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UMBANDA ORIXA

AXÉ · LUZ · CONOCIMIENTO · AMOR

Los niños sagrados

Publicado el julio 01, 2020

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · IX

Ibeji: los niños sagrados

Los divinos gemelos, señores de todo lo que nace, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 25 minutos · novena entrada de la serie
Ficha de los Orixás · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Ibeji omó Olorum! (varía: ¡Ibeji eró!)
Día
Domingo
Número
El 2, el par (su Mesa se sirve en múltiplos de 6)
Colores
Todos, menos el negro (rosa y azul, los más usados)
Símbolos
Los gemelos, los vultos de madera, los juguetes
Dominio
Todo lo que nace: la infancia, la dualidad, la alegría
El saludo de los gemelos varía de casa en casa más que el de ningún otro Orixá —en el sur se los saluda muchas veces a través de sus padres, Xangô y Oxum—. Todas las variantes son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: la entrada más dulce de la serie

Después del señor de la tierra, la serie llega a su capítulo más luminoso: los Ibeji, los divinos gemelos, los niños del panteón, los señores de todo lo que nace. Y confieso que escribir esta entrada fue distinto a todas las anteriores: uno puede escribir sobre guerreros con solemnidad, sobre reyes con reverencia y sobre médicos con gratitud, pero sobre los niños sagrados solo se puede escribir con una sonrisa —que es, dicho sea con fundamento, exactamente la disposición ritual correcta: la energía de los Ibeji no admite tristeza cerca, y hasta la liturgia más solemne del Batuque se ablanda cuando les llega el turno—.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y con los gemelos, la advertencia de la variación tiene una capa especial que anticipo desde ya: el Batuque cultiva a los Ibeji de un modo propio, distinto del Candomblé —la documentación lo registra expresamente, y es una de las marcas de identidad de nuestra religión que esta entrada quiere mostrar—. Como siempre: ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, más la tarjeta de fundamento con etiqueta propia —que en esta entrada estará dedicada a la liturgia más tierna de toda nuestra religión—.

Sobre las descripciones rituales de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos mencionados están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, con fines de documentación cultural. Ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por el sacerdote o sacerdotisa de cada casa.

3 · Quiénes son los Ibeji: el Orixá que es dos

Los Ibeji son, en la definición exacta que conserva la documentación del sur, entidades gemelas que forman un único Orixá, permanentemente doble, formado por entidades distintas que coexisten, representando el principio básico de la dualidad. Son Orixás niños —infantes para siempre— y su dominio es todo lo que nace: el nacer de los ríos, el brote de las plantas, la llegada de las nuevas vidas, el comienzo de cada cosa. Nada empieza en el mundo sin que los gemelos anden cerca.

Su nombre lo dice en yoruba con la economía de siempre: ìbejì, «gemelos» —de ìbí, nacer, y ejì, dos: los nacidos de a dos—. Y detrás del nombre hay un dato de la vida real que explica su culto: el pueblo yoruba tiene una de las tasas de nacimientos gemelares más altas del planeta, y donde los gemelos abundan, la cultura los piensa. La tradición yoruba los consagró sagrados: cada par de gemelos que nace participa del Orixá doble, y su llegada es bendición para la casa entera. La documentación del Batuque conserva además una función específica y conmovedora: los Ibeji protegen especialmente a quienes al nacer perdieron un hermano gemelo, o tuvieron problemas en el parto —los niños sagrados cuidando, desde el otro lado, a los que empezaron la vida con una silla vacía al lado—.

Y hay una enseñanza de fondo que la propia literatura del sur formula con una belleza que no pienso mejorar, y que conecta a los gemelos con toda la serie: Ibeji es lo que indica la contradicción, los opuestos que caminan juntos, la dualidad de todo lo humano —Ibeji muestra que todas las cosas, en todas las circunstancias, tienen dos lados, y que la justicia solo puede hacerse si las dos medidas se pesan, si los dos lados se escuchan—. El lector atento ya reconoció la balanza: los niños del panteón son hijos de Xangô, el rey de la justicia, y llevan en su propia naturaleza doble la lección primera del tribunal de su padre. No hay sentencia justa con un solo lado; no hay mundo completo con una sola mirada.

«Tienen la miel de un niño y lo agrio de un adulto: por eso son los mejores para trabajar en la Nación.»
— Enseñanza conservada en la literatura del Batuque

4 · Los Ibeji en el Batuque: hijos de sus padres

Aquí está la marca de identidad del sur que anuncié en la nota inicial, documentada con todas las letras: a diferencia del Candomblé, donde Ibeji es cultuado como Orixá aparte, en el Batuque los gemelos son cultuados como cualidades de sus padres. El lector de la serie ya los conoce a ambos: Xangô Aganju de Ibeji —el rey niño de la entrada del trueno, el único Xangô con juguetes entre sus herramientas y miel en sus trabajos— y Oxum Epandá Ibeji —la más joven de las Oxum en su forma infantil, cuya guia admite todos los colores menos el negro—. Ambos reciben las ofrendas y los pedidos de quienes necesitan de los gemelos, y su asentamiento se realiza en vultos: imágenes talladas en madera, los únicos Orixás del Batuque asentados en figura.

La teología que hay detrás de esta configuración me parece de las más finas de nuestra religión: el sur decidió que los niños sagrados no anduvieran solos —que vivieran, litúrgicamente, en brazos de sus padres—. El Candomblé les dio autonomía; el Batuque les dio familia. Son dos maneras legítimas de amar a los mismos niños, y la nuestra tiene el sabor de las casas donde los chicos se crían entre la falda de la madre y el hombro del padre. Y nótese qué padres les dio la tradición: el rey de la justicia y la señora del amor —la balanza y la miel: exactamente los dos ingredientes de toda crianza que sale bien—.

5 · Un mismo principio, muchos nombres: Ìbejì, Jimaguas, Erês

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Ìbejì (Taiwo y Kehinde) Nigeria, Benín
Vodún fon (Dahomey) Hoho / Hohovi (los gemelos sagrados) Benín
Candomblé Ibeji (Orixá propio; los erês son otra cosa) Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Los Ibeyis / Jimaguas Cuba y su diáspora
Batuque Ibeji, cultuados como cualidades de Xangô y Oxum Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda La línea de las Crianças / Beijada Brasil, Río de la Plata

Y una aclaración de rigor que evita una confusión frecuente: en el Candomblé existen también los erês —la manifestación infantil que acompaña el proceso iniciático de cada persona—, que no son el Orixá Ibeji aunque compartan el aire de infancia. Y en la Umbanda, la línea de las Crianças —Cosme, Damián, Doum y toda la beijada— son entidades niños, con su liturgia propia y sus fiestas de dulces. Universos hermanos, cada uno con su fundamento; el protagonista de esta entrada es, como siempre en la serie, el Orixá —el doble, el gemelo, el que nace de a dos—.

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6 · Los itans de los Ibeji: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque.

Itan I

Los gemelos que vencieron a la Muerte con un tambor

Es el itan más famoso de los niños, y con razón: es la única historia de todo el corpus donde alguien vence a Icú —la Muerte— limpiamente. Cuentan que la Muerte había puesto trampas en todos los caminos, y que cobraba su peaje a los caminantes al ritmo de su tambor, del que nadie podía escapar porque nadie aguantaba más que ella. Hasta que un día tomaron el camino los gemelos. Uno se presentó ante Icú y la desafió a danzar: bailarían sin parar, y el primero en rendirse perdería. La Muerte, divertida ante el atrevimiento del niño, aceptó. Lo que no sabía era que eran dos: escondido en el monte, el otro gemelo esperaba, y cada vez que el bailarín se agotaba, los hermanos se cambiaban sin que Icú lo notara —porque eran idénticos, y porque la Muerte, como todos los poderosos, jamás imaginó que alguien tan pequeño pudiera tener un plan—. Bailó la Muerte horas, días, hasta que sus piernas eternas ya no pudieron más, y por primera y única vez en la historia del universo, se rindió: levantó las trampas de los caminos y perdonó a los caminantes. Los niños habían salvado a la humanidad bailando por turnos.

Sentido: lo que ningún héroe pudo con la fuerza, dos niños lo pudieron con la unión y el ingenio. Donde uno solo se agota, dos que se turnan no se rinden jamás: es la teología entera de la dualidad en un baile. Y nótese el arma: un juego. Los Ibeji vencieron a la Muerte jugando —que es, quizás, la única manera en que se la vence de verdad—.

Itan II

Taiwo y Kehinde: el que nace primero es el menor

La tradición yoruba, documentada por Verger, conserva los nombres de los gemelos y una sabiduría escondida en ellos. El primero en nacer se llama Taiwo —«el que va a probar el mundo»— y el segundo Kehinde —«el que llega después»—. Pero atención a la vuelta de tuerca: para el pensamiento yoruba, el mayor de los dos es Kehinde, el que nació segundo. La explicación es de una lógica deliciosa: el hermano mayor, más sabio y prudente, envía primero al menor a probar el mundo —a ver si está bueno, si es seguro, si vale la pena—, y solo cuando Taiwo lloró su primer llanto, confirmando que del otro lado hay vida, se digna Kehinde a salir. El que parece primero es el explorador; el que parece segundo es el que mandó explorar.

Sentido: las jerarquías verdaderas no siempre coinciden con el orden de llegada —y a veces el que va adelante no es el que manda, sino el que fue enviado—. Medio mundo darwiniano podría aprender de dos recién nacidos yorubas.

Itan III

Paridos por Iansã, criados por Oxum

Cuentan —y la documentación del sur lo conserva expresamente— que los gemelos son hijos de Xangô y fueron paridos por Iansã, la señora de los vientos; pero que fue Oxum quien los crió, y por eso la tradición los tiene por hijos de crianza de la señora del oro y de la miel. La guerrera los trajo al mundo; la dulce los hizo crecer. Y el Batuque, que como vimos cultiva a los gemelos como cualidades de sus padres, selló esa doble maternidad en su propia liturgia: los Ibeji viven, ritualmente, en Xangô Aganju de Ibeji y en Oxum Epandá Ibeji —el padre y la madre de crianza: el sur eligió honrar a la que se quedó a criar—. El lector de esta serie reconocerá el eco: ya vimos a Iemanjá criar al hijo que Nanã no pudo sostener, en la entrada de Xapanã. Nuestra mitología insiste una y otra vez en la misma verdad: madre es también, y sobre todo, la que cría.

Sentido: la maternidad tiene más de una puerta de entrada, y todas son sagradas. Que cada mujer que crió hijos que no parió —abuelas, tías, madrastras, madres del corazón— sepa que el panteón africano le guardó un espejo de oro: se llama Oxum.

Fundamento del Batuque · no es itan, es liturgia documentada

Los niños comen primero: anticipo de la Mesa de Ibeji

La liturgia propia de los gemelos en el sur es la Mesa de Ibeji, tan hermosa y tan documentada que merece sección aparte —la siguiente—. Adelanto aquí solo su regla de oro, porque es teología pura: en la Mesa de Ibeji, los únicos que comen son los niños —y las embarazadas, que llevan niños adentro—. En una religión donde el orden jerárquico lo gobierna todo, existe un rito donde la jerarquía entera se arrodilla a servir a los más chicos. El fundamento completo pertenece, como siempre, a los mayores y al cuarto de santo.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

7 · La Mesa de Ibeji: la liturgia más tierna del Batuque

Si cada entrada de esta serie tuvo su joya documental, la de esta es la Mesa de Ibeji, que la documentación del sur describe con un detalle que permite verla: sobre el piso del salón se extiende una toalla blanca, y alrededor de ella se sientan únicamente niños de hasta siete años —convocados en grupos que siguen los múltiplos de seis: la cuenta de Xangô, su padre— y, si las hay, mujeres embarazadas. Se les sirve la canja —la sopa de las aves consagradas—, y después los dulces: balas, pirulines, tortas, gaseosas; y junto a la comida, juguetes, que los chicos se llevan al terminar. Los adultos miran, sirven y cantan; los niños comen, juegan y ríen; y esa risa —enseñan los mayores— es el axé mismo del rito: la energía de fecundidad y de futuro que los gemelos derraman sobre la casa entera.

La documentación registra los detalles finos: la Mesa suele realizarse en el Batuque de Encerramento —la fiesta que cierra los ciclos rituales de la casa—; Xangô y Oxum, los padres, suelen ocupar a sus hijos para prestigiar la ceremonia, y pueden acompañar Iemanjá y Oxalá, los abuelos del panteón; no es común que lleguen otros Orixás, porque es un rito dulce, de pura energía de vida, donde no se trabaja ni se demanda: solo se celebra que el mundo sigue naciendo. En la Nación Jeje-Ijexá, la rueda de los gemelos acontece durante los erís de Oxum —la madre de crianza prestando su fiesta a los hijos, como corresponde—.

Permítame el lector subrayar lo que este rito significa: una religión nacida en la esclavitud —donde los niños eran mercancía y el futuro una palabra prohibida— instituyó una ceremonia donde lo más sagrado que puede hacerse es dar de comer a los chicos y hacerlos reír. La Mesa de Ibeji es, además de liturgia, una declaración de victoria de dos siglos: nos quisieron sin descendencia, y respondimos poniendo a los niños en el centro exacto del salón. Y la regla innegociable de la serie vale también aquí: esto es documentación cultural, no instructivo; la Mesa solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

8 · Los símbolos: los vultos, los juguetes, el dos

El alfabeto material de los gemelos es el más entrañable del panteón. Los vultos —las imágenes gemelas talladas en madera donde se realiza su asentamiento— son su marca única en el Batuque: ningún otro Orixá del sur se asienta en figura, y la tradición de las estatuillas gemelas viene derecho del África yoruba, donde las tallas ere ibeji —esculpidas cuando un gemelo parte antes de tiempo, para que su fuerza siga acompañando al que queda— son hoy tesoros de los museos del mundo entero. Los juguetes figuran documentados entre sus herramientas —compartidos con su padre Aganju de Ibeji, como vimos en la entrada de Xangô—, y el dos es su número esencial: el par, la dualidad, los opuestos que caminan juntos; con los múltiplos de seis —la cuenta paterna— ordenando su Mesa.

Sus colores son todos, menos el negro —la fórmula es textual de la documentación: a los niños les pertenece el arco iris entero, y solo se les aparta el color del luto—, con el rosa y el azul como los más usados en velas, cintas y bandejas. El domingo es su día: el día de las familias, de las plazas y de los almuerzos largos —el calendario mismo entendió dónde viven los gemelos—. Y su dulce típico, documentado en las mesas del sur junto a la canja: todo lo que haga feliz a un chico, que es la única rúbrica litúrgica que estos Orixás exigen.

9 · San Cosme y San Damián: los santos de los dulces

El sincretismo de los Ibeji es, en todo el Brasil y el Río de la Plata, con San Cosme y San Damián —los hermanos gemelos médicos del santoral, mártires del siglo III que curaban sin cobrar—, y su día grande es el 27 de septiembre. Los mayores volvieron a elegir con precisión de orfebre: para vestir a los gemelos sagrados buscaron a los únicos gemelos famosos del santoral... y resultó que además eran médicos y gratuitos —sanadores de niños y de pobres—: la dualidad, la infancia y la cura, todo en una sola estampita. En Brasil, el 27 de septiembre es una fiesta popular gigantesca: los «doces de Cosme e Damião» se reparten por millones, en bolsitas que mezclan caramelos con la bendición, y ninguna casa de religión deja pasar la fecha sin su mesa y sus chicos.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo. Y con los gemelos, el debate tiene su nota dulce: sea cual sea la postura de cada casa, en septiembre todos terminan repartiendo caramelos —hay consensos que solo los niños saben fabricar—.

10 · Los Ibeji en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para los gemelos con una escena que muchos lectores argentinos habrán visto sin saber qué veían: las bolsitas de caramelos de San Cosme y San Damián que cada primavera circulan por los barrios, las escuelas y las puertas de los templos —una devoción que en el conurbano y en Montevideo une a familias católicas, umbandistas y batuqueras en el mismo gesto: endulzar a los chicos en nombre de los santos gemelos—. Detrás de cada bolsita hay, lo sepan o no quienes la reparten, milenios de teología yoruba sobre lo sagrado de nacer de a dos, y dos siglos de Batuque poniendo a los niños en el centro del salón.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un domingo escucha risas de chicos saliendo de un templo con juguetes bajo el brazo, ya sabe qué acaba de pasar: los señores más pequeños del panteón recibieron su Mesa, y la casa entera quedó bendecida de futuro.

11 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para los Ibeji lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. El fundamento de los vultos, de la Mesa y de la protección a los que nacieron perdiendo a su gemelo pertenece a los mayores y al cuarto de santo. Esta entrada muestra el río a cielo abierto; lo demás, como los mejores secretos de la infancia, se guarda entre hermanos.


12 · Palabras finales

Novena entrada, y la verdad sigue alcanzando y sobrando. La historia real de los Ibeji —la de los únicos que vencieron a la Muerte, y la vencieron jugando; la del menor que es el mayor; la de los hijos de la tormenta criados por la miel; la de la religión perseguida que respondió a la crueldad poniendo una toalla blanca en el piso y sentando a los chicos a comer primero— no necesita un solo adorno. Necesitaba ser contada con una sonrisa, y ojalá se haya notado la mía.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted nació gemelo, o cría gemelos, o empezó la vida con una silla vacía al lado: sepa que el panteón africano tiene dos niños eternos que lo conocen mejor que nadie, y que no lo sueltan.

Que los Ibeji, señores de todo lo que nace, sigan llenando de risa los salones y de futuro las casas; que su tambor nos enseñe que a lo invencible se lo cansa de a dos; y que nunca falte, en ninguna mesa de este mundo, un lugar donde los chicos coman primero.

¡Ibeji omó Olorum!
Niños de Dios: que el mundo nunca deje de nacer.

13 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Ìbejì: «gemelos» en yoruba —de ìbí, nacer, y ejì, dos—: los nacidos de a dos.

Vulto: imagen tallada en madera donde se asienta a los Ibeji; los únicos Orixás del Batuque asentados en figura.

Taiwo y Kehinde: los nombres tradicionales de los gemelos: «el que prueba el mundo» y «el que llega después» —que es, para la tradición, el mayor—.

Mesa de Ibeji: la liturgia propia de los gemelos en el Batuque: la toalla blanca, los niños de hasta siete años y las embarazadas, la canja, los dulces y los juguetes.

Canja: la sopa ritual de las aves consagradas, servida a los niños en la Mesa.

Batuque de Encerramento: la fiesta que cierra los ciclos rituales de una casa; ocasión habitual de la Mesa de Ibeji.

Erê: en el Candomblé, la manifestación infantil que acompaña la iniciación de cada persona; no confundir con el Orixá Ibeji.

Ere ibeji: las estatuillas gemelas del arte yoruba, talladas en memoria del gemelo que parte; antecedente africano de nuestros vultos.

14 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994.
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (el culto de los gemelos, Taiwo y Kehinde, las tallas ere ibeji).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de los Ibeji: los gemelos y la Muerte, entre otros).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de los Ibeji en el Batuque: su condición de Orixá doble, el culto como cualidades de Xangô Aganju de Ibeji y Oxum Epandá Ibeji, el asentamiento en vultos, la Mesa de Ibeji (toalla blanca, niños hasta siete años y embarazadas, canja, dulces y juguetes, grupos en múltiplos de seis, el Batuque de Encerramento), la protección a quienes perdieron un gemelo al nacer, los colores —todos menos el negro—, el día domingo y el sincretismo con San Cosme y San Damián, así como el itan de los gemelos paridos por Iansã y criados por Oxum, conservado en la tradición del sur.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá · VII. Ossanha · VIII. Xapanã · IX. Ibeji
Este blog difunde cultura religiosa afroamericana con fines de visibilización y respeto. No reemplaza la enseñanza ritual, que pertenece exclusivamente a cada casa de religión y a sus sacerdotes. Si esta entrada le sirvió, compártala: cada lector que entiende es una risa más en la Mesa de los niños.

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