✦ Religión Afrobrasileña · Espiritualidad · Cultura Africana ✦

El señor de las hojas

Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · VII

Ossanha: el señor de las hojas

El médico del panteón, dueño de toda hierba que cura, en el Batuque del Río Grande del Sur y del Río de la Plata
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iamanjá · Nación Nagô-Jeje
Lectura larga · aprox. 30 minutos · séptima entrada de la serie
Ficha del Orixá · según la tradición más difundida del Batuque
Saludo
¡Eu-Eu!
Día
Viernes (lunes en Ijexá y Cabinda)
Número
7 y sus múltiplos
Colores
Verde y amarillo (verde y blanco en Cabinda)
Símbolos
La hoja, la muleta, el bisturí
Dominio
Las hierbas, la medicina, la cura, huesos y músculos
Cada Nación del Batuque conserva variantes propias: día, colores y guias cambian entre la Ijexá, la Cabinda y la Jeje, y la propia bibliografía lo registra. Todas son legítimas. Ver la nota metodológica más abajo.

1 · Nota del autor: el médico de la serie

Quien viene siguiendo esta serie ya lo conoce: en el itan del cazador encantado, en la entrada de Odé y Otim, apareció por primera vez el señor que vive en lo profundo del monte y que guarda el secreto de las hojas. Le llega ahora su turno en el orden del toque: Ossanha, el médico del panteón, el dueño de toda hierba que cura —y por lo tanto, el Orixá sin el cual, literalmente, nada de nuestra religión podría existir, porque desde el más simple baño de hierbas hasta el asentamiento más solemne comienza con sus hojas—.

Confieso que esta entrada me toca de cerca por partida doble. Como sacerdote, porque Ossanha es el Orixá que sostiene el axé de todos los demás: sin sus hierbas no se lava una cabeza, no se asienta un Orixá, no se hace religión. Y como enfermero —mi otra vocación, que los lectores de este blog conocen—, porque entre las herramientas rituales documentadas de este Orixá figuran la muleta y el bisturí: el panteón africano puso en manos de su médico los mismos instrumentos que uso y veo usar cada día en los hospitales. Cada vez que la ciencia moderna redescubre en una planta un principio activo que los pueblos tradicionales usaban hace siglos, Ossanha sonríe desde el fondo del monte.

Rige la promesa de toda la serie: escribo desde adentro de un terreiro, sin más credencial que mi fe, mi linaje y mis años de aprendizaje; nada de lo que sigue está inventado ni adornado, cada dato fue contrastado con la bibliografía listada al final o pertenece al fundamento oral de mi Nación, y en ese caso lo digo. Lo secreto sigue siendo secreto: este blog visibiliza, no enseña. Y con Ossanha la advertencia de la variación es especialmente concreta, porque la propia bibliografía la registra: sus colores son verde y amarillo en la Ijexá y verde y blanco en la Cabinda; su día es el viernes en unas casas y el lunes en otras, con fuentes sacerdotales que documentan ambas. Ninguna variante es menos legítima que otra.

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2 · Cómo leer este estudio

Vale el marco metodológico de toda la serie: donde el texto diga «así se hace», léase «así se hace en la tradición que conozco y en las fuentes que cito»; donde hay variación documentada, la señalo; donde el fundamento es secreto, me detengo. Continúa la sección de itans con sus reglas de siempre, y como en la entrada de Obá, a las leyendas se suma una tarjeta de fundamento con etiqueta propia.

Sobre las descripciones rituales y de salud de esta entrada: las ofrendas, colores y elementos mencionados están tomados de bibliografía académica y sacerdotal publicada, con fines de documentación cultural. Ninguna obligación se realiza por cuenta propia: todo pasa por el sacerdote o sacerdotisa de cada casa. Y una aclaración que como enfermero no puedo omitir: la dimensión espiritual de la cura que esta entrada describe complementa y jamás reemplaza a la medicina; ante un problema de salud, siempre consulte a los profesionales sanitarios. Los mayores serios de nuestra religión enseñan exactamente lo mismo.

3 · Quién es Ossanha: sin sus hojas no hay religión

Ossanha es, en nuestra tradición, el dueño de todas las hojas: cada hierba medicinal, cada planta de fundamento, cada té, cada follaje del mundo le pertenece, y es él quien libera la propiedad mágica de las hojas en los rituales de todos los Orixás —la fórmula es de la propia literatura sacerdotal del sur—. Por eso la bibliografía lo llama el médico de las Naciones que componen el Batuque, y por eso su importancia es estructural: desde la más simple lavación de cabeza hasta el asentamiento de cualquier Orixá, todo comienza con sus hierbas. Es, junto con Bará de las puertas y Ogum del cuchillo, el tercer dueño sin cuya licencia la liturgia entera se detiene: el Batuque puede tocar sin muchos lujos, pero no puede tocar sin hojas.

Su dominio documentado se extiende del monte al cuerpo: a Ossanha pertenecen los huesos, los nervios y los músculos del cuerpo humano; la literatura lo vincula expresamente con la medicina —y hasta con la homeopatía— y le reconoce compartir con Xapanã el axé sobre la salud física, sociedad médica de la que hablaremos en la próxima entrada de la serie. Y guarda un dominio más, menos conocido y documentado también: es el guardián del oro de Oxum, y junto a Oxum Ademun rige la abundancia del dinero —el sabio del monte custodiando el tesoro de la señora más rica del panteón: nadie mejor que quien conoce el valor de lo que no brilla para cuidar lo que brilla—.

«Se puede hacer religión sin oro y sin seda. Sin hojas, no se puede hacer nada.»
— Enseñanza oral de los mayores de la Nación

4 · El señor de una sola pierna

Hay un rasgo de Ossanha que lo distingue de todo el panteón y que pido leer con el respeto con que nuestra religión lo trata: Ossanha no posee una de sus piernas. La documentación del Batuque lo registra con precisión conmovedora: camina con ayuda de muletas —la muleta figura entre sus herramientas rituales—, y cuando se manifiesta en un hijo, este danza con una pierna encogida, como si no la tuviera; muchos hijos de Ossanha danzan noches enteras equilibrándose sobre una sola pierna, honrando el precepto del Orixá. Y la tradición enseña algo más, que la literatura recoge: las personas con marcas o diferencias físicas en las piernas guardan, casi siempre, un fuerte vínculo espiritual con él.

Deténgase el lector en lo que esto significa, porque es una de las lecciones más adelantadas de toda nuestra teología: el panteón africano puso su medicina entera —el poder de curar todo lo curable— en manos de una divinidad con discapacidad. No a pesar de ella: con ella. El médico del universo camina con muletas, y no por eso cura menos; danza en una pierna, y no por eso danza peor. En un mundo que todavía hoy asocia el valor de las personas con la integridad de sus cuerpos, nuestra religión proclama desde hace siglos, cada vez que un hijo de Ossanha se levanta en un pie y baila hasta el amanecer, que la sabiduría y el poder no piden permiso al cuerpo. Sobre cómo perdió la pierna, la tradición conserva un itan que contaremos en su lugar —y que convierte esa ausencia en el acto más generoso de toda la mitología—.

5 · Un mismo principio, muchos nombres: Òsányin, Osain, Ossaim

Tradición Nombre Territorio principal
Religión tradicional yoruba Òsányin (señor de las hojas) Nigeria, Benín
Candomblé Ossaim / Ossãe Bahía y todo Brasil
Regla de Ocha / Santería Osain (el dueño del monte) Cuba y su diáspora
Batuque Ossanha (Ossânha) Rio Grande do Sul, Uruguay, Argentina, Paraguay
Umbanda Ossain / Ossanha Brasil, Río de la Plata

Y una curiosidad de familia que el lector argentino agradecerá: si el nombre le suena musical, es porque lo es —Vinicius de Moraes y Baden Powell titularon «Canto de Ossanha» a una de las canciones más célebres de sus Afro-sambas, y por esa puerta el nombre del señor de las hojas entró a la música popular de medio continente—. Que una divinidad africana perseguida haya terminado cantada en todos los festivales del mundo es, también, una forma de victoria.

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6 · Los itans de Ossanha: tres leyendas y un fundamento

Valen las reglas de siempre: los itans son teología narrada, existen en muchas versiones, y los recuento con mis propias palabras a partir del corpus documentado por Verger y Prandi y de la tradición conservada en el propio Batuque, que en el caso de Ossanha es particularmente rica.

Itan I

El jardinero que no arrancó ninguna hierba

Cuentan que Ossanha servía en la casa de Orunmilá, el señor de la sabiduría y del destino, y que un día este le ordenó limpiar su campo: arrancar todo el yuyo, dejar la tierra pelada y pareja. Ossanha fue, miró, y volvió con las manos vacías. —No puedo, señor —dijo—. Esta hoja cura la fiebre. Esta otra calma el dolor. Esta detiene la sangre. Esta ahuyenta el mal. No hay en tu campo una sola hierba inútil. Orunmilá, que era sabio, comprendió en el acto que tenía ante sí a alguien que sabía algo que ni el dueño del destino sabía: y en lugar de castigar la desobediencia, la consagró —desde aquel día, Ossanha quedó a cargo de todas las hojas del mundo, y los propios Orixás deben recurrir a él cuando necesitan curar—.

Sentido: no existe la hierba inútil: existe la ignorancia del que mira. Y la desobediencia del que sabe más vale, a veces, más que la obediencia del que no miró. Todo herbolario, todo farmacéutico y todo enfermero del mundo tiene en este itan su carta fundacional.

Itan II · conservado en la propia tradición del Batuque

El viento que repartió las hojas —y el secreto que no se pudo repartir

Cuentan que Ossanha, dueño único de las hierbas, cobraba por cada cura —aceptaba miel, tabaco y aguardiente como pago—, y que Xangô, temperamental como sabemos, no admitía que todos los Orixás dependieran de un solo señor. Pidió entonces a Oiá —nuestra vieja conocida, la señora de los vientos— que soplara: y la ventolera sacudió el árbol donde Ossanha guardaba sus hojas, esparciéndolas hacia todos los Orixás, que corrieron a apoderarse de las que pudieron. Ossanha, viendo volar su tesoro, gritaba «Ewé ó! Ewé ó!» —¡Oh, las hojas!—; pero mientras gritaba, repetía por lo bajo una reza. Y cuando el viento se calmó, se comprobó el resultado: cada Orixá tenía ahora sus hojas... pero solo Ossanha conocía el axé de cada una y la palabra que lo despierta. Repartieron el papel; el secreto no se pudo repartir. Por eso hasta hoy, enseña la tradición del sur, todas las hojas del mundo tienen dueños diversos, pero un solo médico.

Sentido: se puede robar la herramienta, pero no el oficio; el poder que vive en el conocimiento no se lo lleva ningún viento. Nótese además la delicadeza de la serie: el viento de Oiá que dispersó las hojas es el mismo que ya vimos avivar la fragua de Ogum —los itans son un solo tejido—.

Itan III · conservado en la propia tradición del Batuque

La pierna dada al pueblo

Sobre la pierna ausente de Ossanha, la tradición del sur conserva una leyenda que registra la propia literatura batuquera, y que es —lo digo sin exagerar— uno de los actos más generosos de toda la mitología universal: cuentan que cuando los ríos se secaron y los alimentos se agotaron, cuando la fertilidad entera del Aiê —la Tierra— se extinguió y el pueblo moría de hambre, Ossanha amputó una de sus propias piernas para alimentar a su gente. El médico del universo, el que conoce el remedio de todo, encontró un mal para el que no había hoja: el hambre de los suyos. Y lo curó con lo único que tenía a mano: su propio cuerpo. Desde entonces camina con muletas y danza en un pie —y desde entonces, cada vez que un hijo suyo baila la noche entera sobre una pierna, no está exhibiendo una carencia: está conmemorando una donación—.

Sentido: el sanador verdadero no es el que tiene todos los remedios: es el que, cuando no queda remedio, se da a sí mismo. La marca de su cuerpo es el diploma de su amor. Que todo el que trabaja en salud —y todo el que dio de más por los suyos— se reconozca en este itan.

Fundamento del Batuque · no es itan, es enseñanza ritual documentada

El dueño del monte donde el cazador se perdió

El lector de la serie ya conoce el itan del cazador encantado —Odé bebiendo la poción amunimuyé y quedando en el monte junto a Ossanha—, contado en la entrada anterior desde el lado del cazador. La enseñanza que el fundamento agrega, y que la documentación del sur conserva, es el reverso: Ossanha no robó a Odé por maldad, sino por fascinación ante sus habilidades —el sabio solitario del monte reconociendo al único que amaba la floresta tanto como él—. De aquella convivencia forzosa nació una alianza que el culto conserva: el cazador y el herbolario, los dos señores del monte, cada uno con su mitad del secreto verde. Hasta la soledad de los sabios —enseña el fundamento— busca compañía; y a veces la encuentra mal, para después aprender a tenerla bien.

Cierro con la regla de la serie: los itans que el Batuque conserva en su tradición oral no siempre coinciden con las versiones publicadas, y hay itans propios de cada Nación que no están en ningún libro ni deben estarlo. Lo contado es el río a cielo abierto; lo demás pertenece al cuarto de santo.

7 · Los símbolos: la palmera, la muleta, el bisturí, la tortuga

El alfabeto material de Ossanha es un consultorio en miniatura. Sus herramientas documentadas son el coqueiro de metal —la palmera, su árbol consagrado, en cuya cercanía la tradición enseña a depositar sus ofrendas, aceptando también la figueira y hasta el palto—; la muleta, memoria de la pierna dada; el bisturí, que comparte con Ogum su dueño del filo —el hierro corta, pero es la sabiduría la que sabe dónde cortar—; el cágado —la tortuga, el animal más paciente del monte, que carga su casa como el médico carga su ciencia—; y las monedas y búzios comunes al panteón.

El verde y el amarillo son sus colores en la tradición Ijexá —el verde de la hoja y el amarillo del sol que la madura, que mezclados dan, como anota la propia literatura, un «verde bien clarito»: el color exacto del brote nuevo—; el verde y el blanco en la Cabinda. El siete es su número, y el viernes su día en la tradición Jeje-Ijexá, con el lunes documentado para la Ijexá y la Cabinda según Ferreira: doble registro que consigno tal cual, porque así se escribe con honestidad. Su lugar es el interior del monte —y la literatura del sur registra con ternura cómo la religión se adaptó a la ciudad: donde ya no hay monte, sus ofrendas se depositan en áreas de pasto junto a palmeras de plazas y veredas. El señor de las hojas aprendió a atender en las plazas del conurbano: los buenos médicos hacen domicilios—.

8 · La mesa de Ossanha: lo que la literatura documenta

La mesa documentada de Ossanha es la del monte y la huerta: la pipoca; la linguicha de cerdo frita; los higos —la fruta del árbol sabio, coronando la bandeja—; y el opeté de batata inglesa amasado con una pizca de dendê, cuyo detalle más hermoso conserva la documentación del sur: según el linaje y la necesidad del fundamento, se le da forma de cono, de triángulo... o de pie o de rodilla, evocando expresamente su regencia sobre los miembros y las articulaciones. La comida moldeada con la forma de lo que se pide sanar: pocas imágenes condensan mejor la lógica profunda de nuestra liturgia. Algunas casas registran además el opeté coronado con siete monedas —el médico también guarda el oro de Oxum, y su mesa lo recuerda—.

Y la regla innegociable de la serie: esto es documentación cultural, no recetario. Una ofrenda es un acto litúrgico completo —fundamento, palabra, canto y autoridad— que solo existe dentro de una casa de religión y bajo la guía de su sacerdote o sacerdotisa.

9 · San José y los santos del camino: los sincretismos del herbolario

El sincretismo documentado de Ossanha en la Nación Ijexá es con San José —el carpintero silencioso, el hombre justo que trabaja con las manos y no pronuncia una sola palabra en todos los evangelios: difícil encontrar mejor traje para el sabio callado del monte—. Y la Cabinda conserva, como siempre, su registro propio y su lógica de adjuntós: San Judas Tadeo cuando hace adjuntó con Iemanjá Bocí —el santo de las causas imposibles para el médico de los casos que nadie más cura— y San Cristóbal cuando lo hace con Oxum Demun —el gigante que carga al necesitado para cruzar el río: el que sostiene, como la muleta sostiene—. Tres santos de servicio callado para el Orixá que sirve sin vitrina: los mayores, una vez más, eligiendo con ojo de orfebre.

Sobre el debate entre sincretismo y desincretización vale lo dicho en toda la serie: dos amores por la misma herencia; ojalá ninguna diferencia nos divida más de lo que la persecución no pudo.

10 · Ossanha en el Río de la Plata

Todo lo dicho sobre la expansión del Batuque hacia el Plata vale para Ossanha con un matiz que cualquier rioplatense reconoce apenas se lo nombran: esta es tierra de yuyos. La región donde el té se toma con bombilla y la farmacia convive con la yuyera de la feria; donde la abuela cura el empacho, el mal de ojo se reza y el cedrón, la ruda, el malvón y la marcela tienen cada uno su oficio; donde medio país le pone hojas al mate como quien ajusta una receta. Todo ese saber popular —venga del monte guaraní, de la botica criolla o del terreiro— habla el idioma de Ossanha: el idioma de los que saben que en el pasto que pisamos crece, calladita, la solución de algo. Y en cada plaza del conurbano donde una palmera recibe una ofrenda discreta, el médico del panteón sigue pasando consulta, a la vista de todos y en secreto a la vez.

Y al vecino que mira de reojo, la invitación de siempre: eso que usted ve no es superstición peligrosa; es una religión con dos siglos de historia documentada, bibliografía académica y millones de fieles, amparada por la misma libertad de culto que protege la suya. Y si un viernes escucha los tambores y un grito breve como un latido —¡Eu-Eu!—, ya sabe a quién se saluda: al médico que atiende desde antes de que existieran los hospitales, y que nunca le cerró la puerta a nadie.

11 · Lo que no se dice: el fundamento del silencio

Rige para Ossanha lo que rige para toda nuestra religión, explicado en detalle en la primera entrada: en el Batuque, el iniciado no debe saber que está siendo incorporado por su Orixá, y no se comenta lo que el Orixá hizo durante la incorporación. Y con Ossanha el silencio tiene su capa más espesa: el corazón mismo de su culto —cuál hoja, para qué, con qué palabra— es exactamente lo que el itan del viento enseña que no se puede repartir. Las hojas están a la vista de todos; su axé y su reza, no. Esta entrada muestra el río a cielo abierto; el resto pertenece al cuarto de santo y a la memoria de los mayores, y con el señor del secreto verde, más que con nadie, está bien que así sea.


12 · Palabras finales

Séptima entrada, y la verdad sigue alcanzando y sobrando. La historia real de Ossanha —la del jardinero que salvó todas las hierbas porque supo mirarlas; la del sabio al que un viento le robó las hojas pero no el oficio; la del médico que, cuando no hubo remedio para el hambre de su pueblo, se recetó a sí mismo; la del señor con muletas que baila mejor que todos los sanos— no necesita un solo adorno. Necesitaba ser contada con la reverencia que se le debe a los que curan.

Si usted llegó hasta acá sin ser de la religión, gracias otra vez por la media hora y por la mirada limpia. Si usted es de la religión, ya sabe todo lo que falta y por qué falta. Y si usted trabaja en salud —enfermera, médico, farmacéutica, camillero, cuidadora—: sepa que el panteón africano tiene un colega esperándolo en el fondo del monte, con la muleta en una mano y el remedio en la otra.

Que Ossanha, señor de las hojas, siga liberando el axé de todo lo que cura; que su ciencia acompañe a los que atienden y su paciencia a los que esperan; y que su pierna dada nos recuerde, cada vez que nos duela dar, que ninguna donación hecha por amor deja más pobre al que la hace.

¡Eu-Eu, mi padre Ossanha!
No hay hierba inútil. No hay persona inútil. Solo miradas que todavía no aprendieron a ver.

13 · Glosario para el lector que llega de afuera

Se suman aquí los términos nuevos de esta entrada; los generales están definidos en los glosarios de las entradas anteriores de la serie.

Ewé: «hoja» en yoruba; la unidad mínima y máxima del poder de Ossanha.

Abô / omieró: el baño ritual de hierbas con que comienzan las obligaciones; ninguna liturgia existe sin él, y por eso ninguna existe sin Ossanha.

Aiê: el mundo material, la Tierra; contraparte del orun, el mundo espiritual.

Cágado: la tortuga, animal y herramienta ritual documentada de Ossanha.

Coqueiro: la palmera, árbol consagrado de Ossanha, junto al cual la tradición enseña a depositar sus ofrendas.

Orunmilá: el señor de la sabiduría y del oráculo, protagonista junto a Ossanha del itan del jardinero; en el Batuque su culto está ligado al de Oxalá.

Amunimuyé: (recordatorio) la preparación de hojas del itan del cazador encantado: «la que se apodera de la persona y de su entendimiento».

14 · Referencias

  • CORRÊA, Norton Figueiredo. O Batuque do Rio Grande do Sul: antropologia de uma religião afro-rio-grandense. 2ª ed. São Luís: Cultura & Arte, 2006.
  • FERREIRA, Paulo Tadeu Barbosa. Os Fundamentos Religiosos da Nação dos Orixás. 2ª ed. Porto Alegre: Editora Toquí, 1994 (registro de día, colores y culto de Ossanha en las Naciones Ijexá y Cabinda).
  • VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981 (capítulo dedicado a Òsányin: el señor de las hojas, su culto en África y América).
  • PRANDI, Reginaldo. Mitologia dos Orixás. São Paulo: Companhia das Letras, 2001 (corpus de itans de Ossaim: el jardinero de Orunmilá, el viento y las hojas, el encantamiento del cazador).
  • Documentación etnográfica y sacerdotal del Rio Grande do Sul sobre el culto de Ossanha en las Naciones del Batuque: saludo, días, números, colores y guias, herramientas (coqueiro, muleta, bisturí, cágado), ofrendas y las formas del opeté, árboles consagrados, adjuntós con Oxum Demun e Iemanjá Bocí, sincretismos, la danza en una pierna, la regencia sobre huesos, nervios y músculos, el axé de la salud compartido con Xapanã, la custodia del oro de Oxum y el itan de la pierna dada al pueblo, conservado en la tradición del sur.
  • Fundamento y transmisión oral propios de la Nación Nagô-Jeje del Batuque.
Umbanda Orixá · Serie Orixás del Batuque · I. Bará · II. Ogum · III. Oiá · IV. Xangô · V. Odé y Otim · VI. Obá · VII. Ossanha
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