El Batuque de la Nación Nagô-Jeje
Cosmovisión, cosmogonía, principios y legados de la Nação dos Orixás en el Rio Grande do Sul, con una panorámica de las demás naciones
Estudio etnohistórico
Nota del autor
Lo que sigue es el resultado de décadas de lectura, observación de terreiros y conversación con sacerdotes, ordenado con el rigor que la disciplina exige y con el respeto que el tema merece. He intentado distinguir en todo momento tres planos que suelen confundirse: lo que la tradición oral afirma desde dentro (la voz del axé), lo que la etnografía ha podido documentar, y lo que el debate académico mantiene aún sin resolver. Un buen trabajo sobre religiones afroamericanas no es el que disipa todas las dudas, sino el que sabe dónde están y por qué. Por eso encontrará a lo largo del texto advertencias sobre puntos controvertidos: no son flaquezas del estudio, son su honestidad.
Una aclaración terminológica imprescindible desde el inicio. El lector pidió un estudio sobre "la nación nagô-jeje". Conviene precisar de entrada que "Nagô-Jeje" (o "Jeje-Nagô") no es, en sentido estricto, una de las naciones internas del Batuque, sino el gran rótulo clasificatorio con que la antropología (siguiendo a Roger Bastide y a Pierre Verger) designa a toda la familia de cultos afrobrasileños de matriz yorubá-fon, dentro de la cual se inscriben tanto el Candomblé Ketu de Bahía como el Xangô de Pernambuco y el Batuque gaúcho. Dentro del Batuque, las naciones realmente operantes son Oyó, Jeje, Ijexá, Cabinda, Nagô (y, marginalmente, Xalú). Lo que hoy se practica en la inmensa mayoría de las casas es una síntesis viva conocida como Jeje-Ijexá. Aclarado esto, dedicaré el cuerpo central a esa matriz Nagô-Jeje —su cosmogonía, su teología, sus principios y su liturgia— y reservaré una sección de cierre a recorrer, una por una, las demás naciones.
1. Marco histórico: del cautiverio del charque a la Nação dos Orixás
1.1 El sur esclavista y las charqueadas
Se ha repetido durante mucho tiempo que el extremo sur de Brasil fue una región "de poca presencia negra". La historiografía reciente ha desmontado ese mito. La economía del charque (carne salada y secada), centrada en Pelotas y Rio Grande desde fines del siglo XVIII, descansó sobre una mano de obra esclavizada numerosa y especializada. Las charqueadas fueron espacios de trabajo brutal, pero también —y esto es lo decisivo para nuestro tema— espacios de reagrupamiento humano donde africanos de orígenes muy diversos se vieron forzados a convivir, mezclar lenguas y reconstruir, con los fragmentos disponibles, un universo de sentido.
A diferencia del nordeste azucarero, el sur recibió cautivos por múltiples vías —reexportación interna desde Río de Janeiro y Bahía, contrabando rioplatense, comercio directo— de modo que confluyeron allí gentes de lengua yorubá (de las ciudades-Estado de Oyó, Ifé, Ijexá y de la franja fronteriza nagô, entre la actual Nigeria y Benín), del complejo Jeje-Fon (el antiguo reino de Daomé, hoy Benín) y de los pueblos bantúes (Angola, Congo, Cabinda). Esa heterogeneidad es la materia prima del Batuque y la razón profunda de su organización en "naciones".
1.2 La datación y los primeros terreiros
La etnografía clásica —fundamentalmente la de Norton Figueiredo Corrêa— sitúa la estructuración del Batuque como sistema religioso reconocible en el Rio Grande do Sul en la primera mitad del siglo XIX, entre 1833 y 1859 aproximadamente, y ubica los primeros terreiros en el eje Pelotas–Rio Grande, de donde el culto remontó hacia Porto Alegre con la migración de esclavos y libertos en la segunda mitad del siglo. Las primeras menciones documentales en prensa a "cultos de origen africano" en esa región datan de abril de 1878 (Jornal do Comércio, Pelotas). En Porto Alegre, el culto se concentró históricamente en barrios como Azenha, el Areal da Baronesa y, sobre todo, el morro do Mont Serrat, verdadero corazón geográfico del Batuque de la capital.
Un dato etnográfico precioso: el historiador Dante de Laytano, en un relevamiento de 1951 en Porto Alegre, encontró 71 casas y las clasificó por nación: 24 Nagô, 21 Jeje, 13 Oyó, 8 Ijexá y 5 "mixtas". Esa fotografía de mediados del siglo XX muestra un panorama mucho más plural que el actual, donde la síntesis Jeje-Ijexá se ha vuelto hegemónica y la Linha Cruzada (cruce de Batuque con Umbanda y Quimbanda, surgida hacia 1950-1960) llegó a abarcar, según Ari Oro, cerca del 80% de las casas.
1.3 La cuestión del nombre: "Batuque" y "Pará"
Existe un debate etimológico que conviene conocer. Una corriente sostiene que "Batuque" fue un nombre dado desde afuera, por los blancos, como onomatopeya del tamboreo, y que los propios africanos llamaban a su culto "Pará". La etnografía de Roger Bastide en los años 50, sin embargo, matizó esto: "Pará" designaría propiamente el peji o cuarto-de-santo (el recinto sagrado donde se asientan los Orixás) y no la religión en su conjunto. Los más viejos, en efecto, aún llaman "Pará" al cuarto de santo. Sea como fuere, "Batuque" terminó por imponerse como autodenominación, y hoy los propios practicantes lo asumen con orgullo, junto con la fórmula que mejor lo define: Nação dos Orixás ("Nación de los Orixás").
2. ¿Qué es una "nación" en el Batuque?
Aquí hay que pensar como antropólogos y no como geógrafos. La palabra nación (nação) en el universo afrobrasileño no designa un país ni una etnia africana en sentido literal, sino un linaje litúrgico: un conjunto de fundamentos, cánticos, ritmos, órdenes de reza y formas de hacer las cosas que se transmiten de cabeza en cabeza, de sacerdote a iniciado, dentro de una familia de santo.
Esta precisión es crucial y es uno de los grandes aportes de la sociología de la religión —Reginaldo Prandi lo ha subrayado con fuerza—: no existió en suelo africano ninguna "nación" política llamada "Jeje" ni "Nagô". "Nagô" fue el término con que los franceses (y luego el tráfico) designaban genéricamente a los hablantes de yorubá; "Jeje" deriva probablemente de un exónimo aplicado a los fon. Es decir: las naciones del Batuque son categorías religiosas construidas en Brasil, reorganizaciones criollas de una memoria africana fragmentada. Esto vale igualmente para la nación Cabinda/Kambina, cuyo nombre evoca la región angoleña pero cuya filiación bantú directa es discutida —de hecho, la Cabinda batuquera cultúa Orixás yorubás y no nkisis bantúes, lo que ha llevado a varios investigadores a considerarla una creación enteramente brasileña antes que una herencia de la Cabinda africana.
En la transformación social que esto supone reside una de las claves del Batuque: el parentesco de sangre, roto por la trata, fue sustituido por un parentesco espiritual. El terreiro se volvió el nuevo clan; el Babalorixá o la Ialorixá, el patriarca o matriarca de un linaje reconstruido; y los hermanos de fe —los filhos de santo— una familia elegida por el axé. Llamo a este proceso, siguiendo a la literatura, una reterritorialización del linaje: África no se conserva como recuerdo geográfico, sino que se reinstala en la estructura de la casa de religión.
3. La matriz Nagô-Jeje: el corazón del culto
3.1 Nagô, Jeje e Ijexá: tres hebras de una misma trenza
La columna vertebral teológica y lingüística del Batuque es yorubá. La lengua litúrgica —la de las rezas, los nombres de los Orixás, los saludos— es una variante criollizada del yorubá, lo que los antiguos preservaron por vía oral y que la fonética del sur fue suavizando hasta producir lo que podríamos llamar un "yorubá gaúcho". Sobre esa base yorubá se injertó la aportación Jeje (Fon), visible sobre todo en ciertos fundamentos, en algunos ritmos y danzas, y en la presencia de divindades como Dan (la serpiente) o Sogbo.
- Nagô: en el Batuque, la nación Nagô es considerada por muchos como la más antigua, la "semilla" plantada por los esclavos de las charqueadas. Su liturgia es la más próxima al Candomblé bahiano (entrada de los Orixás "línea por línea", sacrificio del animal en el suelo y no suspendido). Hoy está prácticamente extinta como modalidad pura, absorbida por la síntesis dominante.
- Jeje: de raíz daomeana (Benín). Su mayor divulgador en el sur fue el Príncipe Custódio (sobre quien volveré). Conserva rasgos propios: la apertura de la ceremonia con cánticos en fongbe y la danza en parejas —practicada por hombres o por sacerdotes con Orixás masculinos asentados— que simboliza la pareja primordial Mawu-Lisa de la creación; el uso de los agdavís o "varitas" (el llamado "Jeje de palitos"); y el asentamiento de Ogún a la manera del Vodun Gún daomeano. Aunque casi ninguna casa es "Jeje puro", prácticamente todas ejecutan cánticos Jeje: la nación sobrevive incrustada en el rito común.
- Ijexá: procedente de la región yorubá de Ijexá (Nigeria). Es la nación mejor conservada y más extendida, y sus rezas en yorubá sirven hoy de base litúrgica a todas las demás. Su gran reina es Oxum.
De la fusión histórica de estas hebras nació la fórmula que define la práctica actual: Jeje-Ijexá, una miscigenación de fundamentos que engloba además elementos Cabinda, Nagô y Oyó, pero en la que predomina con claridad el sustrato yorubá. Cuando hablamos de "Nagô-Jeje", pues, hablamos de esta gran matriz: yorubá en su estructura, daomeana en parte de sus fundamentos, y enteramente recompuesta en suelo gaúcho.
4. Cosmogonía: el origen del mundo
La cosmogonía del Batuque hereda directamente la cosmogonía yorubá, transmitida a través de los itãns (relatos míticos). Conviene exponerla en orden.
4.1 El Ser Supremo: Olodumare / Olorun
En la cúspide está Olodumare, también llamado Olorun ("Señor del Orun", del cielo). Es el principio supremo, fuente y dueño del axé, energía vital que sostiene cuanto existe. Olodumare es trascendente y, en cierto sentido, lejano: no se le rinde culto directo con sacrificios ni posesión, porque no necesita ser alimentado. Para administrar la creación, delegó en una multitud de divindades intermediarias —los Orixás— que son las que reciben culto, ofrendas y "bajan" en la cabeza de sus hijos.
4.2 Los dos planos: Orun y Ayê
La cosmología yorubá organiza la existencia en dos planos complementarios y comunicantes:
- el Orun: el plano espiritual, el "más allá", morada de Olodumare, de los Orixás y de los ancestros;
- el Ayê (Ilê Ayê): el plano material, el mundo de los vivos, la tierra.
No son opuestos al modo del cielo y el infierno cristianos, sino dos caras de una misma cabaza cósmica que deben mantenerse en equilibrio mediante la circulación del axé. El ser humano vive en el Ayê pero proviene del Orun y a él retornará; el rito —y muy especialmente el sacrificio— es el mecanismo que mantiene abierto y fluido el comercio de energía entre ambos planos.
4.3 El relato de la creación: Obatalá, Oduduwa y la cabaza primordial
El itãn de la creación, en su versión más difundida, narra lo siguiente. Al principio sólo existía el Orun y, abajo, una inmensidad de agua primordial. Olodumare encargó a Obatalá (Oxalá, el gran Orixá funfun, "del blanco", padre de los Orixás y de la humanidad) la tarea de crear la tierra firme. Le entregó el Apo Iwa —la "bolsa de la existencia"— con los elementos de la creación: un puñado de arena, una gallina de cinco dedos y un camaleón.
Pero Obatalá, soberbio, descuidó la ofrenda previa que debía a Exú/Bará, el dueño de los caminos y guardián del orden ritual. En venganza, Exú le provocó una sed insoportable; Obatalá perforó con su opaxorô (cayado) una palmera, bebió su vino, se embriagó y cayó en un sueño profundo. Entonces Olodumare envió a Oduduwa, que realizó las ofrendas debidas, arrojó la arena sobre las aguas, soltó la gallina —que al escarbar esparció la tierra sobre la superficie— y comprobó con el camaleón la firmeza del suelo. Así nació Ilê Ifé, "la tierra en expansión", cuna mítica de los yorubás. Al despertar, Obatalá supo que el mundo ya estaba creado; le quedó, como tarea propia, modelar a los seres humanos con barro, mientras Olodumare les insuflaba el aliento de vida.
Este mito condensa una teología del orden: nada se hace sin ofrenda a Exú/Bará; la soberbia se castiga; la creación es obra repartida y complementaria —Obatalá y Oduduwa como mitades superior e inferior de una misma cabaza cósmica—; y el equilibrio, no la omnipotencia de uno solo, es el principio rector del universo.
4.4 ¿Qué es un Orixá? Ancestro divinizado y fuerza de la naturaleza
Conviene fijar con precisión, porque es el núcleo de todo el sistema. Un Orixá es, simultáneamente, dos cosas:
- un ancestro divinizado: una figura que vivió, alcanzó tal grado de axé y de realización que, tras su muerte (o su "paso"), se incorporó al panteón. En Nigeria a estas potencias se las llama irunmole; no son "dioses" en el sentido griego, sino antepasados sublimados.
- una fuerza de la naturaleza: cada Orixá rige un dominio del mundo material —el rayo y la justicia (Xangô), las aguas dulces (Oxum), el mar (Iemanjá), el hierro y los caminos (Ogún), la enfermedad y la cura (Xapanã), las hojas y la medicina (Ossanha)—. Sus fundamentos "están en parte dentro del terreiro, donde permanecen sus asentamientos, y en la mayor parte en la naturaleza": ríos, lagunas, montes, mar, canteras, cascadas.
De ahí deriva un principio antropológico central del Batuque: todo ser humano nace bajo la regencia de un Orixá —su "dueño de cabeza", su Orixá de frente— cuyo arquetipo modela su carácter, su destino y sus inclinaciones. Descubrir cuál es ese Orixá (mediante el oráculo) y sellar el vínculo con él (mediante la iniciación) es el itinerario espiritual fundamental del adepto.
4.5 Orí: la cabeza-destino
Ligado a lo anterior está el concepto de Orí, literalmente "cabeza", pero entendido como el destino individual y el centro espiritual de la persona. Es el punto por donde entra y sale el axé, la "puerta" del culto. El Orí es a la vez físico (el alto de la cabeza, el remolino del cabello) y metafísico (la porción de existencia que cada uno eligió en el Orun antes de nacer). Cuidar el Orí —alimentarlo, fortalecerlo, alinearlo con el propio Orixá— es la primera de las obligaciones, y se hace a través del rito del bori ("dar de comer a la cabeza"), del que hablaré más adelante.
4.6 Axé: la energía que todo lo sostiene
Axé es el concepto más difícil de traducir y el más importante. Es la fuerza vital, el poder de realización, la energía sagrada que circula entre el Orun y el Ayê, entre los Orixás y sus hijos, entre el sacerdote y el terreiro. Tener axé es tener poder espiritual, autoridad litúrgica, salud y prosperidad; transmitir axé es el acto fundamental del linaje (de ahí que la sucesión de un terreiro se describa como "herencia de axé"). El sacrificio ritual, tan malentendido desde fuera, cumple aquí una función teológica precisa: redistribuir el axé, alimentar a los Orixás y, a través de ellos, reforzar la vida de la comunidad. La sangre (axorô / ejé) es vehículo de esa energía.
5. El panteón: los doce Orixás del Batuque
El Batuque cultúa doce Orixás, sin jerarquía de importancia entre ellos —"no hay uno más importante que otro, simplemente se completan"—, aunque sí un orden por edad que va del más joven, Bará, al más viejo, Oxalá. Se reconocen dos grandes grupos litúrgicos: los Orixás del dendê (de aceite de palma, "calientes", jóvenes y guerreros) y los Orixás del mel o de playa (de miel, más viejos, frescos y serenos). Bará es siempre el primero en ser saludado, antes que ningún otro, en su calidad de guardián y mensajero.
| # | Orixá (Batuque) | Equivalente yorubá / origen | Dominio principal |
|---|---|---|---|
| 1 | Bará | Exú / Èṣù (Nigeria) | Guardián de los caminos y portales; mensajero entre Orun y Ayê; abre y cierra todo. Primero en saludarse. |
| 2 | Ogún | Ògún (Nigeria) | Dios del hierro, la guerra, las herramientas, los caminos y la tecnología. |
| 3 | Oyá / Iansã | Ọya (del Níger) | Señora de los vientos, las tempestades, los rayos y los eguns. Reina, junto a Xangô, de la nación Oyó. |
| 4 | Xangô | Ṣàngó (Oyó) | Rey de la justicia, dueño del trueno y del fuego. Sus caminos: Agodô (sabio), Aganju (joven), Camucá (rey de la Cabinda). |
| 5 | Odé | Ọ̀ṣọ́ọ̀sì (la caza) | Cazador, señor de los montes y de la abundancia. |
| 6 | Otim | divinidad yorubá menor | Cazadora, compañera inseparable de Odé; reina la fauna de los bosques. Caso notable (véase abajo). |
| 7 | Ossanha | Ọ̀sanyìn | Dueño de las hojas, las hierbas medicinales y sus secretos; "médico" de las naciones. Sin él no se mueve ningún rito. |
| 8 | Obá | Ọbà | Orixá guerrera, ligada al sacrificio y a la lealtad. |
| 9 | Xapanã | Ṣọ̀npọ̀nná / Obaluaiê | Señor de las enfermedades epidérmicas, las pestes y su cura; comparte con Ossanha el dominio de la salud. |
| 10 | Oxum | Ọ̀ṣun (Ijexá) | Reina de las aguas dulces, el oro, el amor y la fertilidad. Gran reina de la nación Ijexá. |
| 11 | Iemanjá | Yemọja | Madre de las aguas, señora del mar y de la maternidad. |
| 12 | Oxalá | Ọbàtálá / Òrìṣànlá | El más viejo y respetado; padre de los Orixás y de la humanidad; principio de la paz y la creación. Asociado a Orunmilá/Ifá. |
A ellos se suman los Ibejis (los gemelos sagrados), cuyo culto se liga al de Xangô y Oxum, y divindades raras que sólo los más antiguos saben tratar: Exú Elegbara, Gama (ligada a Xapanã), Dan, Sogbo, Xanguín (cualidad rara de Bará), entre otras.
El caso de Otim, que merece párrafo aparte por su valor antropológico. Otim es, en Nigeria, una divinidad casi desconocida o secundaria. En el Batuque gaúcho, en cambio, conserva un culto vivo y un fundamento que en África llegó a perderse. Esto ilustra una ley general de la diáspora: el exilio no sólo empobrece, también preserva. Determinadas potencias marginales en su tierra de origen cobraron en el sur de Brasil una relevancia que el entorno geográfico —de bosques y ríos— favoreció. El Batuque funciona, en este sentido, como un archivo vivo de prácticas que en algunos lugares de África desaparecieron o se transformaron.
6. Principios y estructura ritual
6.1 El terreiro como microcosmos
El terreiro (Ilê, "casa") es a la vez templo, casa de familia y mapa simbólico de África. Comprende el salón de los toques, el peji o cuarto-de-santo (donde se guardan los asentamientos), la cocina ritual (espacio sagrado, no doméstico) y el balé / igbalé, la casita de los muertos, generalmente apartada. Cada Orixá tiene su asiento (assentamento): un conjunto de objetos consagrados —el otá (piedra sagrada que fija al Orixá), las ferramentas (herramientas de metal), la quartinha (vasija de barro con agua, símbolo del axé renovable), los búzios— sobre los que se vierte el axorô.
6.2 La iniciación: un camino por grados
La iniciación batuquera no es un acto único sino una secuencia de obligaciones crecientes, cada una con su reclusión y sus sacrificios:
- Aribibó / Oribibó: obligación con una pareja de palomas; no implica asentamiento, es un "refuerzo de cabeza", un axé de salud. La paloma blanca, color del Orí.
- Bori ("dar de comer a la cabeza", de bo orí): el rito fundamental que sella al iniciado con su Orí y su Orixá. Se consagran objetos —una manteigueira (recipiente) con una moneda antigua al centro, rodeada de búzios según el número de axé del Orixá, y una quartinha con agua—. Tras la reclusión (de tres a cuatro días en general), el bori se "monta" sobre un lecho de algodón cubierto de miel y se guarda en el cuarto-de-santo. El bori es tratado como el "cerebro" espiritual de la persona: no se mueve, su quartinha nunca debe quedar sin agua. Hay grados: bori de aves, "medio cuatro pies", y bori de cuatro pies.
- Aprontamento (la "feitura" o "matança"): el establecimiento oficial y definitivo del vínculo entre el iniciado y su Orixá. Aquí se asienta el Orixá de cabeza, se sacrifican los animales de cuatro patas correspondientes, se vierte el axorô sobre la cabeza del iniciado y sobre los objetos consagrados, y se entrega la guia delegum (collar ritual cuyo número de cuentas y colores codifican el axé del Orixá). A partir de este momento crecen las responsabilidades y el prestigio del filho de santo dentro de la sociedad batuquera.
Las matanzas suelen hacerse en jueves, en obligación cerrada; el sábado se da el Batuque grande (el ebó), fiesta pública con toques de tambor en honor a los Orixás asentados. El gran ebó anual de cada casa puede durar de diez a treinta y dos días o más.
Un rasgo distintivo y profundamente significativo: en el Batuque, la posesión es tabú. El hecho de que el adepto "se ocupe" —reciba al Orixá en el cuerpo— no debe comentarse; es un secreto guardado celosamente. Esta discreción, que contrasta con la mayor visibilidad del Candomblé bahiano, hunde sus raíces en siglos de persecución y constituye, ella misma, una estrategia de resistencia.
6.3 El oráculo: del Ifá al Jogo de Búzios
En Nigeria, el sistema oracular por excelencia es el Ifá, custodiado por los babalawos ("padres del secreto"), que memorizan los versos asociados a los 256 odù (signos). Es un edificio literario y teológico de enorme complejidad. En la diáspora, la transmisión académica del Ifá se rompió durante la trata, y en el Batuque predominó el Jogo de Búzios (caracoles): tradicionalmente dieciséis búzios cuyas caídas (abiertos/cerrados) generan los signos de consulta. Menos literario que el Ifá, el juego de búzios conserva, sin embargo, la misma lógica matemática y teológica: leer la voluntad de los Orixás y el estado del Orí. El sacerdote que recibe el "axé de Ifá" queda habilitado para esta lectura.
6.4 El culto a los ancestros (Egun)
Junto al culto a los Orixás corre, paralelo y separado, el culto a los Egun (los muertos, los ancestros). Se realiza en el balé y, en la nación Cabinda, en torno al asentamiento de Igbalé ("casa de los muertos"). Las obligaciones fúnebres —entre ellas el Arissum / èrìsún que se hace al fallecer un sacerdote— son rigurosamente distintas de las que se dirigen a los Orixás y, por tradición, deben hacerlas personas de la misma nación del difunto. Este culto recuerda que, en el fondo, toda la religión es un trato con la ancestralidad: los propios Orixás, no lo olvidemos, son ancestros divinizados.
6.5 El sacrificio y la comensalidad sagrada
El sacrificio animal (la matança) es el acto litúrgico más malinterpretado por la sociedad secular y el más central teológicamente. No es crueldad ni superstición: es redistribución de axé. La sangre alimenta al Orixá y a los objetos consagrados; las partes vitales (las inhélas) se ofrecen a las divindades; y el resto del animal se cocina y se comparte: se sirve al pueblo que acompaña el batuque. El sacrificio culmina, pues, en banquete comunitario. Esta comensalidad —comer juntos lo que fue ofrendado— sella la alianza entre los vivos, los muertos y los Orixás, y es uno de los gestos más antiguos y universales de lo religioso.
7. Panorámica de las naciones del Batuque
He centrado el estudio en la matriz Nagô-Jeje porque es el tronco común. Repaso ahora, sintéticamente, cada nación con sus rasgos diferenciales. Recuérdese que hoy casi todas las casas mezclan fundamentos y que estas distinciones son, en buena medida, memoria histórica más que práctica pura.
7.1 Oyó
Tenida por la más antigua del estado y hoy casi extinta (apenas unas pocas casas, como el terreiro Nova Era). Llegó a Porto Alegre desde la ciudad de Rio Grande. Su rasgo más característico es el orden de las rezas: se toca primero para todos los Orixás masculinos y luego para los femeninos, cerrando con Oyá, Xangô y Oxalá —Oyá y Xangô al final, por ser rey y reina de Oyó, nación que toma su nombre de ellos—. Su orden de entrada de los Orixás se asemeja al del Candomblé Ketu. Figuras de referencia: Mãe Andrezza Ferreira da Silva, Mãe Emília de Oyá Ladja, Pai Antoninho de Oxum.
7.2 Jeje
De raíz daomeana (Benín). Conserva la apertura ritual con cánticos en fongbe, la danza en parejas (símbolo de Mawu-Lisa), los agdavís o palitos, y el asentamiento de Ogún a la manera del Vodun Gún. Su baluarte mítico es el Príncipe Custódio; su gran expansor moderno, Joãozinho de Bará. Aunque extinta como modalidad exclusiva, sus cánticos perviven en casi todas las casas.
7.3 Ijexá
De la región yorubá homónima (Nigeria). La nación más extendida y mejor conservada; sus rezas en yorubá son la base litúrgica común. Sigue los mismos rituales que Jeje y Nagô, con entrada mezclada de Orixás masculinos y femeninos (Bará, Ogún, Oyá, Xangô, Odé, Otim, Ossanha, Obá, Xapanã, Oxum, Iemanjá, Oxalá). Su gran reina es Oxum. Baluarte histórico: Pai Paulino de Oxalá.
7.4 Cabinda (Kambina)
Nominalmente de origen bantú (la región angoleña de Cabinda), pero —y esto es lo antropológicamente fascinante— no cultúa nkisis bantúes sino los mismos Orixás yorubás que el Ijexá, lo que ha llevado a sostener que es una creación brasileña antes que una herencia africana directa. Sus rasgos: el culto a los Egun especialmente fuerte (toda casa Cabinda tiene asentamiento de Igbalé), la iniciación que comienza por el cementerio/balé, un ritmo de tambores que evoca la capoeira, y cualidades propias como Bará Legba, Oyá Dirã/Timboá y Xangô Camucá —este último, según Paulo Tadeu Barbosa Ferreira, "rey de la nación Cabinda", un camino de Xangô ligado al cementerio que ya no se asienta en cabeza alguna—. Su introductor fue Waldemar Antônio dos Santos (de Xangô Camucá).
7.5 Nagô
Considerada la nación que originó el culto en el Rio Grande do Sul ("la semilla plantada por los esclavos de las charqueadas"). Es la más parecida al Candomblé, tanto en las ceremonias como en las características de los Orixás; el sacrificio se hace con el animal acostado y no suspendido. Hoy está casi extinta como práctica pura. Detalle de geografía simbólica: en la nación Nagô el balé (homenaje a los muertos) se sitúa al frente de la casa, mientras que en las demás naciones va al fondo.
7.6 Xalú
Nación minoritaria, mencionada por la etnografía (entre otros por Corrêa) como uno de los "lados" históricos, hoy prácticamente disuelta en la síntesis general.
Una observación de conjunto: nótese que el Ketu —matriz dominante del Candomblé bahiano— estuvo históricamente ausente del Rio Grande do Sul y sólo en décadas recientes se integró por vía del Candomblé. El Batuque, por tanto, no es una "rama del Candomblé": es una tradición paralela y autónoma, con raíces propias y sólo parcialmente relacionada con las naciones del Candomblé.
8. Legados
8.1 La expansión rioplatense
Uno de los capítulos más notables —y menos estudiados, como lamentaba el antropólogo Alejandro Frigerio— es la transnacionalización del Batuque hacia el Río de la Plata. El protagonista mítico de esa expansión es João Correia de Lima, "Joãozinho de Bará" (Bará Agelú/Bí), babalorixá del Mont Serrat, hijo de santo de la raíz de Paulino de Oxalá, quien a comienzos de la década de 1960 "exportó" el Batuque a Uruguay y, desde allí y en paralelo, a Argentina. En Uruguay floreció una vieja guardia de referentes (Marcos t'Osalá, Enrique Guardia de Bará, entre otros) y casas que reivindican una ortodoxia nagó. Hoy el Batuque —llamado en el Plata, según los contextos, Africanismo, Nación de Santo o Nación de Orixá— está implantado en ambos países y en otras partes de América Latina. Para una investigadora que escribe desde Buenos Aires, este es un punto especialmente vivo: el Batuque que se practica en el conurbano bonaerense es, genealógicamente, hijo directo del Mont Serrat porteño-alegrense.
8.2 El Príncipe Custódio: historia y mito
Ninguna figura condensa mejor las tensiones entre memoria y documento que Joaquim Custódio de Almeida, el "Príncipe Custódio de Xapanã". La tradición lo recuerda como un príncipe de la nobleza africana —se le ha vinculado al antiguo reino de Benín— que pisó suelo gaúcho (Rio Grande) hacia 1899, ya con cultos africanos establecidos en la región, y que, gracias a sus contactos políticos y su sabiduría religiosa, ayudó a frenar la persecución a las casas de culto. Se le atribuyen hijos de santo de altísimo rango, incluido —según la tradición oral— el propio gobernador Borges de Medeiros. Murió hacia 1935.
Como historiador, debo señalar que su figura es objeto de controversia: las afirmaciones sobre su origen noble y su genealogía africana presentan divergencias y carecen de respaldo documental firme. Esto no le resta importancia; al contrario, lo vuelve un caso de manual sobre cómo una comunidad construye sus baluartes. Custódio es, a la vez, un personaje histórico y un mito de fundación: la prueba de que el Batuque, para sobrevivir, necesitó no sólo fundamentos litúrgicos sino también figuras de prestigio y protección frente a un Estado hostil.
8.3 Resistencia, secreto y soberanía cultural
El legado más profundo del Batuque no es una lista de ritos sino una lección de resiliencia. Sometido a siglos de esclavitud, persecución policial y estigma, este culto preservó una lengua litúrgica, una cosmología completa y un sistema de parentesco alternativo. La privatización del rito, el tabú sobre la posesión, el uso del Alá (paño blanco que vela lo sagrado): todo ello, leído antropológicamente, es gramática de la resistencia, formas de proteger el axé de la mirada destructora.
Por eso sostengo, como conclusión, que el Batuque no es una copia degradada de la religión africana, sino su reinvención heroica. Mientras en África las tradiciones yorubá y fon han debido convivir y a veces ceder ante el Islam y el cristianismo, el Batuque gaúcho conservó —congeladas y a la vez vivas— prácticas que en sus tierras de origen se transformaron o se perdieron. Cada toque de tambor, cada reza en yorubá criollizado, cada quartinha rellenada con agua nueva es un acto de soberanía cultural frente al olvido: África no recordada, sino reconstruida con los fragmentos de la memoria.
8.4 Patrimonio y presente
Hoy el Batuque es objeto creciente de reconocimiento patrimonial e investigación institucional (el Museu Antropológico do Rio Grande do Sul, las universidades de Pelotas y Porto Alegre, la obra seminal de Norton Corrêa). Esto plantea un desafío ético que ningún antropólogo serio puede eludir: cómo estudiar, documentar y divulgar sin profanar. El secreto es constitutivo de esta religión; hay fundamentos que no se publican, y hacen bien en no publicarse. Mi propio trabajo —y este texto— se mueve deliberadamente en el plano de lo que la propia comunidad ha hecho público, dejando en el silencio lo que al silencio pertenece.
Glosario esencial
- Axé — energía vital y sagrada; poder de realización.
- Orun / Ayê — plano espiritual / plano material.
- Orixá — ancestro divinizado y fuerza de la naturaleza; intermediario entre Olodumare y los humanos.
- Orí — la "cabeza"; centro espiritual y destino individual.
- Terreiro / Ilê — casa de religión, templo.
- Peji / Pará — cuarto-de-santo donde se guardan los asentamientos.
- Balé / Igbalé — recinto del culto a los muertos (Egun).
- Assentamento — conjunto de objetos consagrados que fijan al Orixá (otá, ferramentas, quartinha, búzios).
- Otá — piedra sagrada que asienta al Orixá.
- Quartinha — vasija de barro con agua; símbolo del axé renovable.
- Bori — rito de "dar de comer a la cabeza" (al Orí).
- Aprontamento / Feitura / Matança — iniciación plena con asentamiento del Orixá de cabeza.
- Axorô / Ejé — sangre sacrificial, vehículo de axé.
- Jogo de Búzios — oráculo de dieciséis caracoles.
- Babalorixá / Ialorixá — sacerdote / sacerdotisa, padre/madre de santo.
- Filho de santo — iniciado, miembro de la familia de santo.
- Egun — ancestro, muerto.
- Itãn — relato mítico.
Fuentes y orientación bibliográfica
Obras de referencia de la etnografía y la sociología de las religiones afrobrasileñas, sobre las que se apoya este estudio:
- CORRÊA, Norton F. O Batuque do Rio Grande do Sul: Antropologia de uma religião afro-rio-grandense. (Etnografía emblemática del tema, fruto de dos décadas de trabajo de campo.)
- ORO, Ari Pedro. Religiões afro-brasileiras do Rio Grande do Sul: passado e presente (revista Estudos Afro-Asiáticos / SciELO, 2002) — esclavitud, estructura de las religiones gaúchas, el Príncipe Custódio y la expansión transnacional al Plata.
- PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos orixás (Companhia das Letras, 2001) — y sus trabajos sobre el carácter brasileño (no africano) de las "naciones".
- BASTIDE, Roger. Estudios sobre las religiones africanas en Brasil (incl. observaciones de los años 50 sobre el término "Pará").
- VERGER, Pierre. Trabajos sobre Orixás, Voduns y la diáspora yorubá.
- IDOWU, E. Bolaji. Olódùmarè: God in Yoruba Belief — teología del Ser Supremo.
- JOHNSON, Samuel. The History of the Yorubas — fuente clásica sobre Oyó e Ilê Ifé.
- FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Quem é o orixá Xangô Kamucá na Nação Religiosa de Cabinda? (Toquí, 2008) — fundamentos de la nación Cabinda.
- LAYTANO, Dante de. Relevamiento de las casas de Batuque de Porto Alegre (1951).
- FRIGERIO, Alejandro. Estudios sobre la expansión del Batuque al Río de la Plata.
- Museu Antropológico do Rio Grande do Sul (MARS) — proyecto Rede de Memórias, documentación sobre las naciones (esp. Cabinda).
- Itãns de la creación yorubá (Obatalá / Oduduwa / Olodumare), recogidos en la literatura sobre mitología de los Orixás.
Advertencia de uso: este es un texto de divulgación etnohistórica, no un manual litúrgico. Describe lo que la comunidad religiosa y la investigación académica han hecho público, y respeta deliberadamente el secreto iniciático. Las grafías de los nombres (Bará/Exú, Oyá/Iansã, Ossanha/Ossaim, etc.) varían según la nación, el terreiro y la fuente; he procurado señalar las principales variantes sin imponer una sola "correcta".