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Sábado de gloria

Con el respeto que todos se meresen y con la máxima utilidad que me caracteriza dejo estos caracteres acá con mi punto de vista de un fundamento que se fue perdiendo con el paso de los años faltan otros fundamentos del mismo culto pero sepame disculpar ya que entenderán que los axé no se dan por este medio. Ezequel de Iemanja
Cada Semana Santa y fin de la Cuaresma Católica, se aviva la polémica del sincretismo con lo afro en Brasil. Inicialmente debemos decir que los Orixás ya eran cultuados en Africa, mucho antes del nacimiento de Jesús Cristo, y cuando el Imperio Romano resolvió instituir el catolicismo, usando las enseñanzas cristianas, rescribiendo la “buena nueva” (Biblia), conteniendo la ética moral y los valores políticos considerados para la época, paralelamente, en el continente africano, el culto a las divinidades Orixás estaban al margen de la historia. Por lo tanto se torna fácil entender que la Nación no sigue las enseñanzas de Jesús, siendo así, no es cristiana en su liturgia, dogmas y rituales o sea, para el Africanismo no existe la Cuaresma, que se refiere tan solamente al sacrificio y muerte de Jesús Cristo. Considerándose sin embargo, la influencia de correlación entre los santos católicos y africanos, principalmente por las figuras de Xapaná y Oxalá estar vinculadas a la imagen de vida y muerte de Jesús, surgió de ahí el respeto que los batuqueros tienen por este período del año. Respeto este que es capaz de suspender actividades rituales y obligaciones de mayor expresión dentro de los ilés y terreiros, siendo esta época del año, muy usada para axés contrarios, inversos. Juzgo interesantes estas precisiones para que podamos llegar a los fundamentos y las tradiciones que señalan el fin de la Cuaresma, como el toque de salida de los Orixás para la guerra, y la fiesta de retorno de las divinidades al Ylé, como el “Batuque de Aleluya”. Como dije anteriormente, la correlación de la imagen de Jesús cargando la cruz o muerto crucificado, con la identidad del Orixá Xapaná Sapatá, hizo que los antiguos pasasen a cultuar esos cuarenta días, como el pasaje anual de esta divinidad, que llega a su culminación el viernes santo cuando, según la leyenda, Xapanã Zapata entra en el silencio de la muerte y resurge en el domingo pascual, transformado y elevado a Oxalá Obocum. Cada vez más en desuso por el costo financiero, o por desconocimiento de las prácticas rituales por muchos sacerdotes, la obligación de “Despacho de los Orixás para la Guerra” y el “Batuque de Aleluya”, se constituyen en rituales que se entrelazan si un año no se pueden realizar los dos. Para tristeza de los más viejos en la religión, hoy en día muchos sacerdotes tocan en el Aleluya, sin cumplir todo el precepto del fundamento. Esta obligación ritual, con algunas pocas diferencias debido a las alternancias de lado, se constituyen de la siguiente forma: El miércoles (cuarta feira) ANTES de Semana Santa, a la noche, el sacerdote reúne a todos los hijos de santo de la casa, vestidos con sus axós y atavíos de fiesta religiosa, y es realizado un toque ritual que dura no más de dos horas, pero con diferencias con las demás fiestas. En el cuarto de santo no habrá dulces, frutas, golosinas, flores ni perfumes. Las ofrendas para cada Orixá, no estarán adornadas con bellas bandejas, pero sí en paquetes de papel simple o en bolsas hechas de tejido de algodón, la vela de siete días, será sustituida por una vela común (de bautizado) de color rosado (simbolizando el dolor de Xapanã) que deberá ser apagada al final del ritual, los ecós de rutina son sustituidos por los ecós de aseguramiento y defensa del templo. La rueda ritual sigue su curso. Solamente habrá manifestaciones de Orixá, cuando fueren cantados los erís para el Orixá Xapaná. En el momento previsto, no sucederá el despacho de ecó común a los actos festivos, en este momento el sacerdote o su Orixá manifestado, coloca todos los paquetes o bolsas de tejido conteniendo las ofrendas de cada Orixá sobre un alá extendido en el medio del salón, y cada Orixá toma su axé o el más próximo (por ej. Si no hay un Bará en el mundo, Ogum toma el axé de Bará, además del suyo y así sucesivamente) y a partir de ahí, irán a pasarlos a todos los presentes como si fuera una limpieza de aura. Al final, todos los axés serán recolocados sobre el alá y despachados, devueltos para la naturaleza, eso conforme a los preceptos de la Nación específica donde el ritual es practicado. Después continuando, todas las personas son “borrifadas” con agua sagrada de la cuartiña de Xapanã en la puerta del templo. Concluido el toque para todas las divinidades, los Orixás manifestados incluso los de la playa, son colocados próximos a la puerta de la casa de religión que se mantiene abierta y cubiertos con un gran alá blanco, serán despachados todos juntos y “enteros” o sea, sin entrar en el trance de “acherê” o axero. Antes de ser borrifados para la interrupción del trance, el sacerdote pide que todos ellos salgan por el mundo defendiendo a todos los allí presentes, de las maldades e infelicidades comunes al momento. El toque ritual es cerrado, todos los Orixás que se manifestaron y fueron despachados, solamente podrán ocupar nuevamente a sus “yaôs” (hijos consagrados), en la conclusión del ritual que acontece en el sábado, cuando se realice el Batuque de Aleluya. Dice la tradición religiosa, según los antiguos sacerdotes de la Nación, que el único día del año en que “el santo que es santo” (Orixá), llega en el mundo con la luz del día, es en el Batuque de Aleluya.

Cercada de fundamentos y preceptos que exigen mucha firmeza y responsabilidad de parte del líder religioso, la festividad del Batuque de Aleluya, consiste en un ritual que da inicio puntualmente a las diez horas de la mañana del Sábado de Aleluya, cuando el cuarto de santo es reabierto, iluminado con velas blancas y son presentadas las ofrendas de cada Orixá, con flores y frutas entre otros agrados y embellecimientos varios. Todas las personas que estuvieron presentes en el ritual de “despachar” a los Orixás (para la guerra), deberán estar también en esta obligación, que tiene como punto alto el momento en que se canta para Ogum (Orixá de guerra), pues todas las divinidades que se manifestaron en el ritual anterior, en este momento vuelven a ocupar a sus hijos, cuando distribuyen sus axés y votos de felicidad. El tiempo de duración de este ritual es determinado por el sacerdote dueño de casa. Una observación interesante, es que en este ritual festivo, los religiosos de mayor fundamento prohíben el uso de ropas e indumentarias rituales que contengan brillo o sofisticación, por entender que los Orixás están volviendo de la guerra, y por respeto a este hecho, todo es realizado con mucha simplicidad, al punto de que los axós a ser usados por todos los miembros de la casa, son los de obligaciones y servicios. A partir de ahí son rotas las limitaciones rituales del período de la Cuaresma, y la casa de religión vuelve a trabajar normalmente.
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