte desemboca, al final, en la sal inmensa de la madre.
Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y vale la advertencia de siempre: lo aquí descrito es una mirada situada; los tonos de azul, las cualidades y los adjuntós de Iemanjá varían entre la Ijexá, la Cabinda, la Jeje y la Oyó. Ninguna variante es menos legítima que otra.
2 · Cómo leer este estudio
Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, más la tarjeta de fundamento con etiqueta propia.
3 · El nombre: Iemanjá, la madre cuyos hijos son peces
Su nombre yoruba, Yemọja, es una de las etimologías más tiernas del panteón: la documentación clásica lo lee como Yèyé omò éjá, «madre cuyos hijos son peces». La imagen lo dice todo: una fecundidad tan desbordante que no se cuenta de a uno, sino de a cardumen. En su origen africano Iemanjá no fue del mar, sino de un río —el río Yemọja, de la nación Egbá—; y cuando las guerras yoruba forzaron a los Egbá a emigrar hacia Abeókutá, no pudieron llevarse el río, pero se llevaron el axé de la señora, y su culto pasó a habitar otro río, el Ògùn —que no debe confundirse con Ogum, el Orixá del hierro, por más que el error se repita desde hace un siglo—. En América la madre desbordó toda ribera y se hizo, definitivamente, señora del mar: la que no cabe en un cauce se quedó con el océano entero. Hay en ese viaje una teología que ninguna diccionario alcanza: Iemanjá es la prueba de que a una madre no se la puede dejar atrás; donde sus hijos vayan, ella encuentra cómo seguir siendo agua para ellos.
4 · Quién es Iemanjá
Iemanjá es, en la definición que conserva la documentación del Batuque, la Orixá de las aguas saladas —el mar, los océanos y todo lo que en ellos vive—; la Gran Madre, madre de casi todos los Orixás, dueña de la maternidad, del casamiento y de la familia; la Mamáe Universal. Y la documentación del sur le suma un dominio que sorprende a quien la imagina sólo playera: Iemanjá rige la cabeza y los pensamientos —es, dicen las fuentes, la Orixá del pensamiento y de la estabilidad emocional—. Protectora de pescadores y marineros, señora de la perla, patrona de los hogares que quieren paz: su reino no es sólo el agua que se ve, sino también el mar interior de cada uno.
El retrato completo pide, como el de toda gran Orixá, dos pinceladas, y pido al lector que no se quede con una sola. El mar de Iemanjá es bellísimo, fascinante, acogedor —la madre que abraza, que educa, que trae paz al hogar—; pero el mismo mar es, cuando no se lo respeta, severo y peligroso. Así es ella: dulce con quien la honra, implacable con quien la subestima. La tradición lo resume sin rodeos: Iemanjá cría y educa, y castiga si hace falta —todo por el crecimiento del hijo—. No es la madre blanda de la estampita; es la madre de verdad, la que da la vida y también pone el límite. El que la ama entiende que las dos caras son la misma ternura.
«El mar acuna y el mar ahoga, y las dos cosas las hace por amor: para eso es la madre.»— Enseñanza oral de los mayores de la Nación
Del arquetipo de sus hijas e hijos, la tradición dice lo esperable de esta casa: porte altivo y elegante, vanidad prolija (sobre todo con el cabello), gusto por lo bello y lo digno; personas honestas, apegadas a la familia, protectoras hasta el sacrificio, de determinación serena y corazón inmenso, aunque de humor variable como la marea. Como en toda la serie: retrato de familia, no sentencia. Pero quien tenga cerca a un hijo de Iemanjá sabe que es la persona a la que todos, tarde o temprano, terminan pidiéndole abrigo —y que ella lo da, aunque después rete—.
5 · La reina de la cabeza: Iemanjá y los pensamientos
Hay un dominio de Iemanjá que el gran público —que la conoce sólo del 2 de febrero en la playa— desconoce, y que la documentación del Batuque registra con todas las letras: Iemanjá es la señora de la cabeza, de los pensamientos, del equilibrio de la mente. La tradición del sur enseña que se recurre a ella cuando el mar de adentro se pica —cuando la angustia, el desasosiego o la tristeza honda quitan el piso—, porque así como la madre calma al hijo, la reina del mar sabe devolverle la calma a la mente que se agita. Que quede claro, con la prudencia de quien también es enfermero: esto es teología, no medicina; la fe de la madre y el trabajo de un buen profesional de la salud no compiten —caminan juntos, y el que sufre de veras merece las dos manos—. Pero el dato religioso es hermoso y merece decirse: en la cosmovisión del Batuque, la serenidad es un don del agua salada, y tiene madre.
Y la serie le debe a esta señora una deuda que se salda aquí: en la entrada anterior anunciamos que la fiesta de los Navegantes le pertenece a Iemanjá, no a Oxum; y en la de los gemelos vimos que Oxum es su madre de crianza mientras que Iansã los parió. Iemanjá ocupa, en la red de parentescos del panteón, el lugar de la matriarca de la que todo desciende: su adjuntó documentado por excelencia es Oxalá —el gran padre que viene en la próxima entrada—, y su cualidad más joven, Bocí, tiene la mano dada con media jerarquía: Ogum Adiolá, Xangô Agandjú, Odé, Ossanha. La madre, como corresponde, está emparentada con todos: por eso el mar recibe, al final, el agua de todos los ríos.
6 · Un mismo principio, muchos nombres: Yemọja, Yemayá, Iemanjá
| Tradición | Nombre | Territorio principal |
|---|---|---|
| Religión tradicional yoruba | Yemọja (madre de los peces; primero río Yemọja, luego el río Ògùn) | Nigeria (nación Egbá) |
| Candomblé | Iemanjá (Rainha do Mar; Janaína en la poesía popular) | Bahía y todo Brasil |
| Regla de Ocha / Santería | Yemayá, sincretizada con la Virgen de Regla, patrona de la bahía de La Habana | Cuba y su diáspora |
| Batuque | Iemanjá (Bocí, Bomí, Nanã Borocum) | Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay |
| Umbanda | Mamáe Iemanjá / Rainha do Mar (Odô-iyá) | Brasil, Río de la Plata |
Una precisión de rigor sobre la tabla, para que nadie mezcle a las dos hermanas del agua: en Cuba, Yemayá es la Virgen de Regla —patrona de la bahía de La Habana—, mientras que Ochún es la Caridad del Cobre, patrona nacional, como vimos en la entrada anterior. Dos aguas, dos vírgenes, dos reinas: el agua salada de la madre y el agua dulce de la señora del oro. En el continente entero, allí donde hay una costa, hay un nombre para la Gran Madre —y siempre, siempre, el nombre suena a mar—.
7 · Los itans de Iemanjá: tres leyendas y un fundamento
Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque.
La madre cuyos hijos son Orixás
Cuentan que del vientre y de las aguas de Iemanjá nacieron muchísimos Orixás, y que por eso el panteón entero la reverencia como madre. Una de las historias que recoge la documentación clásica la muestra casada primero con Orunmilá, señor de la adivinación, y después con un gran rey, con el que tuvo hijos cuyos nombres enigmáticos son, en verdad, otros Orixás —entre ellos el arco iris que camina con la lluvia y el trueno que revela sus secretos, es decir, señores del cielo que todos conocemos—. La enseñanza no está en el detalle genealógico sino en la desmesura: la fecundidad de Iemanjá es cósmica; de ella salen fuerzas que después gobiernan el mundo, y ninguna deja de ser, para siempre, hija suya.
Sentido: hay una maternidad que no se mide por un hijo sino por un linaje entero. Iemanjá enseña que dar vida es el acto más grande que existe, y que la madre no deja de serlo cuando el hijo crece y se vuelve, él también, una potencia del mundo.
El agua que no se pudo dejar atrás
La historia del viaje de los Egbá —que Verger documenta con cuidado— es también un itan del corazón. Cuando la guerra obligó al pueblo de Iemanjá a abandonar su tierra, no pudieron cargar el río en el que la señora vivía; cargaron, en cambio, sus objetos sagrados, los soportes de su axé, y la llevaron consigo. Y donde llegaron, el agua volvió a recibirla: otro río se hizo su casa, y después el mar entero. Los mayores lo cuentan como prueba de una verdad enorme: a la madre no se la deja atrás. Se puede perder la tierra, el río, hasta la patria; mientras se lleve su axé en el pecho, ella encuentra cómo seguir siendo agua para los suyos, aunque el mapa cambie por completo.
Sentido: es, también, el itan del migrante y del desterrado —de todo el que tuvo que irse—. Iemanjá viajó de un río africano al océano americano sin dejar de ser la misma. La fe verdadera no se rompe en el viaje: se agranda.
La madre que se hizo mar de tanto llorar
Hay una historia que el Batuque conserva con especial ternura. Cuentan que Iemanjá tenía hijos amados, y que uno de ellos, ganado por otros caminos, se fue de la casa y no quiso volver, y que otro, indignado, también partió. La madre, desesperada por la pérdida de los suyos, lloró sin consuelo —y su llanto fue tanto y tan hondo que se volvió agua corriente, y el agua, río, y el río, mar—. Así explican los mayores por qué el mar es salado: son las lágrimas de la Gran Madre por los hijos que se le fueron; y por qué el mar nunca se seca: porque una madre no deja jamás de esperar.
Sentido: el amor de madre no se mide por lo que recibe de vuelta. Iemanjá sigue esperando en la orilla, con el mar por lágrima y la paciencia por hora. Todo el que alguna vez extrañó a alguien sabe de qué agua está hecho ese mar.
La entrega al mar: la ofrenda del 2 de febrero
La documentación del sur registra una de las imágenes públicas más conmovedoras de toda la religión: en año nuevo y, sobre todo, el 2 de febrero, el pueblo de santo baja a la playa a homenajear a la Gran Madre. Se le llevan flores —rosas blancas y celestes—, perfumes, espejitos, peines y ofrendas dulces, y se las entrega al agua salada, muchas veces en barquitos que la marea se lleva mar adentro: si el mar los recibe, la madre aceptó el pedido. No es folklore ni postal: es una passagem litúrgica, un acto de fe multitudinario en el que miles de personas, vestidas de blanco y de azul, le devuelven al mar lo que el mar les dio. El fundamento completo del rito pertenece, como siempre, a los mayores y al cuarto de santo.
Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es la orilla a la que cualquiera puede llegar; lo demás está mar adentro, donde sólo entra quien fue llevado.
8 · Las cualidades de Iemanjá en el Batuque, una por una
La documentación del Batuque registra para Iemanjá una familia de cualidades que va de la orilla al abismo —de las aguas rasas de la costa a las profundidades del alto mar—, cada una con su tono propio de azul en la guia: claro para las jóvenes, oscuro y profundo para las mayores.
Iemanjá Bocí — la joven de las aguas costeras
La documentación la describe como la Iemanjá más joven, la que rige las aguas rasas, las que bañan la playa. En el juego de búzios habla de la inteligencia y del pensamiento en equilibrio. Es la de red de adjuntós más amplia: acompaña a Ogum Adiolá, a Xangô Agandjú, a Odé, a Ossanha y a Oxalá Dacum, y su sincretismo la lleva a Nuestra Señora de los Navegantes.
Iemanjá Bomí — la señora del alto mar
La más vieja y la más honda: la Iemanjá de las profundidades del océano, del alto mar donde no llega la vista. En el juego habla de la protección y la estabilidad, y por su morada en el fondo se la asocia a Olocum, la fuerza del abismo marino. Su adjuntó documentado es con Oxalá Bocum, Jobocum o de Orumiláia —la madre más antigua junto al padre más antiguo—.
Iemanjá Nanã Borocum — la abuela ancestral
Una precisión importante para el lector: Nanã Borocum (o Buruquê) —que en el Candomblé es un Orixá aparte, señora del barro, del pantano y de la ancestralidad más antigua— en gran parte del Batuque se cultiva como la cualidad más vieja de Iemanjá. Es la dueña del origen de la vida; en el juego habla de la oración, la ancestralidad, los eguns, la vida y la muerte. Que se la tenga por Orixá propia o por rostro anciano de la Gran Madre depende de la Nación y de la casa; las dos lecturas están documentadas y las dos son legítimas.
9 · Los símbolos: el abebé de plata, el ancla, el ocho, el azul
El alfabeto material de Iemanjá es todo brillo de agua. Encabeza su abebé, el espejo ritual de mano —y aquí la serie regala una simetría perfecta: si el abebé de Oxum es de oro, el de Iemanjá es de plata; la madre del mar refleja la luna, la señora del río refleja el sol—. Le pertenecen todos los adornos femeninos de plata, y los emblemas del que domina el agua salada: el remo, el timón, el ancla, los caracoles y conchas, las perlas —porque es la señora de la perla—. Su feitiche documentado es una piedra pulida por las aguas; su quizila —lo que la ofende—, el polvo y el sapo, todo lo que es seco y de tierra estancada.
El ocho es su número, como el de Oxum, porque las señoras del agua comparten la cuenta. El viernes —sexta-feira, el día de las aguas mayores— es su jornada, aunque algunas casas la honran también el sábado. El azul, en todos sus tonos, es su bandera: del celeste clarísimo de Bocí al azul profundo de Bomí, con el cristal transparente para ciertas cualidades; y la guia de Iemanjá, como la de Oxum, es siempre de un solo tono —el que corresponde a la cualidad—. Sus lugares son el mar, la playa y la desembocadura —el lugar exacto donde el río de Oxum entrega su agua a la madre—.
10 · La mesa de Iemanjá: lo que la literatura documenta
La mesa de Iemanjá es blanca y clara como la espuma. La documentación del sur registra como base la canjica blanca —el maíz blanco cocido—, la cocada blanca y la miel; y suma, según las casas y las cualidades, el manjar blanco, el arroz con miel y, en la tradición documentada, el pescado asado en hoja de banana, con vino o champaña blanca. Todo lo suyo es plateado, blanco o del azul del agua —el color de la espuma cuando el mar se calma—. Donde la mesa de Oxum era la confitería del amor, la de Iemanjá es la mesa serena de la casa grande: lo que la madre pone cuando quiere que los hijos vuelvan a sentarse en paz.
Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.
11 · Nuestra Señora de los Navegantes: el sincretismo de la reina del mar
El sincretismo documentado de Iemanjá en el Batuque es, en primer lugar, con Nuestra Señora de los Navegantes —la del 2 de febrero, cuya gran fiesta de Porto Alegre reúne a multitudes a la orilla del Guaíba—, registrada para sus cualidades Bocí y Bomí. La elección de los mayores fue, otra vez, de teología fina: la patrona de los que navegan puesta sobre la señora del agua que se navega; la Virgen que protege a los que salen al mar sobre la madre que es el mar. Y el manto azul y blanco de la imagen dialoga, sin decir palabra, con el azul de la reina. En Bahía, ese mismo 2 de febrero enciende la fiesta del Río Vermelho; en Cuba, como vimos, la madre es la Virgen de Regla; en la Umbanda es la Rainha do Mar. Un solo mar, muchos altares, y en todos la misma reverencia a la que da la vida.
Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.
12 · Iemanjá en el Río de la Plata
Si a Oxum le vino bien nuestra geografía de ríos, a Iemanjá le viene bien nuestra geografía de orillas inmensas. El Río de la Plata es, técnicamente, un estuario —agua de río que se va haciendo mar—: el lugar exacto de Iemanjá, la desembocadura donde lo dulce se entrega a lo salado. Y a pocas horas está el Atlántico abierto, con sus playas uruguayas y bonaerenses. Por eso, cada 2 de febrero, y cada 31 de diciembre a la medianoche, miles de personas —de religión y de devoción simple— bajan a la costa con flores para la madre. En Montevideo, la fiesta de Iemanjá en la playa Ramírez es uno de los mayores acontecimientos públicos de fe afroamericana de todo el continente; y en la costa argentina, del Río de la Plata al mar, la escena se repite: velas, rosas, barquitos y el pedido callado de que el agua los reciba.
Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve en la playa no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un 2 de febrero se cruza con velas encendidas sobre la arena y un saludo que suena a agua y a madre —¡Omío Odô!—, ya sabe a quién se saluda: a la Gran Madre que recibe a todos los hijos, sin preguntar de qué río vienen.
13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio
Rige para Iemanjá lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con la madre del mar el silencio guarda lo que corresponde: los fundamentos de la cabeza —porque de la cabeza es señora—, los secretos del asiento, los recorridos de cada cualidad de la orilla al abismo. Esta entrada muestra la playa, la parte del mar que cualquiera puede pisar; lo que está mar adentro, en el fondo donde vive Bomí, queda donde debe: en el cuarto de santo y en la memoria de las mayores.
14 · Palabras finales
Undécima entrada, y la Gran Madre casi no necesitó que la presentaran: al mar lo conoce todo el mundo. Lo que quizá no se conocía era todo lo demás —que es la madre de casi todos los Orixás; que rige la cabeza y los pensamientos; que viajó de un río africano al océano americano sin dejar de ser la misma; que su llanto por los hijos que se van es la sal del mar; que el 2 de febrero, cuando media América del Sur baja a la orilla con flores, está celebrando a la misma reina que en Nigeria fue un río de nombre dulce—. A esta madre no hay que agregarle nada: hay que quedarse callado en la orilla y dejar que el agua diga.
Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted es de las que sostienen —madre, abuela, la que junta a la familia, la que abre los brazos aunque después rete—: sepa que el panteón africano la tiene por reina, y que su color es el azul del mar cuando por fin se calma.
La serie entra en su tramo final. Queda una sola Cabeza Grande, el que se saluda al final de todo toque, el padre de la creación y de la paz: Oxalá, vestido de blanco de la cabeza a los pies. Con él cerraremos los doce, como se cierra una fiesta bien llevada: en paz, y de blanco. Hasta la próxima, que será la última.
15 · Glosario para el lector que llega de afuera
Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.
Omío Odô / Odô-iyá: el saludo a Iemanjá; evoca a la madre de las aguas. En el juego de búzios se registra también «Erú Iá», «salve, señora».
Abebé (de plata): el espejo ritual de mano de Iemanjá, plateado, hermano del abebé dorado de Oxum.
Bocí: la cualidad más joven de Iemanjá, señora de las aguas costeras; en el juego, la inteligencia en equilibrio.
Bomí: la cualidad más vieja, señora del alto mar y las profundidades; en el juego, la protección y la estabilidad.
Nanã Borocum (Buruquê): la cualidad más antigua de Iemanjá en gran parte del Batuque; señora del origen de la vida, la ancestralidad y los eguns. En el Candomblé, Orixá aparte.
Olocum: la fuerza del fondo del mar, del abismo oceánico, a la que se asocia Iemanjá Bomí.
Passagem: el momento ritual en que el Orixá se manifiesta y «pasa» en una escena de fundamento —como la entrega de las flores al mar en la fiesta de Iemanjá—.
Feitiche / quizila: el objeto de asiento (la piedra pulida por las aguas) y aquello que ofende al Orixá (para Iemanjá, el polvo y el sapo).
Rainha do Mar / Janaína: nombres populares y poéticos de Iemanjá en el Brasil, la «reina del mar».
16 · Referencias
- CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
- FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
- VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Iemanjá: la etimología «madre de los peces», el río Yemọja y el río Ògùn, la emigración de los Egbá, la genealógía de sus hijos Orixás).
- PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Iemanjá: la Gran Madre, los casamientos, la maternidad de los Orixás).
- Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Iemanjá en las Naciones del Batuque: saludo, día, número 8, los tonos de azul de las guias por cualidad, las cualidades Bocí, Bomí y Nanã Borocum con sus dominios y adjuntós, la regencia del mar, de la maternidad universal y de la cabeza y los pensamientos, las herramientas de plata (remo, timón, ancla, caracoles), las ofrendas de canjica blanca, cocada y miel, la fiesta del 2 de febrero y el sincretismo con Nuestra Señora de los Navegantes.
- Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
