4 de julio
Publicado el julio 04, 2020
El significado del Cuatro de Julio para el esclavo
Frederick Douglass — Discurso pronunciado en Rochester, Nueva York (5 de julio de 1852)
Los padres de la república y la distancia inconmensurable
Ciudadanos, no deseo faltar al respeto a los padres de esta república. Los firmantes de la Declaración de Independencia fueron hombres valientes; eran grandes hombres, lo bastante magnánimos para dar marco a una gran época. A una nación no le sucede a menudo criar, al mismo tiempo, a tantos estadistas, patriotas y héroes. El punto desde el cual me veo forzado a contemplarlos no es, ciertamente, el más favorable; sin embargo, admiro sus obras y por los principios que defendieron me uniré a ustedes para honrar su memoria.
Pero perdónenme, conciudadanos, permítanme preguntar: ¿por qué me llaman a hablar aquí hoy? ¿Qué tengo que ver yo, o los que represento, con su independencia nacional? ¿Acaso se extienden a nosotros los principios sagrados de libertad política y de justicia natural plasmados en esa Declaración? ¿Se me pide que traiga una humilde ofrenda al altar patrio para expresar gratitud por los beneficios resultantes de su emancipación?
¡Quisiera Dios que una respuesta afirmativa pudiera darse con sinceridad! Entonces mi carga sería ligera y deliciosa. ¿Quién sería tan insensible como para no unirse a las celebraciones del jubileo de una nación cuando las cadenas de la servidumbre han sido arrancadas? Pero ese no es nuestro caso. Lo digo con tristeza: su alta independencia solo revela la distancia inconmensurable entre nosotros. Las bendiciones por las que ustedes se regocijan hoy no son compartidas por igual. Este 4 de julio es de ustedes, no mío. Ustedes pueden celebrar; yo debo llorar. Arrastrar a un hombre encadenado al templo iluminado de la libertad y pedirle que entone himnos alegres es una burla despiadada.
El clamor del pueblo oprimido:
"Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentamos y lloramos acordándonos de Sión. Colgamos nuestras arpas de los sauces en medio de ella. Porque allí los que nos cautivaron nos pedían cánticos, y los que nos desolaron nos pedían alegría, diciendo: 'Cántennos uno de los himnos de Sión'. ¿Cómo cantaremos el cántico del Señor en tierra extraña? Si me olvido de ti, oh Jerusalén, que mi diestra olvide su destreza. Si de ti no me acordare, ¡mi lengua se pegue a mi paladar!"
Por encima del júbilo: El llanto de millones
Por encima de su bullicio patrio, escucho el lamento desgarrador de millones de personas cuyas cadenas, pesadas ayer, se vuelven hoy más intolerables ante los vítores del banquete popular. Olvidarlos, callar sus agravios e intervenir con lisonjas patrióticas sería una traición escandalosa que me haría reprobable ante el Creador.
Mi tema, conciudadanos, es la esclavitud estadounidense. Miraré este día desde la perspectiva del cautivo. La conducta de esta nación nunca me ha parecido más oscura que un 4 de julio. Estados Unidos es falso con respecto al pasado, falso en el presente y amenaza solemnemente con ser falso en el porvenir. En nombre de la humanidad ultrajada, de la libertad encadenada y de las leyes morales pisoteadas, denunciaré todo cuanto perpetúe esta afrenta.
Se me dice que los abolicionistas deberíamos persuadir más y denunciar menos. Pero donde todo es meridianamente evidente, ¿qué queda por discutir? ¿Acaso debo argumentar que el esclavo es un hombre? Las propias leyes del Sur lo reconocen al imponerle penas de muerte ante setenta y dos delitos que a un hombre blanco apenas acarrean penas menores. Lo admiten los estatutos que prohíben enseñarle a leer y escribir. Nadie duda de que el esclavo posee un alma moral y responsable. Mientras cultivamos los campos, manejamos herramientas, erigimos hogares, construimos naves, ejercemos oficios, educamos y profesamos la fe como esposos, padres e hijos, resulta ultrajante debatir la condición humana de la raza negra.
No se precisa luz, sino fuego; no una llovizna, sino el rayo
¿Debo argumentar que privar al ser humano de su salario, golpearlo con varas, desgarrar su piel con el látigo, marcarlo con hierros al rojo vivo y separar familias en subastas públicas es un crimen? ¡No perderé mi aliento debatiendo lo que la conciencia ya sabe! ¡Lo inhumano jamás podrá ser divino!
¿Qué es el 4 de julio para el cautivo? Es el día que le revela, con mayor crudeza que cualquier otro, la atroz injusticia de la cual es víctima constante. Sus desfiles son vanidad; sus discursos de libertad, una burla vacía; sus sermones religiosos, un velo transparente para ocultar crímenes que avergonzarían al más bárbaro de los pueblos.
La caída segura de la tiranía
A pesar de este cuadro sombrío, no desespero. La caída de la esclavitud es un designio seguro. El brazo de la providencia no se acorta y los vientos del progreso histórico rompen los antiguos muros del aislamiento. Los mares ya no dividen a los pueblos: los unen el vapor, las comunicaciones y el intercambio universal. La luz de la verdad está penetrando en los rincones más densos del planeta y ningún atropello podrá esconderse de la conciencia humana.
Himno por el Año del Jubileo
¡Dios apresure el año del jubileo para el mundo entero!
Cuando de sus pesadas cadenas los oprimidos se levanten,
y ningún ser humano vuelva a inclinarse ante el látigo de la tiranía.
Ese día llegará, y el reinado de la libertad florecerá con plenitud.
¡Dios apresure el día en que la sangre humana deje de correr,
en que cada tierra reconozca los lazos de la hermandad,
y devolvamos bien por mal, disolviendo toda discordia!
Hasta que ese día resplandezca,
con mente, corazón y manos me consagraré
a quebrar las cadenas y defender al oprimido,
¡sin importar el peligro ni el costo terrenal!
Fuente documental: Life and Writings of Frederick Douglass, Volume II: Pre-Civil War Decade 1850–1860.
Compilado por Philip S. Foner, International Publishers Co., Inc., Nueva York, 1950.