✦ Religión Afrobrasileña · Espiritualidad · Cultura Africana ✦

El guerrero que abre los caminos con la espada

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · II

Ogum: el señor del hierro

El guerrero que abre los caminos con la espada, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · segunda entrada de la serie iniciada con Bará
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Ogunhê!
Día
Jueves (lunes: Avagã)
Número
7 y sus múltiplos
Colores
Verde y rojo
Símbolo
La espada · el hierro
Dominio
Hierro, guerra, trabajo, tecnología, caminos
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias de esta ficha: hay casas que consagran a Ogum el martes, guias que suman el azul para Adiolá o el blanco en el Jeje. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: la segunda puerta

Cuando publiqué el estudio sobre Bará, el dueño de las llaves, sabía que estaba empezando algo que no podía quedar en una sola entrada: en nuestra religión los Orixás se saludan en orden, y detrás de Bará viene, siempre e inmediatamente, Ogum. Sería una falta de respeto litúrgico —y una falta de cariño— abrir la puerta y no dejar pasar al guerrero que la custodia. Esta es, entonces, la segunda entrada de la serie, escrita con el mismo método y la misma promesa que la primera.

Repito esa promesa para quien llega ahora: escribo sin más credencial que la que da la vida vivida adentro de un terreiro —mi fe, mi linaje religioso y los años que llevo aprendiendo junto a quienes me precedieron en la Nación—, y esa credencial me obliga a la responsabilidad. Nada de lo que sigue está inventado ni adornado: cada dato fue contrastado con la bibliografía académica y sacerdotal que se detalla al final —Corrêa, Ferreira, Verger, Prandi— o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y donde la fuente es la memoria de los mayores, lo digo expresamente. Lo que es secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. El axé no se transmite por internet; se recibe en el cuarto de santo, de la mano de quien tiene autoridad ritual para darlo.

Y repito también la advertencia de siempre, que con Ogum vale doble porque es uno de los Orixás más cultuados y por lo tanto más diversos: todo lo aquí descrito pertenece a una mirada situada, la de la Nación Nagô-Jeje del Batuque. En la Cabinda, en la Ijexá, en la Oyó o en la Nación Nagô pura, los nombres, las cualidades, los días y las cuentas de las guias varían —y varían más todavía si cruzamos hacia el Candomblé, la Umbanda o la Regla de Ocha—. Ninguna de esas variantes es menos legítima que otra. Todas son ramas de una misma raíz africana que el tiempo y la distancia no lograron secar.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale para esta entrada el mismo marco metodológico de la anterior. Cuando el texto diga «así se hace» o «así se llama», léase siempre con un asterisco invisible: así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito. Donde hay variación documentada entre naciones, la señalo. Donde el fundamento es secreto, lo digo y me detengo. Y esta entrada suma un territorio nuevo que la de Bará apenas rozó: los itans —las leyendas sagradas—, que tienen sus propias reglas de lectura y que explico en su momento.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos que se mencionan están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, y se incluyen con fines de documentación cultural. En nuestra religión, ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por la orientación directa del sacerdote o sacerdotisa de cada casa, que es quien conoce el fundamento completo y el camino de cada hijo.

3 · El nombre: cuando el dios y la guerra se llaman igual

Hay divinidades cuyo nombre hay que explicar. El de Ogum se explica solo: en la lengua yoruba, ogùn significa, según el tono con que se pronuncie, «guerra», «medicina» o el número veinte —el yoruba es una lengua tonal, donde una misma sílaba cambia de sentido según suba o baje la voz—. El nombre del Orixá (Ògún) y la palabra guerra comparten cuerpo y se distinguen apenas por el tono: los estudiosos discuten hasta qué punto son la misma palabra, pero nadie discute lo esencial, que para el oído yoruba el dios y su dominio suenan como parientes inmediatos. Pocas religiones del mundo han fundido con tanta economía una divinidad y su territorio.

Pero reducir a Ogum a la guerra sería leer solo la primera línea de su nombre. Pierre Verger —el fotógrafo y etnógrafo franco-brasileño que dedicó medio siglo a documentar el culto de los Orixás a ambos lados del Atlántico— insiste en que Ogum es, ante todo, el señor del hierro y de todos los que trabajan con él: el herrero, el agricultor, el cazador, el carnicero, el soldado; y por extensión moderna, el mecánico, el chofer, el ferroviario, el cirujano. Donde el metal corta, une, labra o transporta, ahí está su dominio. Por eso los mayores enseñan que Ogum no es el dios de la destrucción sino de la herramienta: la guerra es apenas el uso más ruidoso de un poder cuyo uso más constante es el trabajo.

4 · Quién es Ogum

Ogum es, en nuestra tradición, el Orixá del hierro, de la metalurgia, de la guerra y del trabajo; el guerrero civilizador que forjó las primeras herramientas y enseñó su secreto; el que abre los caminos con la espada como Bará los abre con la llave. En la rueda del toque es el segundo en ser saludado, inmediatamente después de Bará, y esa vecindad litúrgica no es casualidad sino teología: el dueño de las encrucijadas decide qué puerta se abre; el dueño del hierro despeja el camino que viene después de la puerta. Son socios eternos, y el Batuque los sienta juntos hasta en la arquitectura, como veremos.

Norton Corrêa, en su etnografía de referencia sobre el Batuque, y la bibliografía sacerdotal del sur coinciden en el retrato: Ogum es el Orixá de la guerra, del hierro y de la metalurgia, con características muy cercanas a las que se le reconocen en el Candomblé y en la tradición yoruba de origen. Sus actividades documentadas abarcan la agricultura, la batalla, los viajes, los caminos y la caza; sus metales son el hierro, el acero y el plomo; sus lugares en la naturaleza, los campos, los montes y las encrucijadas, ese territorio fronterizo que comparte con Bará.

Hay una imagen que uso cuando alguien de afuera me pide que le explique a Ogum en una frase: es el Orixá de todo lo que la humanidad logró a fuerza de herramienta y coraje. El arado que abrió el primer surco, el machete que abrió la primera senda, el riel que unió dos ciudades, el bisturí que abre para curar: todo eso es Ogum trabajando. Y como toda fuerza que corta, exige ser tratada con respeto: la misma hoja que cosecha puede herir. Los mayores lo dicen con una sobriedad perfecta: a Ogum no se le teme, se le tiene respeto de herrero —el respeto de quien sabe lo que el fuego y el filo pueden hacer, y por eso mismo los usa bien—.

«Bará decide qué puerta se abre. Ogum garantiza que, una vez abierta, el camino se pueda caminar.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

5 · Los dos guardianes: Ogum Avagã y Bará Lodê

Quien haya leído la entrada anterior recordará la casita al frente de los templos de Batuque. Allí vive Bará Lodê, y allí vive también —compartiendo morada, ofrendas y responsabilidad— Ogum Avagã: los dos únicos Orixás cuyo asentamiento queda fuera del cuerpo principal del templo, en una casa individual frente a la entrada, donde reciben sus atenciones. La bibliografía del Batuque es unánime en describir esta sociedad: Lodê y Avagã hacen juntos la protección externa de la casa de religión, el uno con la llave, el otro con el hierro. Son el portero y el guardia; la decisión y la fuerza; la encrucijada y el camino.

Los registros de la tradición añaden un dato que fascina a los estudiosos: en varias casas se enseña que Avagã sería en origen un vodun —conocido como Gún Awagàn—, es decir, una divinidad del panteón fon del antiguo Dahomey incorporada a la familia de Ogum, exactamente como ocurre con Bará Legba en la familia de Bará. Otra vez la misma lección: el Batuque no tiene una sola África adentro, sino varias, y las dos guardias de la puerta —Legba y Avagã, cuando se da esa configuración— son precisamente la memoria daomeana custodiando la casa yoruba. Hay algo profundamente conmovedor en eso: los pueblos que en África fueron vecinos y a veces rivales terminaron, en el exilio americano, cuidándose la puerta el uno al otro.

De temperamento, Avagã es descrito como el más bravo de los Ogum del sur: usa colores en tono oscuro —verde y rojo oscuros—, se lo atiende en lunes junto a Bará, y la tradición le reserva los trabajos de mayor demanda, las defensas más serias de la casa. Su adjuntó documentado es con Oiá Timboá u Oiá Dirã, las cualidades más guerreras de la señora de los vientos: hasta en pareja, Avagã elige el frente de batalla.

6 · Un mismo principio, muchos nombres: Ògún, Gu, Ogún, Ogum

Como hicimos con Bará, tracemos el mapa de la diáspora, porque conocerlo es un acto de respeto hacia todas las tradiciones hermanas. El señor del hierro es una de las divinidades más extendidas de toda el África occidental y de toda América:

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Ògún Nigeria, Benín
Vodún fon / Vodú haitiano Gu / Ogou Benín, Haití
Candomblé Ogum Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Ogún (uno de los Guerreros) Cuba y su diáspora
Batuque Ogum (Avagã, Onira, Adiolá, Olobedé...) Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Ogum y sus líneas de entidades Brasil, Río de la Plata

Y otra vez la aclaración que evita confusiones dolorosas: en la Umbanda, además del Orixá Ogum, existen las líneas de Ogum —Ogum Beira-Mar, Ogum Rompe-Mato, Ogum Sete Espadas y tantos otros—, que son entidades: espíritus guerreros que trabajan bajo la vibración del Orixá pero no son el Orixá mismo. En el Batuque, en cambio, cuando decimos Ogum hablamos siempre y únicamente de la divinidad africana. Ambos universos merecen respeto, cada uno con su fundamento; pero el protagonista de esta entrada es, como en toda la serie, el Orixá.

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7 · Los itans de Ogum: cuatro leyendas de la tradición oral

Antes de contar, hay que explicar qué se cuenta. Los itans —llamados patakíes en la tradición cubana— son las narrativas sagradas del pueblo yoruba y de sus religiones herederas: el cuerpo de leyendas, transmitido oralmente durante siglos y recogido luego por investigadores como Pierre Verger y Reginaldo Prandi, que cuenta las historias de los Orixás, sus hazañas, sus errores y sus aprendizajes. Un itan no es historia en el sentido documental ni pretende serlo: es teología narrada, sabiduría moral con forma de cuento, y por eso existe en decenas de versiones que varían de región en región y de casa en casa sin que ninguna anule a las otras. Las cuatro que siguen las recuento con mis propias palabras, a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la memoria oral de nuestra religión, eligiendo las versiones más difundidas y señalando su sentido. El lector religioso reconocerá variantes; está bien que así sea: los itans son un río, no una estatua.

Itan I

Ogum abre el camino de los Orixás

Cuentan que en el principio, cuando los Orixás debieron descender del cielo a la tierra para tomar posesión de sus dominios, encontraron el mundo cerrado: una espesura impenetrable, sin sendas ni claros, les cerraba el paso. Uno a uno intentaron abrirse camino y uno a uno fracasaron: sus herramientas, hechas de metales blandos, se doblaban contra la maleza. Solo Ogum, que guardaba el secreto del hierro, tomó su machete y abrió la senda por donde todos los demás pudieron pasar. En reconocimiento, los Orixás le concedieron un título que los itans conservan: Osin Imolé, el primero entre las divinidades, el que marcha adelante. Por eso —enseña este itan— Ogum se saluda apenas después de Bará y antes que todos los demás: el orden del toque no es protocolo, es memoria de aquel primer camino abierto.

Sentido: el progreso de todos suele apoyarse en el trabajo de quien va adelante con la herramienta en la mano. La primacía se gana sirviendo.

Itan II

Ogum en Irê: la cólera y la vergüenza

Es el itan más grave y más conocido de Ogum, y hay que contarlo con la sobriedad que merece. Ogum, rey de la ciudad de Irê —de allí su título Onirê, «señor de Irê», que el Batuque conserva en la cualidad Onira—, volvía de una larga campaña, sediento y agotado. Al entrar en su ciudad nadie lo saludó, nadie le ofreció agua ni vino de palma, nadie respondió a sus preguntas: el pueblo celebraba ese día un ritual que imponía silencio absoluto, y Ogum, que lo ignoraba, leyó aquel mutismo como desprecio. Su cólera fue la de la espada: cuando el rito terminó y las voces volvieron, ya era tarde para muchos de los suyos. Al comprender lo que había hecho —que había castigado la fidelidad de su propio pueblo—, Ogum sintió una vergüenza más pesada que todas sus victorias juntas: clavó la espada en la tierra y descendió con ella al interior del suelo, dejando de ser rey de los hombres para volverse Orixá, fuerza que desde entonces acompaña y corrige a los que combaten y trabajan.

Sentido: ni el más grande de los guerreros está a salvo de su propia furia; y la grandeza verdadera no está en no caer, sino en asumir la caída hasta las últimas consecuencias. Es, quizás, la meditación más honda que una religión haya hecho jamás sobre la violencia: la cuenta su propio dios, en carne propia.

Itan III

El secreto de la forja

Cuentan que en el tiempo antiguo los hombres labraban la tierra con palos y piedras, y el hambre era la sombra de cada cosecha. Ogum, que había recibido el secreto del hierro, forjaba en su fragua las herramientas que ningún otro sabía hacer: la azada, el machete, el cuchillo, la punta de flecha. Los hombres y los propios Orixás acudieron a rogarle que compartiera el secreto, y Ogum lo compartió: enseñó a fundir, a templar, a batir el metal, y con ese don nació todo lo demás —la agricultura que alimenta, la caza que provee, la cirugía que cura, la ciudad misma—. Por eso los itans lo celebran como el gran civilizador, y por eso su culto pertenece a todos los oficios: el herrero y el soldado, sí, pero también el agricultor, el carnicero, el mecánico, el maquinista y —lo digo con especial cariño desde mi otra vocación, la enfermería— todo el que empuña un bisturí o una aguja para devolver la salud: la lista tradicional de sus herramientas incluye, expresamente, el bisturí.

Sentido: el conocimiento que se guarda es poder; el conocimiento que se comparte es civilización. Ogum eligió lo segundo.

Itan IV

Ogum, Oiá y el fuelle de la fragua

Cuentan que Oiá —Iansã, la señora de los vientos y las tempestades— fue compañera de Ogum, y que trabajaba junto a él en la fragua: con su soplo poderoso avivaba el fuego mejor que ningún fuelle, y entre los dos el hierro cantaba. Pero un día llegó a la forja Xangô, el señor del trueno, con su porte de rey y su collar de cuentas rojas y blancas, y entre el viento y el trueno nació lo inevitable: Oiá partió con Xangô, y la tradición cuenta que Ogum y Xangô jamás volvieron a reconciliarse del todo, midiéndose desde entonces en disputas que los itans narran con detalle. Y sin embargo —y aquí está la delicadeza que el lector desprevenido se pierde— la memoria del vínculo quedó sellada en el culto: en el Batuque, Oiá sigue siendo cultuada en los mismos lugares y en compañía de Ogum, y los adjuntós documentados de casi todas las cualidades de Ogum son, justamente, con las cualidades de Oiá. Los dioses también cargan sus historias; la litúrgia es su manera de recordar.

Sentido: el amor y la pérdida no son ajenos ni a los Orixás; y lo que fue verdadero deja huella aun cuando termina. Los itans no ofrecen dioses perfectos: ofrecen dioses verdaderos.

Cierro esta sección con una advertencia de respeto: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo que aquí se contó es la parte del río que ya corre a cielo abierto en la bibliografía; la parte que corre bajo tierra sigue perteneciendo a quien corresponde.

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8 · Las cualidades de Ogum en el Batuque, una por una

Como Bará, Ogum no es una sola presencia: se manifiesta en cualidades, y como con Bará, la primera división es entre el de afuera —Avagã, el guardián externo— y los de adentro del templo. Las cualidades que la bibliografía del Batuque documenta con mayor consistencia son cuatro, y conviene decir desde el inicio que son propias del Batuque: esta configuración de la familia de Ogum no existe igual en el Candomblé ni en otras tradiciones, y es una de las marcas de identidad de nuestra religión.

Ogum Avagã — el guardián de afuera

Ya presentado en detalle: el socio de Bará Lodê en la casita externa, protector del perímetro, el más bravo de la familia. Colores verde y rojo oscuros; atendido en lunes; reservado para las defensas y demandas mayores de la casa. La tradición recogida en varias casas lo señala como vodun de origen daomeano (Gún Awagàn), y en algunas naciones su sincretismo se aparta del común: donde los demás Ogum visten de San Jorge, Avagã ha sido asociado a San Pablo —el guerrero converso, el hombre del camino de Damasco: háganme el favor de apreciar la precisión simbólica de los mayores—. Su adjuntó documentado: Oiá Timboá u Oiá Dirã.

Ogum Onira (u Onirê) — el rey de Irê

Cultuado en la parte interna del templo, lleva en el nombre su título real: Onirê, señor de la ciudad de Irê, la del itan que contamos más arriba. La bibliografía le asigna una misión precisa y hermosa: proteger todo el espacio del culto contra las demandas más graves y los trabajos de hechicería dirigidos contra la casa. Es el rey que, habiendo conocido el peor error, se volvió el más vigilante de los protectores. Su ofrenda distintiva documentada es la manzana roja, y su adjuntó, con Oiá.

Ogum Adiolá (o Adjolá) — el guerrero de la orilla

La cualidad más inesperada para quien piensa a Ogum solo como guerrero de tierra: Adiolá trabaja en la parte interna del templo y a la orilla del agua, como guardián al servicio de Oxum, Iemanjá y Oxalá. Es el espejo exacto de Bará Agelú en la familia vecina: el miembro de una casa de fuego destinado a custodiar a la gente del agua. Por eso su guia documentada incorpora cuentas azules junto al verde y el rojo, y su adjuntó se registra con Oxum Pandá o Iemanjá Bocí. Los mayores lo describen sereno como la resaca después de la tormenta: la espada envainada, montando guardia donde el agua toca la arena.

Ogum Olobedé — el severo de gran conciencia

Cuarta clase documentada en algunas casas, particularmente en la Nación Cabinda: trabaja en la parte interna del templo en acciones de limpieza y alejamiento de energías maléficas. La literatura lo describe con una fórmula que merece citarse por su justeza: un Ogum muy severo, pero de gran conciencia. Su nombre remite al alagbede, el herrero, el oficio fundante de toda la familia. Su adjuntó documentado: con Iansã.

La familia no termina ahí: la Nación Nagô conserva su propia configuración —con nombres documentados como Uari, Alabedê, Olodê, Alé, Ogunjá, Mejê, Onirê y Soroquê—, y la tradición oral guarda decenas de nombres más que varían de linaje en linaje. Vale aquí lo dicho en la entrada de Bará: esa multiplicidad no es desorden, es la firma de una religión transmitida de boca a oído durante dos siglos, donde cada familia guarda su memoria con celo de orfebre.

9 · El axé del obé: por qué ningún templo existe sin Ogum

Hay un dato de fundamento, registrado por la literatura sacerdotal del sur, que retrata la centralidad de Ogum mejor que cualquier elogio: todo Babalorixá y toda Ialorixá deben tener el asentamiento de Ogum en su templo, porque sin él no podrían hacer uso del axé del obé —la faca, el cuchillo ritual— en sus ceremonias. Dicho de otro modo: Ogum es el dueño de todo filo, y ningún corte litúrgico es legítimo sin su licencia. Como Bará con las puertas, Ogum con los cuchillos: no se trata de preferencia sino de propiedad. En la división cósmica del trabajo que estructura nuestra religión, cada acto fundamental tiene un dueño, y actuar sin el dueño es actuar en el vacío.

Esa misma lógica explica su lugar en la vida diaria de los fieles: Ogum es el Orixá a quien se encomiendan los que trabajan con herramienta y con riesgo —la bibliografía lo registra expresamente como protector de policías y soldados, y la tradición popular extiende ese manto a choferes, ferroviarios, obreros del metal y personal de cirugía—. En un continente donde tanta gente vive de su herramienta, no es casual que el señor de la herramienta sea uno de los Orixás más amados.

10 · El devoto de Ogum que aconsejaba gobernadores

Quien leyó la entrada de Bará conoció al Príncipe Custodio —Custodio Joaquim de Almeida—, el africano llegado del actual Benín que asentó al Bará del Mercado Público de Porto Alegre y aconsejó a los gobernantes más poderosos de Rio Grande do Sul. Falta contar aquí el detalle que pertenece a esta entrada: la investigación histórica registra que el Príncipe era, personalmente, devoto de Ogum. El hombre que cruzó el Atlántico, que reconstruyó su autoridad en tierra extraña, que abrió camino para toda una comunidad perseguida hasta sentarla —simbólica y literalmente— en el corazón del poder gaucho, servía al Orixá que abre los caminos con el hierro. La biografía y la devoción se explican mutuamente: difícil imaginar una vida más ogumiana que la suya.

Y hay una resonancia más, que dejo apuntada para el lector atento: la casita del frente de nuestros templos, donde Avagã monta guardia junto a Lodê, reproduce en pequeño lo que Custodio hizo en grande —poner a los guardianes africanos en la puerta misma de la casa común, para que nada entre ni salga sin su licencia—. La historia y la litúrgia, otra vez, contándose la una a la otra.

11 · Los símbolos: el hierro, la espada, el bisturí, el siete

El alfabeto material de Ogum es el más extenso de todo el panteón, y su sola enumeración documentada es un poema del trabajo humano: la espada, la lanza, el yunque, el escudo, el casco, la herradura, el martillo, la maza, la azada, el rastrillo, el alicate, el serrucho y el bisturí —y para Avagã, marca de su temperamento y de su época, el revólver—. Sus metales son el hierro, el acero y el plomo. Obsérvese lo que esa lista dice de la teología: junto a las armas están la azada del que siembra, la herradura del que viaja, el martillo del que construye y el bisturí del que cura. La guerra es una provincia de Ogum; el trabajo es el reino entero.

El siete es su número, compartido con su socio Bará: siete y sus múltiplos ordenan sus cuentas y sus fundamentos, y algunas casas de la Cabinda documentan guias armadas en secuencias de siete cuentas. El jueves es su día en la tradición más difundida —con el lunes reservado a Avagã, junto a Bará, y casas que lo consagran el martes: variación legítima que la propia bibliografía registra—. Sus colores son el verde y el rojo: el verde del monte que su machete atraviesa y el rojo de la sangre y del hierro encendido; en tonos oscuros para Avagã, con azul para Adiolá el de la orilla, y verde con blanco en la tradición Jeje. Y sus lugares son los campos, los montes y las encrucijadas: todo lo abierto, todo lo que se cruza, todo lo que se trabaja.

12 · La mesa de Ogum: lo que la literatura documenta sobre sus ofrendas

Si la mesa de Bará era la papa de los colonos y el maíz de la tierra, la de Ogum es —cómo no, en Rio Grande do Sul— la carne asada. La documentación etnográfica y museográfica del sur registra como ofrenda característica de Ogum la costilla vacuna asada, acompañada de una farofa preparada con el propio jugo de la carne y harina de mandioca, servida sobre hojas de lechuga y rodeada de naranjas y tomates. El guerrero del Batuque come churrasco: otra vez la religión africana y la tierra gaucha tejiendo síntesis sin contradicción, como la papa alemana en la bandeja de Bará. Y otra vez el detalle fino de las cualidades, que la bibliografía conserva: la naranja de ombligo para Avagã, la manzana roja para Onira, las hojas de lechuga para Adiolá, la pipoca para todos —porque la flor blanca del maíz reventado atraviesa, con distintos fundamentos, casi todas las mesas del panteón—.

Repito, porque es la regla de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —con fundamento, palabra, canto y autoridad— y nada de eso cabe en un blog. Pero sería imposible retratar a Ogum sin su mesa, porque pocas cosas lo definen mejor: el dios del trabajo come la comida de los trabajadores de su tierra. El asado del obrero gaucho, servido al guerrero africano: si existe una imagen que resuma dos siglos de Batuque en el sur, es esa.

13 · San Jorge: el sincretismo más querido del sur

Si el sincretismo de Bará con San Pedro era el más transparente —el hombre de las llaves con el dueño de las llaves—, el de Ogum con San Jorge es el más querido y el más visible de todos: el guerrero a caballo, con armadura y lanza, venciendo al dragón. La bibliografía del Batuque documenta que cada 23 de abril, día de San Jorge, las procesiones del sur mezclan las salutaciones al santo católico con el grito de «¡Ogunhê!», en una de las escenas de religiosidad popular más intensas del continente: miles de personas honrando, en una sola imagen, dos memorias que la historia obligó a convivir y que el cariño terminó de fundir. En algunas naciones, como vimos, Avagã se aparta del común y viste de San Pablo; y en el Rio de Janeiro umbandista, San Jorge y Ogum son a esta altura casi inseparables en el afecto popular.

Vale aquí lo dicho en la entrada anterior sobre el debate entre quienes reivindican el sincretismo como herencia de los mayores y quienes impulsan la desincretización: ambas posturas nacen del mismo amor, y no me corresponde arbitrar. Sí me permito una observación de sacerdote: cuando el 23 de abril un abuelo le compra a su nieto una estampita de San Jorge «para que lo proteja», en ese gesto viajan —lo sepa el abuelo o no— dos mil años de cristianismo y dos siglos de Batuque. Las religiones vivas son así: más generosas que nuestras clasificaciones.

14 · Ogum en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia Uruguay, Argentina y Paraguay —documentada por Corrêa y visible en cientos de casas de religión de Montevideo, Buenos Aires y el conurbano— vale para Ogum con un énfasis particular: por ser el Orixá del trabajo y de la herramienta, su devoción prendió con fuerza especial en las barriadas obreras rioplatenses, entre ferroviarios, metalúrgicos, choferes y personal de seguridad y de salud. El estado de Rio Grande do Sul fue, como registra la propia literatura de la religión, el gran exportador de los rituales africanos hacia los países del Plata, y los templos de este lado de la frontera siguen el modelo de sus sacerdotes —incluida la casita del frente donde Avagã y Lodê montan guardia—.

Al vecino argentino que mira de reojo le repito lo dicho en la entrada anterior, porque nunca sobra: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si el 23 de abril escucha tambores y gritos de «¡Ogunhê!» mezclados con vítores a San Jorge, ya sabe qué está escuchando: la memoria de un continente entero que no se dejó borrar.

15 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Ogum lo que rige para toda nuestra religión, y que expliqué en detalle en la entrada de Bará: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación —un rasgo que los investigadores atribuyen a herencia directa de las aldeas africanas, conservado en el sur desde hace más de dos siglos—. Y rige también la consecuencia editorial: esta entrada, con toda su extensión, apenas roza la superficie. El fundamento completo de Ogum —sus rezas, sus cortes, sus asentamientos, la parte sumergida de sus itans— vive donde debe vivir: en la memoria de los mayores y en el cuarto de santo. Que el lector sepa que ese continente existe es toda la profundidad que un blog puede y debe ofrecer.


16 · Palabras finales

He querido que esta segunda entrada honre el estándar de la primera: nada inventado, nada adornado, todo contrastado con la investigación seria o atribuido expresamente a la memoria oral de mi Nación. Y otra vez resultó que la verdad alcanza y sobra: la historia real de Ogum —la del dios que enseñó el secreto del hierro y con él la civilización entera; la del rey que asumió su peor error hasta hundirse en la tierra con su espada; la del guardián que comparte casita con Bará frente a cada templo del sur; la del devoto que aconsejó gobernadores; la del guerrero que cada 23 de abril hace gritar juntos a un santo católico y a un Orixá africano— no necesita exágeración alguna.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta: el río sigue corriendo bajo tierra, como debe ser.

Que Ogum, señor del hierro, siga despejando con su espada los caminos que Bará nos abre; que su filo nos defienda y su fragua nos enseñe que todo lo que vale se forja trabajando.

¡Ogunhê, mi padre Ogum!
Que su espada abra lo que su hermano Bará destranca.

17 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales (axé, Orixá, terreiro, nación, asentamiento, otá, cualidad, adjuntó, toque, aprontamiento) están definidos en el glosario de la entrada de Bará.

Itan (pl. itans; patakí en la tradición cubana): narrativa sagrada de la tradición oral yoruba y sus religiones herederas; leyenda teológica que transmite historia y enseñanza moral de los Orixás.

Obé: el cuchillo ritual; su axé pertenece a Ogum, razón por la cual todo templo debe tener a Ogum asentado.

Guia (fio-de-contas): collar ritual de cuentas cuyos colores y secuencias identifican al Orixá y su cualidad.

Vodun: divinidad del panteón fon (Dahomey/Benín), matriz de la Nación Jeje; algunas figuras del Batuque (Legba, Avagã según varias casas) conservan ese origen.

Osin Imolé: título que los itans conceden a Ogum: el primero entre las divinidades, el que marcha adelante.

Onirê / Onira: «señor de Irê», título real de Ogum conservado como nombre de cualidad en el Batuque.

Alagbede: el herrero, en yoruba; oficio arquetípico de Ogum, presente en nombres de cualidades como Olobedé y Alabedê.

Farofa: preparación ritual y culinaria a base de harina de mandioca.

18 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006 (obra resultante de veinte años de investigación de campo dentro de templos de Batuque).
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Ogum: oficios del hierro, orikis, culto en África y en América).
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Notas sobre o culto aos orixás e voduns na Bahia de Todos os Santos, no Brasil, e na antiga Costa dos Escravos, na África. São Paulo: EDUSP, 1999 [1957].
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Ogum: la apertura de los caminos, Irê, la forja, Oiá y Xangô, entre otros).
  • SILVA, Maria Helena Nunes da. O Príncipe Custódio e a Religião Afro-Gaúcha. Disertación de Maestría en Antropología, Universidade Federal de Pernambuco, Recife, 1999 (documenta la devoción del Príncipe por Ogum).
  • WEIMER, Rodrigo de A.; SCHERER, Jovani. No Refluxo dos Retornados: Custódio Joaquim de Almeida, o príncipe africano de Porto Alegre. Porto Alegre: APERS, 2021.
  • Documentación etnográfica y museográfica del sur sobre cualidades, días, colores, guias, herramientas y ofrendas de Ogum en las Naciones Cabinda, Ijexá, Jeje y Nagô del Batuque (incluido el registro de ofrendas del acervo del Museu Afro-Brasil-Sul, UFPel).
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es un camino más que Ogum deja despejado.