Batuque: genealogía sagrada de un culto afrobrasileño
Publicado el enero 05, 2026
Investigación histórico-antropológica sobre el culto a los Orixás en Rio Grande do Sul, desde el siglo XIX hasta hoy
Por Babalorixá Ezequiel Ruiz de Iemanjá
Sacerdote de nación Nagô-Jeje · Estudioso de las religiones de matriz africana
Introducción: la raíz africana en tierras gaúchas
El Batuque es una de las expresiones más genuinas de la religiosidad afrobrasileña: un puente entre las costas occidentales de África y el extremo sur de Brasil. En este estudio recorro su historia desde el siglo XIX hasta hoy: cómo nació, cómo resistió la persecución, cómo convivió con la Umbanda, qué fue el movimiento de reafricanización y qué desafíos enfrenta en el presente.
A diferencia del Candomblé bahiano o de la Umbanda, el Batuque gaúcho fue mucho menos estudiado por la academia. Por eso vale la pena ordenar su historia y entender lo que lo hace distinto. Como sacerdote de nación Nagô-Jeje, del linaje de Pai João de Bará Exu Bí, escribo también desde adentro: desde lo que me enseñaron en la casa.
Los fundamentos teológicos del Batuque (su cosmogonía, sus doce Orixás y sus naciones) los desarrollo en detalle en El Batuque de la Nación Nagô-Jeje. Acá me concentro en la historia.
Parte I: orígenes y raíces históricas
1.1 La diáspora africana en el sur de Brasil
El surgimiento del Batuque en Rio Grande do Sul está ligado al tráfico esclavista, que aunque fue menos intenso que en otras regiones de Brasil dejó marcas profundas en la cultura del extremo sur. Entre los siglos XVIII y XIX, sobre todo durante el auge de las charqueadas (los establecimientos donde se producía el charque, la carne salada y seca), miles de africanos esclavizados fueron llevados a la región, en buena parte a través del puerto de Rio Grande y por el comercio interno desde Río de Janeiro y Bahía.
Los grupos que más pesaron en su formación:
- Pueblos yorubás, llamados en Brasil nagôs, de las regiones que hoy son Nigeria y Benín. Trajeron el culto a los Orixás, que es la columna del Batuque, y la lengua de sus rezas.
- Pueblos jeje (fon), del antiguo reino de Dahomey, hoy Benín. Aportaron fundamentos, cantos y formas rituales que siguen vivos en la nación Jeje.
- Pueblos bantúes, de origen congo-angoleño. Su influencia en el Batuque es menor, pero se nota en aspectos como el fuerte culto a los ancestros.
1.2 Las primeras naciones
Durante el siglo XIX, los africanos y sus descendientes se organizaron en torno a las "naciones": grupos que eran, al mismo tiempo, redes de ayuda mutua y espacios donde se preservaba la memoria religiosa. La etnografía, en especial la de Norton Corrêa, ubica la formación del Batuque en la primera mitad de ese siglo, en el eje Pelotas–Rio Grande. Desde ahí el culto llegó a Porto Alegre en la segunda mitad del siglo.
Con el tiempo se definieron las naciones que conocemos: Oyó, Jeje, Ijexá, Cabinda y Nagô. A pesar de sus nombres africanos, todas rinden culto a los mismos Orixás de origen yorubá, con diferencias de liturgia, de orden en las rezas y de fundamentos.
1.3 Los fundadores: entre la historia y la memoria
Como el culto vivió mucho tiempo en la clandestinidad, hay pocos documentos sobre los primeros terreiros. Lo que sabemos viene, en gran parte, de la tradición oral. La figura más recordada es la del Príncipe Custódio de Xapanã (Joaquim Custódio de Almeida). La tradición lo presenta como un príncipe africano vinculado al antiguo reino de Benín, llegado a Rio Grande hacia 1899, cuando ya existían cultos africanos en la región. Se le atribuye haber protegido a las casas frente a la persecución gracias a sus relaciones políticas. Murió hacia 1935. Su origen noble no tiene respaldo documental firme, pero su lugar en la memoria del Batuque es indiscutible.
Parte II: consolidación y desarrollo (1890–1950)
2.1 La República y la persecución
La proclamación de la República en 1889 no trajo más libertad para los cultos afrobrasileños. Al contrario: las primeras décadas republicanas estuvieron marcadas por la persecución policial, justificada con discursos "higienistas" y "civilizadores" que veían en las prácticas africanas barbarie y atraso.
El Código Penal de 1890 castigaba el espiritismo, la magia y el curanderismo (artículos 156 a 158), y esas figuras se usaron para perseguir a las religiones afrobrasileñas. Hubo allanamientos de casas, secuestro de objetos sagrados y detención de sacerdotes y sacerdotisas.
Las formas de resistencia:
- Sincretismo católico: asociar a los Orixás con santos, para que los ritos pudieran pasar por devociones populares.
- Culto doméstico: convertir casas particulares en templos, lo que dificultaba la represión.
- Discreción y secreto: no hablar del culto hacia afuera. Esa costumbre de cuidar el secreto sigue siendo, hasta hoy, un rasgo del Batuque.
- Alianzas políticas: relaciones con autoridades locales que daban cierta protección. La figura de Custódio se inscribe en esta estrategia.
2.2 Los grandes linajes
En el siglo XX se consolidaron los linajes que organizan el Batuque hasta hoy. Cada casa reconoce su genealogía de santo: de qué mayor viene su axé y de quién lo recibió ese mayor. Entre los referentes que la tradición y la etnografía recuerdan están Pai Paulino de Oxalá, en la Ijexá; Mãe Emília de Oyá Ladja y Pai Antoninho de Oxum, en la Oyó; y Waldemar Antônio dos Santos, de Xangô Camucá, en la Cabinda. De la raíz de Paulino de Oxalá salió João Correia de Lima, Joãozinho de Bará, que en la década de 1960 llevó el Batuque al Río de la Plata.
2.3 Las naciones y sus diferencias
En este período cada nación fijó sus rasgos propios. En resumen:
- Oyó: se toca primero para los Orixás masculinos y después para los femeninos, cerrando con Oyá, Xangô y Oxalá. Hoy está casi extinta.
- Jeje: apertura con cantos en fongbe, danza en parejas y el llamado "Jeje de palitos". Casi ninguna casa es Jeje pura, pero sus cantos están en casi todas.
- Ijexá: la más extendida y mejor conservada; sus rezas en yorubá son la base de todas las demás. Su gran reina es Oxum.
- Cabinda: fuerte culto a los ancestros (Egun) y cualidades propias como Xangô Camucá. Aunque su nombre es bantú, rinde culto a los Orixás.
- Nagô: para muchos, la que originó el culto. Es la más parecida al Candomblé y hoy casi no existe como práctica pura.
La práctica actual de la mayoría de las casas es una síntesis de estas naciones, conocida como Jeje-Ijexá.
Parte III: transformaciones contemporáneas (1950–2000)
3.1 Urbanización y nuevos barrios
La segunda mitad del siglo XX cambió la geografía del Batuque. El crecimiento de Porto Alegre y de las ciudades del interior llevó a que aparecieran terreiros en los barrios periféricos, y eso cambió la vida comunitaria tradicional.
- Migración interna: gente del interior que llegó a la capital con sus prácticas religiosas.
- Presión inmobiliaria: terreiros ubicados en zonas que se valorizaron tuvieron que mudarse.
- Nuevas periferias: se fundaron casas en barrios populares.
- Transporte: los fieles pudieron llegar a terreiros más lejanos.
3.2 La llegada de la Umbanda: tensiones y cruces
La Umbanda llegó a Rio Grande do Sul en la primera mitad del siglo XX y se expandió sobre todo en las décadas de 1940 y 1950. Nacida en Río de Janeiro como síntesis de espiritismo kardecista, catolicismo popular y elementos afrobrasileños, se presentaba como una religión más "brasileña" y menos "africana".
Cómo se relacionaron Batuque y Umbanda:
- La Linha Cruzada: muchas casas empezaron a practicar Batuque, Umbanda y Quimbanda, con sesiones en días distintos. Según Ari Oro, esta modalidad llegó a abarcar cerca del 80% de las casas, y generó largos debates sobre pureza y tradición.
- Simplificación: la Umbanda, más accesible, presionó para que algunos procedimientos del Batuque se simplificaran.
- Nuevas entidades: caboclos, pretos velhos y exus empezaron a convivir con los Orixás dentro de las mismas casas.
- Idioma: la Umbanda reza en portugués, y eso generó temor por la pérdida de la lengua ritual yorubá.
- Cambio social: la Umbanda atrajo a sectores de clase media y a practicantes blancos, y cambió el perfil de las comunidades.
3.3 La reafricanización: volver a las raíces
Desde las décadas de 1970 y 1980, en sintonía con los movimientos de valorización de la identidad negra en Brasil, surgió dentro del Batuque un movimiento de "reafricanización": sacerdotes que buscaban recuperar prácticas consideradas más auténticas.
- Separación de la Umbanda: marcar fronteras claras entre el Batuque, visto como africano, y la Umbanda, vista como mestiza.
- Recuperación de la lengua: esfuerzos por rescatar palabras y cantos en yorubá y fon, a veces sin un conocimiento preciso de esas lenguas.
- Rigor ritual: cumplir con más estrictez los preceptos y rechazar innovaciones.
- Vínculos con otros lugares: contactos con casas de Bahía, Nigeria y Benín en busca de conocimiento y legitimidad.
- Formación académica: algunos sacerdotes empezaron a estudiar antropología e historia africana.
- Tensiones entre generaciones: entre mayores formados en la mezcla y jóvenes que buscaban más "pureza".
3.4 Organización y reconocimiento
A fines del siglo XX y comienzos del XXI, las religiones afrobrasileñas avanzaron en organización y reconocimiento:
- Federaciones y asociaciones que representan a las casas ante el Estado.
- Patrimonio cultural: reconocimiento de terreiros y tradiciones como parte del patrimonio.
- Leyes contra la discriminación religiosa, aunque se aplican de forma desigual.
- Diálogo interreligioso y participación en foros públicos.
- Visibilidad: marchas por la libertad religiosa y celebraciones en espacios públicos.
Parte IV: estructura religiosa
4.1 Los doce Orixás
El Batuque rinde culto a doce Orixás, ordenados del más joven al más viejo: Bará, Ogum, Oyá (Iansã), Xangô, Odé, Otim, Ossanha, Obá, Xapanã, Oxum, Iemanjá y Oxalá. A ellos se suman los Ibejis, cuyo culto se liga al de Xangô y Oxum. Bará es siempre el primero en ser saludado, porque es el guardián de los caminos y el mensajero.
Un detalle que muchas veces se confunde: Otim y Ossanha son Orixás distintos. Otim es la cazadora, compañera de Odé; Ossanha es el dueño de las hojas y de los remedios. Y a diferencia del Candomblé, el Batuque no incluye a Nanã ni a Oxumaré entre sus doce Orixás.
La descripción de cada uno, con su equivalente yorubá y su dominio, está en El Batuque de la Nación Nagô-Jeje.
4.2 La iniciación: un camino por etapas
La iniciación en el Batuque no es un solo rito sino una serie de obligaciones que van creciendo:
- Consulta: antes de todo, el jogo de búzios indica cuál es el Orixá de cabeza de la persona.
- Aribibó u Oribibó: un refuerzo de cabeza con una pareja de palomas, sin asentamiento.
- Bori: "dar de comer a la cabeza". Une a la persona con su Orí y con su Orixá, e incluye unos días de reclusión.
- Aprontamento: el vínculo definitivo con el Orixá de cabeza, con asentamiento propio y la entrega de la guía (el collar ritual).
Con el tiempo y las obligaciones cumplidas, el hijo de santo puede recibir el axé de búzios, que lo habilita para consultar, y el derecho a abrir su propia casa. Todo lo que pasa en la reclusión es parte del secreto y no se publica.
4.3 La organización de la casa
Cada casa está encabezada por un Babalorixá o una Ialorixá, padre o madre de santo, responsable de las obligaciones, las consultas y la dirección de los rituales. A su alrededor está la familia de santo: los hijos ya aprontados, los que están en camino y los que recién se acercan. La autoridad dentro de la casa depende del tiempo en la religión, de las obligaciones cumplidas y del axé recibido.
4.4 El jogo de búzios
En Nigeria el gran sistema oracular es el Ifá, a cargo de los babalawos. En la diáspora esa transmisión se cortó, y en el Batuque el oráculo principal pasó a ser el jogo de búzios: dieciséis caracoles que, según caigan abiertos o cerrados, forman los signos (odús) de la consulta. Se usa para identificar el Orixá de cabeza, orientar decisiones y saber qué obligaciones hacen falta.
Parte V: rituales y ceremonias
5.1 Las obligaciones y las fechas
En el Batuque no hay un calendario único para todas las casas. Cada casa organiza sus propias obligaciones, y la más importante es la obligación anual, que puede durar varios días y termina con el batuque grande, la fiesta pública con toque de tambor.
Hay, sí, fechas públicas muy vividas en Rio Grande do Sul, ligadas al sincretismo: el 2 de febrero, fiesta de Nossa Senhora dos Navegantes, se honra a Iemanjá; y el 8 de diciembre, día de Nossa Senhora da Conceição, se honra a Oxum.
5.2 El batuque: la fiesta de los Orixás
El batuque grande es la ceremonia pública más importante. Al toque del tambor se canta y se baila para cada Orixá, en orden, desde Bará hasta Oxalá. Lo que pasa durante la fiesta en relación con los Orixás es algo que el Batuque cuida con mucha discreción: no se comenta hacia afuera. Al final se comparte la comida con todos los presentes.
5.3 El sacrificio: teología del axé
El sacrificio animal es uno de los aspectos más polémicos y malinterpretados del Batuque. Lejos de ser crueldad, es un rito de redistribución de axé, la fuerza vital que anima todas las cosas.
Su sentido: la sangre alimenta a los Orixás y a sus asentamientos; a través de ellos, el axé vuelve a la comunidad. Cada Orixá tiene sus animales y sus formas, que son parte de los fundamentos de cada casa y no se publican.
Su ética:
- Respeto al animal como portador de vida sagrada.
- Muerte rápida, para evitar el sufrimiento.
- Aprovechamiento total: nada se desperdicia.
- La carne se cocina y se reparte entre la comunidad.
Parte VI: desafíos del presente
6.1 Intolerancia religiosa y neopentecostalismo
El crecimiento de las iglesias neopentecostales en Brasil, sobre todo desde la década de 1990, trajo nuevos desafíos para el Batuque:
- Demonización: presentar a los Orixás como "demonios".
- Ataques: invasiones y destrucción de terreiros.
- Hostigamiento público a los practicantes.
- Conflictos barriales y presión para abandonar la religión.
Las respuestas han sido la organización de movimientos en defensa de la libertad religiosa, las denuncias ante la justicia, las alianzas con organizaciones de derechos humanos y una mayor presencia pública.
6.2 Sacrificio animal y ley
El sacrificio ritual generó intensos debates jurídicos, y Rio Grande do Sul estuvo en el centro de esa discusión. La Constitución Federal de 1988 garantiza la libertad religiosa. En 2019, el Supremo Tribunal Federal, en un caso que nació justamente de una ley gaúcha, declaró constitucional el sacrificio de animales en los ritos de las religiones de matriz africana.
Siguen abiertos otros desafíos: proyectos municipales que buscan prohibirlo, la presión de grupos de protección animal y la necesidad de equilibrar la libertad religiosa con el bienestar animal.
6.3 La transmisión del saber
Pasar el conocimiento de una generación a otra enfrenta dificultades nuevas: la vida urbana, la falta de tiempo para largas obligaciones, la muerte de los mayores que guardan el saber y la competencia con otras religiones. Para enfrentarlo, muchas casas documentan su historia, forman a sus hijos de manera más sistemática y participan en programas de patrimonio cultural.
Esta es también una de las razones por las que escribo: cuando empecé a buscar material sobre nuestra religión, de chico, encontré muy poco. Documentar con respeto, sin revelar fundamentos, es una forma de cuidar lo que recibimos.
6.4 Reconocimiento y deudas pendientes
Avances: la Ley 10.639 de 2003 incluyó la historia africana y afrobrasileña en las escuelas; hay terreiros reconocidos como patrimonio; y las religiones de matriz africana tienen más presencia en los medios y en la universidad.
Deudas: el racismo estructural, la estigmatización en los medios, las dificultades para acceder a recursos públicos y los conflictos con vecinos por el sonido de los tambores.
Conclusión: el Batuque en el siglo XXI
El Batuque sigue su camino entre la resistencia y la transformación. Nació del trauma de la esclavitud, sobrevivió a siglos de persecución y se convirtió en una religión capaz de dar sentido, comunidad e identidad a quienes la practican.
Hoy está en una encrucijada. Por un lado enfrenta la intolerancia, los cambios sociales acelerados y los dilemas de la vida moderna. Por el otro, tiene un reconocimiento legal y cultural que nunca había tenido. Su futuro depende de que sepa mantenerse fiel a sus raíces mientras dialoga con el mundo actual. En eso no está en juego solo una tradición religiosa: está en juego una parte del legado africano en las Américas.
Que los Orixás sigan guiando los caminos de sus hijos, en Brasil y en todo el Río de la Plata.
Axé.
Referencias bibliográficas
- CORRÊA, Norton F. O Batuque do Rio Grande do Sul: Antropologia de uma religião afro-rio-grandense. Porto Alegre: Editora da UFRGS, 1992.
- ORO, Ari Pedro. Religiões afro-brasileiras do Rio Grande do Sul: passado e presente. Estudos Afro-Asiáticos, 2002.
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- PRANDI, Reginaldo. Os candomblés de São Paulo: a velha magia na metrópole nova. São Paulo: Hucitec/EDUSP, 1991.
- VERGER, Pierre Fatumbi. Orixás: deuses iorubás na África e no Novo Mundo. Salvador: Corrupio, 1981.
- BASTIDE, Roger. As religiões africanas no Brasil. São Paulo: Pioneira, 1971.
- FERRETTI, Sergio. Repensando o sincretismo. São Paulo: EDUSP, 1995.
- SILVA, Vagner Gonçalves da. O antropólogo e sua magia. São Paulo: EDUSP, 2000.
Nota del autor
Este texto se basa en la bibliografía citada y en el respeto por la tradición oral de las casas de Batuque. Agradezco a los babalorixás y a las ialorixás que, generación tras generación, cuidaron estos conocimientos. Su objetivo es contribuir al reconocimiento de las religiones afrobrasileñas como patrimonio cultural y como expresión legítima de espiritualidad.
Publicado en enero de 2026. Revisado y actualizado en septiembre de 2026.