✦ Religión Afrobrasileña · Espiritualidad · Cultura Africana ✦

El Orixá de la salud y la enfermedad

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · VIII

Xapanã: el señor de la tierra

El Orixá de la salud y la enfermedad, dueño de la escoba que barre los males, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · octava entrada de la serie
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Abaô!
Día
Miércoles
Número
7 (algunos mayores de la Cabinda usan el 9)
Colores
Rojo y negro (lila/morado para Sapatá)
Símbolos
La escoba, el xaxará, la paja de la costa
Dominio
La salud y la enfermedad, la tierra, la limpieza
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias: guias 1x1, 7x7 o 9x9 según la cualidad, y colores que van del rojo y negro al lila. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: el Orixá que la salud me enseñó a respetar

Después del médico de las hojas llega, en el orden del toque, su socio en el axé de la salud —la propia literatura del Batuque documenta que Ossanha y Xapanã comparten la regencia de la salud física—: Xapanã, el señor de la tierra, el Orixá que puede producir la enfermedad y puede curarla, el dueño de la escoba que barre los males. Y quiero abrir esta entrada con una confesión de enfermero: de todo el panteón, este es el Orixá que más me ha hecho pensar en mi propio oficio. Porque Xapanã es, en el fondo, la teología de lo que la salud pública sabe y la gente olvida: que la enfermedad y la cura no son enemigas de mundos distintos, sino dos caras del mismo señor; que quien conoce a fondo el mal es el único que puede deshacerlo; y que a la enfermedad no se le falta el respeto —se la estudia, se la previene, se la trata y, cuando toca, se la atraviesa con dignidad—.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y una advertencia doble para esta entrada: primero, la de siempre —lo aquí descrito varía entre naciones y casas, y ninguna variante es menos legítima que otra—; segundo, una de sensibilidad: esta entrada habla de enfermedad, y lo hace con el respeto que nuestra religión enseña —jamás como condena de nadie, jamás como espectáculo del dolor ajeno—.

✦ ✦ ✦

2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, más la tarjeta de fundamento con etiqueta propia.

Sobre las descripciones rituales y de salud de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos mencionados están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, con fines de documentación cultural. Ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por el sacerdote o sacerdotisa de cada casa. Y repito lo dicho en la entrada de Ossanha, porque con Xapanã vale doble: la dimensión espiritual de la salud complementa y jamás reemplaza a la medicina; ante cualquier problema de salud, consulte siempre a los profesionales sanitarios. Los mayores serios de nuestra religión enseñan exactamente lo mismo.

3 · El nombre que otros no pronuncian: Xapanã, Obaluaê, Omolu

Hay un dato sobre esta entrada que la vuelve única en toda la serie, y que la literatura registra expresamente: el nombre que le da título es un nombre que buena parte del mundo afro-religioso evita pronunciar. En el Candomblé y en otras tradiciones, decir «Xapanã» en voz alta se considera tabú —se prefiere llamarlo por sus títulos, Obaluaê («Señor de la Tierra») u Omolu («Hijo del Señor de la Tierra»)—, por el antiguo temor de que nombrar al señor de las epidemias sea llamarlo. El Batuque, en cambio, pronuncia Xapanã con toda naturalidad: es su nombre corriente en todas nuestras naciones, y la propia documentación subraya el contraste. Esa diferencia no es un detalle: es una declaración teológica del sur. Donde otros heredaron el miedo al nombre, nuestros mayores heredaron la confianza del hijo que llama al padre por su nombre porque vive en su casa.

El nombre viene del fon del antiguo Dahomey —Sakpata / Sànpònná— y la documentación recuerda su origen vodun, como el de Legba y el de Avagã que vimos en entradas anteriores: otra vez la memoria daomeana viva dentro del Batuque. Los títulos yorubas llegaron después, con los encuentros entre los panteónes: Obaluaê, el Señor de la Tierra —porque a él pertenece el suelo que pisamos y al que volvemos—, y Omolu, su forma más venerable. La historia del nombre es, en miniatura, la historia del Orixá: temido en todas partes, renombrado mil veces, y sin embargo —o por eso mismo— uno de los más amados por el pueblo en toda América.

4 · Quién es Xapanã: el señor de la salud y de la enfermedad

Xapanã es, en nuestra tradición, el Orixá de la salud y de las enfermedades —especialmente las epidémicas y las de la piel—, «pues tanto puede producirlas como curarlas», según la fórmula exacta que conserva la literatura del sur. El lector moderno puede incomodarse ante esa doble potestad, y conviene detenerse a entenderla, porque es teología honda y no crueldad: en el pensamiento africano tradicional, la enfermedad no es un accidente sin dueño ni un castigo ciego —es una fuerza con señor, y precisamente porque tiene señor, tiene también límite, negociación y salida—. Un mundo donde la peste tiene dueño es un mundo donde la peste puede ser detenida. Por eso el pueblo del Dahomey, que sufrió como pocos las epidemias, no huyó de Sakpata: lo entronizó. Y por eso el enfermo de nuestra religión no está nunca abandonado a la estadística: tiene a quién hablarle.

La documentación del Batuque le reconoce además un lugar en la frontera más seria de la serie: Xapanã responde, junto con Xangô y Iansã, por los procesos de desencarnación y por los cementerios —el lector recordará que una de las tradiciones documentadas en la entrada de Oiá enseña que fue justamente Xapanã quien le concedió a ella el poder sobre los eguns—. El viejo de la paja es también de los que ordenan el tránsito final, e imprescindible en los rituales fúnebres de nuestra religión: quien acompañó todas las enfermedades acompaña también la última, y nadie mejor que él para garantizar que se cruce en paz.

Del arquetipo de sus hijos, la tradición dibuja un retrato que merece leerse despacio: personas introspectivas, reservadas, observadoras, modestas, simples y misteriosas, capaces de abstenerse de sus propias necesidades para consagrarse al bienestar de los demás —y a la vez profundamente apasionadas, viviendo siempre un gran amor—. Si el lector conoce a esas personas calladas que están en todos los velorios, en todas las internaciones y en todas las crisis ajenas, sosteniendo sin hacerse notar, ya conoce el temple de esta casa. La tradición registra también que muchos hijos de Xapanã llevan marcas en la piel —pequeñas señales que van y vienen—: el pueblo del señor de la tierra lleva, como su padre, la biografía escrita en el cuerpo, y nuestra religión enseña a leer esas marcas con reverencia, jamás con lástima.

«Al que nunca se enfermó se le puede perdonar que no entienda. Al que se enfermó y sanó, Xapanã ya le presentó sus dos manos.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

5 · La escoba que barre los males: el dueño de la limpieza

Si cada Orixá de esta serie tuvo su propiedad exclusiva —Bará las puertas, Ogum el cuchillo, Xangô la Balança, Ossanha las hojas—, la de Xapanã es la más humilde y la más indispensable de todas: en el Batuque, Xapanã es el dueño de la escoba con que se barren los males de nuestros caminos; el legítimo dueño de la limpieza —la fórmula es textual de la literatura de la religión—. En la mayoría de los trabajos que involucran las limpiezas más complejas, Xapanã es reverenciado; la documentación registra hasta el detalle de que su escoba de trabajo lleva siete colores. Una de sus misiones declaradas, dice la fuente, es barrer las cosas que ya no tienen utilidad.

Piénselo el lector con ojos de hoy: el Orixá de las epidemias es el Orixá de la higiene. Nuestros mayores unieron, siglos antes de la bacteriología, lo que la salud pública moderna tardó hasta el siglo XIX en unir: que la enfermedad y la suciedad andan juntas, y que barrer —limpiar, sanear, sacar de en medio lo que ya no sirve y enferma— es el primer acto médico de la historia. Cada vez que una enfermera desinfecta, que un municipio fumiga, que una familia baldea la vereda, se ejecuta, sin saberlo, la liturgia más vieja de Xapanã. Y hay en su escoba una lección más, espiritual y doméstica a la vez: hay cosas —rencores, hábitos, cargas— que no se curan; se barren. Saber cuáles es sabiduría; atreverse, es axé de Xapanã.

6 · Un mismo principio, muchos nombres: Sakpata, Babalú Ayé, Omolu

Tradición Nombre Territorio principal
Vodún fon (Dahomey) Sakpata / Sànpònná (Dueño de la Tierra) Benín
Religión tradicional yoruba Ṣọpọnná / Obaluaýé Nigeria
Candomblé Obaluaê / Omolu (el nombre Xapanã se evita) Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Babalú Ayé Cuba y su diáspora
Batuque Xapanã (Jubeteí, Belujá, Sapatá), pronunciado con naturalidad Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Obaluaê / Omulu y sus líneas Brasil, Río de la Plata

El lector cubano y el argentino reconocerán en Babalú Ayé a una vieja celebridad: es el santo del «¡Babalú!» que la música popular cubana volvió mundial, y el de las peregrinaciones multitudinarias del 17 de diciembre al Rincón de San Lázaro en La Habana —una de las devociones populares más grandes de América—. El mismo señor, con otro nombre, camina desde hace dos siglos por los templos del sur.

✦ ✦ ✦

7 · Los itans de Xapanã: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque —que en el caso de Xapanã guarda, textualmente, las dos leyendas centrales que siguen—.

Itan I · conservado en la propia tradición del Batuque

El niño de las heridas y las dos madres

Cuentan que Xapanã nació enfermo, con el cuerpo cubierto de heridas, y que su madre, Nanã Burucun, no soportando verlo así, lo abandonó en la playa siendo pequeño. Allí lo encontró Iemanjá, la gran madre de las aguas: lo recogió en las profundidades del océano, lo lavó con agua de mar —y la sal del mar secó sus heridas—, lo cuidó y lo crió como propio. El niño se volvió un hombre vigoroso y poderoso; pero las cicatrices no desaparecieron nunca. Entonces Iemanjá hizo por él el gesto que define a las madres verdaderas: le confeccionó una vestimenta entera de paja de la costa, que lo cubre de la cabeza a los pies —la ropa con que se lo representa hasta hoy—, no para esconder una vergüenza, sino para devolverle al hijo el derecho a decidir él quién ve su historia. Y el hombre de la paja salió a caminar por las aldeas, dejando a su paso, según encontrara respeto o desprecio, tanto la cura como la advertencia.

Sentido: hay dos maneras de mirar una herida: la que abandona y la que teje una vestimenta. El itan no condena a Nanã sin más —los mayores enseñan a leerla con compasión: hay dolores que una madre no soporta—; pero consagra para siempre a la que se quedó. Todo el que fue cuidado cuando estaba en su peor momento tiene una deuda con la Iemanjá de este itan; todo el que cuidó, un espejo.

Itan II · conservado en la propia tradición del Batuque

La lluvia de pipocas: Iansã levanta la paja

Cuentan que los Orixás celebraban una gran fiesta, y que todos danzaban menos uno: Xapanã miraba desde la puerta, sin animarse a entrar, avergonzado de las marcas que su paja escondía. Según la versión que la tradición conserva, fue Ogum —nuestro viejo conocido, el que teje y forja— quien se apiadó primero y le tranzó la vestimenta de fibra de palmera que le permitió volver al salón. Pero fue Iansã quien completó el milagro: la señora de los vientos, que todo lo ve de reojo, comprendió la triste situación del hombre de la paja y se compadeció. Esperó a que estuviera en el centro del salón, se le acercó danzando, y sopló. En ese instante de encanto y ventolera, las heridas de Xapanã saltaron por el aire transformadas en una lluvia de pipocas —la flor blanca del maíz, que se esparció por todo el salón—, y bajo la paja levantada apareció un joven bello y encantador. Desde entonces —concluye la tradición que el propio Batuque registra— Xapanã e Iansã son grandes aliados y reinan juntos sobre el mundo de los espíritus de los muertos: el lector de la serie ya conocía esta alianza desde la entrada de Oiá, donde documentamos que fue Xapanã quien le concedió el poder sobre los eguns. Los itans, otra vez, son un solo tejido.

Sentido: la pipoca —el grano duro que el fuego convierte en flor— es la teología entera de Xapanã en un puñado: lo que el dolor endureció, el calor justo lo abre en blanco. Por eso su comida ritual es la pipoca, y por eso este itan es el favorito de todos los que alguna vez sanaron: porque promete que las heridas, tratadas con el viento correcto, terminan volando convertidas en flores.

Itan III

El peregrino: cómo se mide la salud de un pueblo

Cuentan que el señor de la tierra salió a recorrer el mundo, pobre y cubierto de paja, pidiendo agua y techo de aldea en aldea. Donde lo recibieron con desprecio —donde le cerraron las puertas al extranjero enfermo, donde se burlaron de su aspecto—, la peste entró detrás de él, como entra siempre en las casas que no cuidan al que sufre. Donde lo recibieron con respeto —donde hubo agua para el sediento y esteras para el cansado—, dejó a su paso salud, cosecha y bendición. Cuando las aldeas comprendieron la lección, ya era tarde para el orgullo y temprano para la sabiduría: desde entonces, enseña el itan, ninguna comunidad ignora que el forastero que sufre es siempre un examen —y que la salud de un pueblo se mide, exactamente, en cómo trata a sus enfermos—.

Sentido: no hay salud individual en una comunidad que abandona; la epidemia empieza siempre donde termina la hospitalidad. Todo sistema de salud pública del mundo es, sin saberlo, un templo de este itan.

Fundamento del Batuque · no es itan, es enseñanza ritual documentada

El que barre también en la última puerta

La documentación del sur enseña que Xapanã —especialmente en su forma vieja— tiene fuerte pasaje junto a los muertos y es extremadamente importante en los rituales fúnebres de la religión, respondiendo junto a Xangô e Iansã por los procesos de desencarnación. La serie entera converge en esta tarjeta: el rey que dictó la ley de la frontera, la señora que la patrulla con su eruexim, y el viejo de la paja que barre el camino para que el que parte, parta limpio. El fundamento completo de esos ritos pertenece, como corresponde, a los mayores y al cuarto de santo; sépanlo apenas: en nuestra religión, nadie muere sin que alguien barra su camino.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

8 · Las cualidades de Xapanã en el Batuque, una por una

La documentación del Batuque registra tres cualidades principales, atravesadas por la gran división entre el Xapanã viejo y el joven, y una cuarta figura que merece mención reverente.

Xapanã Jubeteí — el guerrero de Oiá

De colores rojo y negro, sus adjuntós documentados lo unen a las dos guerreras de la serie: Oiá y Obá. Sus sincretismos siguen esa lógica con precisión de orfebre: San Roque cuando hace adjuntó con Oiá —el santo peregrino de la peste, retratado siempre mostrando la llaga de su pierna y acompañado del perro que le traía el pan: imposible vestir mejor al peregrino de nuestra tradición— y San Lázaro cuando lo hace con Obá —el pobre llagado del Evangelio, consolado en el seno de Abraham—.

Xapanã Belujá — el del salón de las señoras

También de rojo y negro, con adjuntós documentados con Iansã y Oxum Olobá. Sus sincretismos suben un escalón en solemnidad: Jesucristo crucificado cuando hace adjuntó con Oxum Olobá y el Señor de los Pasos —el Cristo cargando la cruz camino del Calvario— cuando lo hace con Iansã. Repárese en la eleción de los mayores: para vestir al Orixá que carga en el cuerpo el sufrimiento del mundo, no eligieron a un santo cualquiera —eligieron al propio Cristo doliente, la imagen máxima que el catolicismo tiene del que sufre por los demás—. No existe en todo el sincretismo americano un gesto de mayor jerarquía.

Xapanã Sapatá — el joven de lila

La cualidad joven, que conserva casi intacto el nombre daomeano original —Sapatá, de Sakpata— y se distingue hasta en el color: donde los otros visten rojo y negro, Sapatá viste lila o morado, con guia propia. Sus adjuntós documentados: con Iansã o con Obá; sus sincretismos, Jesucristo crucificado y San Lázaro según el caso. La tradición lo describe como el hechicero de la familia —el joven que heredó entera la ciencia del viejo—.

Gama — la figura ligada a su culto

La documentación registra además a Gama, divinidad ligada al culto de Xapanã que no todas las casas cultivan —como Zina y Zambirá, otras memorias vodun que el Batuque conserva—. Su fundamento pertenece a los mayores de las casas que la sirven, y ahí lo dejamos, con reverencia: esta serie nombra lo que existe y calla lo que corresponde.

✦ ✦ ✦

9 · Los símbolos: el xaxará, la paja, la pipa, el rojo y el negro

El alfabeto material de Xapanã es el de un sanador antiguo. El xaxará —el cetro de nervaduras de palmera adornado, con el que barre las energías de la enfermedad— y la escoba, su hermana doméstica de siete colores, encabezan sus herramientas documentadas; los acompañan la pipa —el cachimbo del viejo que fuma despacio y escucha largo—, las favas —las semillas de fundamento—, las monedas y los búzios, y en algunas casas, para su cualidad más brava, hasta el revólver —marca de época compartida con Ogum Avagã—. Y sobre todos ellos, la paja de la costa: la vestimenta que Iemanjá tejió y que lo cubre de la cabeza a los pies —el símbolo más reconocible del Orixá en toda América, la cortina sagrada entre su historia y la mirada ajena—. La documentación del sur agrega que sus asentamientos se tratan siempre con epô, el aceite rojo de palma.

El rojo y el negro son sus colores —la sangre y la tierra, la vida y su descanso—, con el lila reservado a Sapatá: y nótese que el lila y el morado son, también en la liturgia católica, los colores de la Cuaresma y del duelo —otra sintonía que los mayores no necesitaron que nadie les explicara—. El siete es su número, con el nueve documentado entre algunos Babalorixás de la Cabinda; el miércoles su día, compartido con Obá. Sus guias van de una cuenta roja y una negra a las combinaciones 7x7 y 9x9 según cualidad y casa: variación legítima que la propia bibliografía registra.

10 · La mesa de Xapanã: lo que la literatura documenta

La mesa documentada de Xapanã es la más austera y la más conmovedora de toda la serie: la pipoca ante todo —su comida por excelencia, la flor blanca del itan de Iansã: cada grano reventado es una herida convertida en flor—; el feijão tostado —miúdo torrado y negro cocido según la casa—; el maní tostado; el opeté de batata inglesa; y en el registro de la Nación Jeje-Ijexá, las siete tiras de carne cruda sin grasa ni nervio. Granos tostados, semillas, maíz reventado: la comida del señor de la tierra es, literalmente, lo que la tierra da —pasado por el fuego que transforma, como él mismo—.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

11 · San Roque, San Lázaro y el Señor de los Pasos: los sincretismos del peregrino

Los sincretismos de Xapanã ya fueron presentados cualidad por cualidad, pero merecen esta mirada de conjunto, porque forman el retablo más solemne de toda la serie: San Roque, el peregrino de la peste con su llaga y su perro; San Lázaro, el pobre llagado a quien los perros lamían las heridas —patrono universal de los enfermos, el mismo del Rincón habanero de Babalú Ayé—; el Señor de los Pasos, el Cristo cargando la cruz; y el Cristo crucificado mismo. Ningún otro Orixá de nuestra serie fue vestido con el propio Cristo: los mayores reservaron la imagen máxima del sufrimiento redentor para el Orixá que carga en su cuerpo el sufrimiento del mundo y lo devuelve convertido en cura. El día popular de San Lázaro —el 17 de diciembre— y el de San Roque —el 16 de agosto— marcan sus fechas grandes en la devoción de medio continente.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale, por última vez en esta entrada, lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

12 · Xapanã en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para Xapanã con una resonancia que esta región conoce en carne propia: somos tierra de epidemias memoriosas —la fiebre amarilla que vació el sur de Buenos Aires en 1871, la polio de los cincuenta, el dengue de cada verano, la pandemia que todos acabamos de atravesar— y tierra, también, de hospitales públicos, salitas de barrio, enfermeras y médicos que sostienen la salud de millones con más vocación que recursos. Todo ese territorio —el de la enfermedad que llega y el de la gente que se queda a cuidarla— es territorio de Xapanã. Si esta serie le encontró a Obá los choferes y a Ossanha las yuyeras, a Xapanã le corresponde el pueblo entero de guardapolvo y ambo: que sepan los trabajadores de la salud que el panteón africano tiene un señor que camina sus pasillos desde mucho antes de que existieran los pasillos.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un miércoles escucha los tambores y un saludo grave y sereno —¡Abaô!—, ya sabe a quién se saluda: al señor de la tierra que todos pisamos, el que conoce todas las heridas y no se espanta de ninguna.

13 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Xapanã lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con Xapanã el silencio alcanza su capa más honda de toda la serie: su fundamento toca a la vez los rituales fúnebres, las limpiezas mayores y los misterios que hasta el resto del mundo afro-religioso rodea de tabú —empezando por su propio nombre—. Esta entrada muestra el río a cielo abierto; el resto pertenece al cuarto de santo y a la memoria de los mayores. La paja que lo cubre es la metáfora perfecta de su culto entero: lo esencial está presente, y no está a la vista. Así debe ser.


14 · Palabras finales

Octava entrada, y la verdad sigue alcanzando y sobrando. La historia real de Xapanã —la del niño abandonado que dos maneras de amar se disputaron; la del hombre de la paja cuyas heridas un viento compasivo convirtió en lluvia de flores blancas; la del peregrino que enseñó que la salud de un pueblo se mide en cómo trata a los que sufren; la del dueño de la escoba que unió, siglos antes que la ciencia, la limpieza con la cura; la del único Orixá de esta serie vestido con el propio Cristo doliente— no necesita un solo adorno. Necesitaba ser contada con la delicadeza que se les debe a las heridas ajenas.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted está hoy atravesando una enfermedad, propia o de alguien amado: que este viejo de la paja, que las conoce todas, barra el camino y deje pasar la cura —y que nunca le falte al lado una Iemanjá que teja—.

Que Xapanã, señor de la tierra, siga barriendo de nuestros caminos lo que enferma y lo que ya no sirve; que su paja nos enseñe a respetar las historias que no nos muestran; y que su pipoca nos recuerde, cada vez que el fuego apriete, que hay granos que solo florecen en el calor.

¡Abaô, mi padre Xapanã!
Que las heridas vuelen convertidas en flores.

15 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Xaxará: el cetro ritual de nervaduras de palmera con que Xapanã barre las energías de la enfermedad.

Vassoura (escoba): herramienta ritual documentada de Xapanã, dueño de la limpieza; su escoba de trabajos lleva siete colores.

Paja de la costa (palha-da-costa): la fibra vegetal sagrada con que Iemanjá vistió a Xapanã; lo cubre de la cabeza a los pies.

Sakpata / Sànpònná: nombre fon original del Orixá en el antiguo Dahomey: «Dueño de la Tierra».

Obaluaê / Omolu: títulos yorubas del mismo señor: «Señor de la Tierra» e «Hijo del Señor de la Tierra»; los nombres con que se lo llama donde el nombre Xapanã se evita.

Cachimbo: la pipa, herramienta ritual documentada del viejo Xapanã.

Favas: semillas de fundamento usadas en su culto.

Gama: divinidad ligada al culto de Xapanã, conservada en algunas casas del Batuque.

16 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Obaluaê/Omolu/Sakpata: el culto daomeano, los nombres y sus interdicciones, la difusión americana).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Obaluaê: el abandono y la crianza de Iemanjá, la fiesta y el viento de Iansã, el peregrino).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Xapanã en las Naciones del Batuque: saludo, día, números 7 y 9, colores y guias, cualidades Jubeteí, Belujá y Sapatá con sus adjuntós y sincretismos, las herramientas (xaxará, escoba de siete colores, cachimbo, favas), las ofrendas, la vestimenta de paja de la costa, el rol en los rituales fúnebres junto a Xangô e Iansã, el origen vodun (Sakpata) y las figuras asociadas (Gama), así como los itans del abandono y la lluvia de pipocas conservados en la tradición del sur.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá · VII. Ossanha · VIII. Xapanã
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual ni la atención médica profesional. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es un camino más que queda barrido y limpio.